Traspaso de poderes II parte: Todos los hombres… y mujeres del presidente

Elvira Rodríguez, EXministra de Medio Ambiente, se perfila como candidata mejor colocada de Rajoy para la segunda ronda de cambios institucionales que el Gobierno pretende llevar a cabo en las próximas semanas

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Hace tiempo que los teléfonos más solicitados por Mariano Rajoy dejaron de sonar apagando los ecos del gran traspaso de poderes habido en España. Los premios gordos han quedado repartidos dentro de un órgano colegiado formado por pocos ministros no del todo bien avenidos y la pedrea se ha pagado atando cabos sueltos, tapando agujeros y compensando los servicios prestados a muchos colocados que cubrieron su apuesta a caballo ganador. Pero el aparato del Estado cuenta con otros muchos aledaños en los que todavía no se ha puesto el sol y que dan sustento a la ilusión de los que quieren apagar su sed de justicia, culminar el plan de carrera o, simplemente, mejorar la tarjeta de visita.

Los últimos que aspiran a ser los primeros tienen un oasis por descubrir en las entrañas de la SEPI, el antiguo INI de tiempos inmemoriales que guarda aún tesoros de indudable valor político y económico. Es el caso de RTVE, cuya presidencia supone un chute de notoriedad para todos los que están hartos de vegetar a la sombra de un dorado retiro. Cristóbal Montoro y Ramón Aguirre se inclinan por un gerente capaz de hacer una buena limpia en el ente público y como quiera que Eduardo Zaplana prefiere seguir en la reserva activa de Telefónica han buscado un perfil cercano en la misma casa de César Alierta.

Tras poco más de un año como expatriado de lujo en Argentina, Luis Blasco, presidente de Telefé y máximo representante de la operadora española en el país sudamericano, tiene ganas de volver a España. Hombre de confianza del presidente de Telefónica, la candidatura de Blasco en RTVE compite con la de José María Irisarri, titular hasta hace dos meses del grupo audiovisual Vértice 360. El directivo telefónico tiene, eso sí, respaldos muy cercanos a Rajoy y su historial está adornado por el mérito que se le supone a un ejecutivo de consenso, algo muy necesario para poner orden en el gallinero de intereses políticos que se ventilan dentro de la caja tonta.

Casi a la par de este nombramiento, el Gobierno pretende remover la silla de otros directivos de empresas donde el Estado cuenta con participación de control o influencia significativa. Una designación cantada es la de José Folgado, antiguo secretario de Energía con Aznar, como sustituto de Luis Atienza en Red Eléctrica. El ministro de Industria, José Manuel Soria, quiere también lucir galones en Hispasat propiciando el relevo de Petra Mateos, aunque para ello necesita la colaboración indispensable de Abertis, en calidad de primer accionista de la compañía operadora de satélites. Isidro Fainé maneja una lista corta de aspirantes entre los que destaca la nominación del incombustible Ernesto Mata, consejero en distintas franquicias del grupo empresarial de La Caixa y consuegro para más señas de Florentino Pérez.

La lotería de nombramientos institucionales volverá a sortear una nueva ronda de cargos públicos a partir de julio, cuando vence el mandato de Miguel Ángel Fernández Ordóñez en el Banco de España. Luis de Guindos se resiste a forzar la salida anticipada del gobernador contra las presiones de la comunidad financiera y del propio Partido Popular, pero el ministro no ha conseguido parar la riada de quinielistas que abundan con sus apuestas para tan suculento cargo. Empezando por Ángel Luis López Roa, actual consejero ejecutivo del propio banco emisor o siguiendo por Fernando Bécquer, antiguo presidente del ICO, sin olvidar a Manuel Pizarro y descartando a José Manuel González Páramo, a quien no se le perdona la escasa atención dispensada a Rajoy durante los duros años de oposición. En cualquier caso, la nómina de aspirantes al trono del Banco de España ofrece opciones para todos los gustos y a buen seguro que provocará un fuerte pulso entre las distintas facciones económicas del Gobierno.

Lo mismo puede decirse de la Comisión de Valores donde Julio Segura cesará en octubre. El vigilante de la playa financiera es un puesto también jugoso para el que suena con fuerza el nombre de Elvira Rodríguez. La ex ministra de Medio Ambiente está en expectativa de destino desde que se quedó fuera del Gobierno en diciembre, aunque a ella lo que verdaderamente le hace tilín es convertirse en la supervisora mayor del Reino como responsable del organismo único de control económico que diseña Soraya Sáenz de Santamaría.

Salvo mejor opinión de la Unión Europea, la nueva entidad integrará a la Comisión Nacional de Competencia con sus homólogas de la Energía y de las Telecomunicaciones. El Gobierno creará un monstruo regulador con un poder sin precedentes dentro de la Administración del Estado, pero Rajoy empieza a sentirse necesitado de alguna persona de confianza que le ayude a manejar el equilibrio inestable que él mismo ha montado dentro de su gabinete ministerial. La hoguera de las vanidades está que arde y nada mejor que una buena Rodríguez para apagar las chispas antes de que surja un incendio.