El muro normativo que sepulta el crecimiento de las empresas españolas

Las trabas burocráticas, laborales y fiscales frenan el desarrollo empresarial y abocan a España a ser un país de micropymes

Las cifras confirman que las firmas de mayor tamaño crean más y mejor empleo, son más competitivas y resisten mejor las crisis

MadridActualizado:

Google nació como una microempresa allá por 1998. Fue entonces cuando un par de ávidos estudiantes recibieron el apoyo monetario suficiente para trasladarse de una habitación de universidad a un garaje. Hubo un inversor que con 100.000 dólares confió en lo que hoy es el gigante de los buscadores; un titán de más de 800.000 millones de capitalización bursátil y decenas de miles de trabajadores en nómina. Ya no es aquella pyme de hace 20 años gracias a que alguien que dirigía una gran empresa insufló en ella el dinero suficiente. Entonces, y hoy día, su límite era etéreo, como el de Sillicon Valley. Sin embargo, la excepción no es la regla, al menos en España. En nuestro país, manipulando el refranero popular, la empresa que quiere sobresalir es la que más golpes recibe.

Las compañías nacionales son en su gran mayoría (94,83%) micropymes, es decir, de entre cero y nueve trabajadores. El porcentaje restante son pequeñas, medianas y grandes, aunque estas últimas apenas representan el 0,12% del total. Esto, según cifras a nivel europeo, es la tónica habitual en las economías comunitarias, salvo en Alemania y Reino Unido. En el primero de esos países las micropymes suponen el 82,16% y en el segundo el 88,94%. Cifras que evidencian que en todos los Estados miembros el tamaño empresarial es, cuanto menos, reducido como tónica general. Varían los datos entre países, así como el empleo, productividad y facilidades que tienen en cada región para hacer crecer a sus empresas.

En nuestro país, esas micropymes generan el 40,8% del empleo y las grandes acaparan el 27,7%; en Alemania las cifras son del 19 y 36,6%, respectivamente; y en Reino Unido del 18 y 46,6%. Una muestra de que las grandes compañías son uno de los principales motores del mercado laboral, pese a representar cantidades muy bajas en cuanto a número de empresas. Y no solo guían el timón del empleo, sino también el de la productividad y la competitividad.

Los expertos, al unísono, coinciden en que el objetivo debe ser dejar atrás ese tejido de micropymes que solo genera baja productividad. Y, también, misma tesis mantenía -y mantiene- el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe país de 2015: «La baja productividad de la economía española está explicada en parte por el predominio de empresas pequeñas y poco productivas».

Apoyo institucional

Desde el Círculo de Empresarios, Alicia Coronil, su directora de Economía, hace un llamamiento a que desde las instituciones se fomente el crecimiento empresarial. A su juicio, son todo ventajas: «Es clave crear un marco regulatorio y fiscal de un país competitivo que estimule la creación y el crecimiento de las empresas. Un crecimiento más sostenible, porque las de mayor tamaño crean empleo más estable y con salarios más altos. El retorno desde el punto de vista socioeconómico es mayor», apunta, al tiempo que hace hincapié en los problemas que afronta España como territorio. Concretamente, destaca que las pequeñas empresas no encuentran más que baches para ampliar su capacidad y crecer. De esta manera, Coronil señala que hay muchas que deciden no sobrepasar un determinado número de trabajadores o facturación para no verse penalizadas. En consonancia, la solución que estas adoptan pasa por crear otra pequeña empresa. Una nueva compañía que engrosa la lista ante la falta de compromiso del Gobierno, tanto del anterior como del actual. «Estamos viviendo una época política de fragmentación en la que no se ha logrado consenso en cinco años en las reformas. Por ahora no se está viendo como algo prioritario en el debate político; lo fue pero se ha perdido el foco», dice la portavoz del Círculo de Empresarios.

Fuentes empresariales, incluso, hablan de dejadez del actual Ejecutivo para retomar el intento infructuoso de dinamizar el aumento de tamaño iniciado por el Gobierno de Mariano Rajoy. El gabinete del exdirigente popular puso en marcha un plan para apoyar el crecimiento empresarial, aunque quedó en la nada.

Raúl Mínguez, director del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de España, detalla que «un tejido empresarial basado en pequeñas empresas no impulsa tanto el crecimiento económico y es más sensible a los cambios de coyuntura». En otras palabras, el experto avisa de que la estructura de nuestro país nos hace más vulnerables a futuras crisis que puedan surgir; a réplicas del último cisma vivido desde 2008. Por ello, Mínguez aboga por fomentar un tejido con mayor peso de medianas y grandes empresas, aunque para ello, antes, habría que concienciar al Gobierno de que gran empresa es sinónimo de más y mejor empleo, mayores salarios, más competitividad, aumentos de productividad y crecimiento de las exportaciones.

El portavoz de la Cámara de Comercio de España apunta a las cotizaciones a la Seguridad Social de los trabajadores como uno de los grandes problemas a la hora de contratar. Tal es así que un empleado con un salario bruto de 22.800 euros anuales le cuesta al empresario más de 30.000. Asimismo, Mínguez destaca las barreras en cuanto a fiscalidad, como es el caso de las obligaciones que surgen al pasar de un escalón a otro, por no hablar, en términos laborales, de que a partir de 49 trabajadores es obligatorio abandonar la figura del delegado sindical y dar paso al comité de empresa. Todo un compendio de vallas de tal altura que hacen muy difícil que quien desea crecer, pueda hacerlo. Incluso, un estudio que realizó la Cámara de Comercio revela que menos de un 20% de los empresarios encuestados no ansía nuevos horizontes, lo que muestra el «quiero y no me dejan» del sistema.

Mayores costes

Carlos Ruiz, director de Economía e Innovación de Cepyme, explica que simplemente por temas de burocracia los costes ya se disparan para las pequeñas compañías. «En una microempresa, salvar una carga adminsitrativa o un trámite burocrático, el coste es superior en 10 de veces a lo que le cuesta a una gran compañía», afirma, para continuar con que en España no debemos centrarnos en aumentar el tamaño por convicción sino con un objetivo claro: que aumente nuestra competitividad, las exportaciones y, también, que varíen las actividades de algunas de esas empresas.

Ruiz, al hacer balance sobre la necesidad de abandonar el modelo de micrpymes, destaca que el mercado español está muy centrado en sectores que dependen de la demanda interna y el consumo. Es decir, que el tejido empresarial tiene en los servicios -la restauración principalmente- su motor principal. De ahí que haya tantas compañías en esta horquilla de trabajadores (cero a nueve), lo que provoca, por ejemplo, despidos masivos cuando terminan los contratos de verano. Sin ir más lejos, el pasado 31 de agosto se destruyeron más puestos de trabajo que nunca en nuestro país, todo ello por la fuerte dependencia de la hostelería y el turismo.

En consecuencia, el experto de Cepyme constata que «hay que fomentar que las empresas generen mayor crecimiento y volumen hacia actividades con más capacidad de producción y mantenimiento del crecimiento a lo largo del tiempo». Y, además, recalca que para algunas micropymes resulta esencial poder acceder a la tecnología e innovación. Pero no a la innovación en los términos que la entiende Google como gigante de Internet, sino a aspectos básicos como el marketing digital que para ellas «es toda una revolución».

Las grandes empresas representan más de la mitad del volumen de las exportaciones

Así, todo ello ayudaría a reducir la brecha en productividad con el resto de «colegas» europeos. Mientras España registró una productividad de 101,6 puntos (siendo la referencia de la UE de 100), Alemania alcanzó los 106,2 puntos. En cambio, Reino Unido, tuvo una productividad inferior al valor de referencia (99,8 puntos).

Asimismo, hay que hacer hincapié en que una baja productividad -explicada por el tamaño empresarial, en parte- solo implica mayores esfuerzos para obtener el mismo resultado que otros. Según la OCDE, los españoles trabajan al año 1.687 horas; los alemanes, por su parte, 1.356 horas. Esto supone 331 horas menos para nuestros socios centroeuropeos gracias a que ellos tienen una productividad más alta, basada también en aprovecharse de sectores tecnológicos que, tradicionalmente, aportan mejores resultados, según explican los expertos consultados por este periódico. Aun así, el objetivo es claro: «Deberíamos parecernos a Alemania. Pero tenemos que ir dando pasos y primero deberíamos parecernos al tejido francés y progresivamente hacer este recorrido. Debe ser una estrategia de país», apunta Coronil.

Exportaciones

En una economía como la española que depende ampliamente de las exportaciones, entra en contradicción el hecho de que el tejido empresarial sea de micropymes. Según el informe «Análisis de la empresa exportadora por tamaño» de la CEOE, apenas el 2,9% de las compañías de menos de 200 trabajadores vende en el exterior. Al mismo tiempo, el 54,8% de las de más de 200 empleados tiene negocios fuera. Pero la diferencia no queda ahí.

Las grandes empresas solo suponen el 0,12% del total en España, pero más de la mitad del volumen de las exportaciones nacionales tiene su razón de ser en ellas. El informe de CEOE apunta a que detrás de estas estadísticas se encuentra que estas disponen de mayores recursos, pueden asumir más riesgos y aprovechar economías de escala. Un extremo, este último, respaldado también por el FMI.

Además, únicamente las grandes empresas garantizan estabilidad en las exportaciones, entendida como una relación que se prolonga en el tiempo, es decir, que da lugar a más intercambios en el futuro. «Las pymes españolas tienen una menor continuidad», dice el documento de la patronal. Así las cosas, más de un 60% de las exportaciones de las micropymes no son estables.

Las grandes empresas representan más de la mitad del volumen de las exportaciones

Con todo, la tendencia es al alza en conjunto. Pequeñas, medianas y grandes vienen experimentando los últimos años un crecimiento leve pero sostenido de las exportaciones en número de compañías que salen al exterior.

Coronil avisa de que con la crisis muchos se han dado cuenta de que necesitan estar presentes fuera. En una economía global como la actual, participar a nivel global en las transacciones permite a las compañías obtener mayores beneficios. Aunque no siempre es posible por las enormes trabas que tiene la pequeña empresa para expandirse en el extranjero.

Por lo pronto, los expertos animan a las autoridades a rebajar los badenes que hacen a las compañías minorar su ritmo inversor. Será entonces cuando estas se liberen de esa carga que nace en las administraciones. «Papá Estado» y su estrecha regulación son un problema para su auge. «Si ayudas a las empresas a crecer, estas por sí solas lo van a hacer». Una frase de Carlos Ruiz que resume a la perfección que al pequeño empresario no hay que enjaularle sino dejarle la puerta abierta para que vuele hacia lo más alto.