Moviendo el tipo

El economista Carmelo Tajadura advierte de que «estamos corriendo el peligro de que llegue la próxima contracción económica y nos encuentre tanto con la política momentaria como con la fiscal relativamente inutilizadas»

MADRIDActualizado:

Encaramos ya el final del ejercicio 2018 con políticas monetarias absolutamente divergentes a ambos lados del Atlántico. Mientras en EE.UU. van ya ocho subidas de tipos de interés (de un cuarto de punto), y el banco central lleva algún tiempo aligerando su tenencia de deuda, en la Eurozona seguimos con una gran laxitud monetaria.

La economía americana «va como un tiro». El actual presidente heredó una expansión que ya duraba varios años pero implementó una reforma fiscal inoportuna y pro-cíclica que, a corto plazo, ha acentuado aún más el crecimiento. Por lo que sólo cabe pensar que las tasas de interés seguirán subiendo, aunque Trump se sorprenda y critique a la Fed sin respetar su independencia. La Fed aprobó la última subida por unanimidad y probablemente haga más elevaciones hasta, al menos, el 3/3,5%. De hecho, Powell dijo la pasada semana que los tipos aún están lejos de la neutralidad de largo plazo. Les conviene estar mejor pertrechados para poder responder a una eventual recesión, que pudiera no estar lejana y, en el peor de los casos, suceder incluso antes de que Trump opte a la reelección. Por otra parte, los tipos del dólar a largo plazo también han acelerado estos últimos días hasta máximos de 7 años. Y es probable que suban más. Lo que atraerá capitales, complicando más la situación de países emergentes, especialmente los que peores fundamentos tienen. Y, por supuesto, también influirán sobre los tipos largos en Europa.

La Eurozona es diferente. La política monetaria super-expansiva del BCE, muy justificada e incluso absolutamente imprescindible durante un tiempo, está durando demasiado, con tipos artificialmente bajos. Estamos corriendo el peligro de que llegue la próxima contracción económica y nos encuentre tanto con la política monetaria como con la fiscal relativamente inutilizadas. La primera, por mantener los tipos por los suelos y el balance del banco central lleno de activos. Y la segunda, por el enorme nivel de deuda existente y, en algún país como el nuestro, incluso la persistencia de déficit estructural.

Los tipos

Sólo a comienzos de 2019 el BCE dejará de comprar bonos en términos netos, pero todavía continuará reinvirtiendo todos los importes que vayan venciendo. Y, hace unos meses, Draghi dijo que los tipos de interés no empezarán a subir hasta finales del verano del próximo año. Fue un anuncio relativamente sorprendente por el largo período en el que comprometió al banco central europeo a permanecer impávido. Máxime, si recordamos los altos precios del petróleo, que impulsan la inflación a niveles del 2%, y la debilidad del euro con el dólar que importa inflación. Y cuando, por otra parte, el BCE también necesita margen de maniobra para anticiparse a una eventual recesión. No obstante, también hay factores que, efectivamente, retraerían al BCE de un más temprano endurecimiento monetario. Por ejemplo, la inflación subyacente, el menor crecimiento económico en Europa, el efecto de la guerra comercial o la situación de la deuda italiana.

Mientras en EE.UU. van ya ocho subidas de tipos de interés, en la Eurozona seguimos con una gran laxitud monetaria

En cualquier caso, en un máximo de once meses o antes, los tipos oficiales acabarán subiendo. De hecho, el Euribor a un año -que se mueve con anticipación- ha dejado ya atrás el mínimo. Y los tipos largos de EE.UU. e Italia ya están tirando de los españoles, de manera que -en la última subasta- el Tesoro tuvo que ofertar ya una rentabilidad positiva a tres años, por vez primera desde hace tiempo.

Cuando suban, el principal beneficiario será el sector financiero porque incluso pequeñas elevaciones tendrán un significativo efecto en el margen de intereses bancario. Las entidades españolas lo esperan como agua de mayo y resultará especialmente positivo para algunos bancos muy sensibles, como por ejemplo Bankia. Y los principales damnificados por la subida serán los más endeudados, donde destaca España tanto en el sector privado como especialmente en el público. Así que más vale que los negociadores de los Presupuestos del Estado, que proponen 21 aumentos de gastos en 2019, no olviden que vamos hacia una carga creciente de gasto por intereses.