El negociador perpetuo

El negociador perpetuo

Actualizado:

POR F. GONZÁLEZ URBANEJA

Con Cuevas se va, inesperadamente, otro de los protagonistas destacados de la consolidación de la democracia en España, de la transición y de lo que vino después. Estuvo desde primera hora en el proceso de cambio, entre los actores principales de la obra. Ahora se ha ido sin avisar, sin dejar aviado el relevo en la CEOE y sin completar esa fase de reflexión posterior a la de la acción, cuando se comparten las experiencias y se explican los entresijos. Como se fueron Fernando Abril o García Díez, con quienes tanto compartió y discrepó; todos se fueron sin dejar los testimonios desapasionados después de las batallas.

Cuevas estuvo presente y como protagonista en todos los avatares de la política española de los últimos treinta años, primero como animador de la naciente CEOE, inmediatamente después como secretario general de la misma (1978) y posteriormente como presidente con amplios poderes, entre 1984 y 2007. Disfrutó y padeció (y viceversa) de los cinco presidentes de gobierno de la democracia, de sus ocho ministros de Economía, de más de una docena de ministros de Trabajo y de dos generaciones de dirigentes sindicales, desde Camacho y Redondo a los actuales Méndez y Fidalgo.

Cuantos han conocido y negociado con Cuevas le profesan respeto y aprecio personal. Recientemente el secretario general de CC.OO. hacía ostentación en público de su amistad personal con Cuevas, labrada en mil batallas. Sin duda que José María Cuevas es la persona que más tiempo ha dedicado a negociar y suscribir acuerdos de ámbito laboral y social con amplio alcance político y mucha efectividad.

Por eso, el calificativo de «negociador perpetuo» es el que mejor le cuadra. Recientemente, señalaba que cuando se fracasa en una negociación social lo que procede es volver a negociar.

Desde la senda marcada por los Pactos de la Moncloa en octubre de 1977 la concertación social a través de sucesivos acuerdos, de muy distinto alcance, entre las llamadas fuerzas sociales y, en su caso, el Gobierno, ha sido lo habitual en España, con más que buenos resultados para el conjunto de la sociedad. Un modelo exportable, que calca en buena medida el sistema clásico alemán, pero con características propias.

La experiencia de estos treinta años concluye con una transformación gradual y profunda del sistema de relaciones laborales y de bienestar social en España, hasta hacerlo comparable para bien, en muchos casos y aspectos, con los de los demás países europeos. Desde luego que cabe más flexibilidad o más rigor (según el lado desde el que se contemple) pero el modelo básico de relaciones laborales en vigor en España, en sus normas y en su realidad práctica, es muy razonable, es práctico y forma parte con peno derecho de los activos que han hecho posible la larga fase de crecimiento y prosperidad de estos últimos treinta años. Puede y debe mejorarse, pero acumula valiosas experiencias.

Cuevas fue siempre un interlocutor confiable, cumplidor de los compromisos y tejedor de acuerdos posibles; sabía definir los límites, los márgenes y las oportunidades, practicaba el arte de lo posible y nunca perdía los nervios. Inteligente para calcular las pretensiones de los otros y para optimizar las posibilidades, consolidó una organización patronal unitaria que no era fácil mantener pacificada. Tampoco rehuyó confrontaciones cuando las circunstancias lo aconsejaban, pero sin dejar puertas cerradas a su espalda. Enemigo de extremismos y poco propicio al pasteleo, quienes le buscaban le encontraban enfrente, firme y prudente. No se doblegó a presiones de políticos, ni de predicadores y supo retirarse a tiempo cuando transitó por sendas complicadas o arriesgadas.

Quienes le criticaban porque no era un empresario-propietario con el argumento de que eso le limitaba en su función de patrón de patronos, han ido cambiando de opinión y no son pocos ahora los que piensan que su perfil es el más adecuado para gestionar una casa tan exigente y complicada como la CEOE y lo que representa.

José María Cuevas nació en Madrid en 1935 por imperativo de las circunstancias sociales y políticas del momento, hijo de comerciante palentino, nunca ha renunciado a esa filiación, como tanpoco a la de segoviano afincado en Riaza, donde encontró paz y descanso durante las últimas décadas. Licenciado en Derecho, se dedicó desde primera hora a las relaciones laborales, en la patronal (entonces sindical vertical) del papel, desde la que pasó a la naciente CEOE. Por unas horas, o días, fue jefe de gabinete del ministro de sindicatos de la transición, de su amigo Rodolfo Martín Villa, pero ambos tuvieron la inteligencia de no torcer la carrera patronal de Cuevas. Una carrera fértil que le hizo acreedor de la medalla de oro al mérito del Trabajo. Bien merecida. Desaparece una personalidad bisagra del viejo régimen a la democracia, con la que se comprometió desde primera hora sin veleidad alguna de otro carácter.