La salidad a Bolsa de Bankia fue considerada «cuestión de Estado»
La salidad a Bolsa de Bankia fue considerada «cuestión de Estado» - ABC

La millonaria factura de mezclar finanzas y política

El banco recibió 22.424 millones en ayudas, de las que el Estado ha recuperado el 12%

MadridActualizado:

«Una cuestión de Estado». Así respondían banqueros, empresarios y políticos cuando hace algo más de ocho años y medio eran preguntados por la salida a Bolsa de Bankia. Lo cierto es que la entidad surgida de la unión de Caja Madrid con Bancaja y otras cinco pequeñas cajas había llegado a ser la perfecta imagen de la pudredumbre que infectó las cajas de ahorro tras los años de «boom» inmobiliario. Y su salida a Bolsa era la última oportunidad de correr un velo de profesionalidad frente a la entidad. En un principio, Rodrigo Rato había logrado la presidencia de Caja Madrid tras una encarnizada lucha de poder en el PP madrileño que tuvo el consejo de administración de la entidad como tablero de juego. La flamante trayectoria de Rato no parecía tener competencia y el entonces líder de la oposición Mariano Rajoy impuso su nombre siendo bien consciente de ello. Rato dejó así en la cuneta al entonces presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, que intentó infructuosamente prolongar su mandato, y a Ignacio González, apadrinado de Esperanza Aguirre en aquella lucha.

Así, tras meses de escándalos y titulares indeseados, el currículo de Rato prometía recomponer la seriedad perdida y ahuyentar las trifulcas políticas que, al tiempo, terminaron por sepultar para siempre el modelo societario de las cajas de ahorro. De esta forma, en enero de 2010, el primer y único director gerente español del FMI llegaba el despacho presidencial de Caja Madrid.

Comenzaban entonces los que probablemente serían los años más intensos de su ya de por sí potente trayectoria. Porque lo cierto es que la política siguió estando muy presente en la planta 24 de la torre madrileña. De hecho fue decisiva en la transformación de Caja Madrid a Bankia, una unión animada por el Banco de España con la vista más puesta en su sintonía política que en su coherencia económica.

Profesionalizar las cajas

Con este telón de fondo en el terreno nacional, y con España ya consagrada por buena parte de la prensa internacional como miembro de los «PIGS», es más sencillo comprender por qué, cuando se preguntaba en los meses previos por la inminente salida a Bolsa de Bankia, todas las voces coincidían en que «tenía que salir bien». La cotización de las cajas de ahorro era una prueba de fuego que perseguía forzar su profesionalización y arrojar luz sobre la salud del sistema financiero de todo el país, del que había serias dudas por exposición inmobiliaria.

Pero bastaron unos meses para descubrir que España aún no había tocado fondo. El Gobierno exigió vía decreto nuevas provisiones que complicaron aún más la gestión de la entidad, Rato rechazó una posible fusión con La Caixa que contaba con el beneplácito del Gobierno y la crisis económica volvió a dar una nueva vuelta de tuerca a las cifras macro. La relación entre Rato y el ministro de Economía, su otrora discípulo, Luis de Guindos, estaban en su peor momento y los mercados clamaban por un cambio.

Así, el lunes 7 de mayo de 2012, Rato presentó su dimisión como presidente de Bankia, ante la mirada atónita del mercado, Bruselas y de buena parte de su consejo, que poco o nada sabía de la profundidad de lo ocurrido. Su salida dio paso a José Ignacio Goirigolzarri. Un banquero, exconsejero delegado de BBVA, tomaba ahora las riendas de la entidad y él, a diferencia de Rato, sabía el estado en que se encontraba.

El miércoles 9 de mayo BFA, matriz de Bankia, fue nacionalizada. El nuevo presidente solicitó 19.000 millones de euros para recapitalizar la entidad. Finalmente, el grupo recibió 22.424 millones de euros de ayudas públicas en tres fases. En 2010, el Estado inyectó 4.465 mill0ones a BFA. En 2012 aportó otros 7.339 de euros también a BFA. Y en mayo de 2013 se destinaron 10.620 millones de euros a Bankia.

Ahora, cuando comienza el que sin duda es el juicio más importante detodos a los que se ha enfrentado el sector financiero de nuestro país, la gran incógnita sigue siendo si esta ayuda millonaria se recuperará. Por el momento, el Estado ha vendido dos paquetes de acciones, con lo que, unido a los dividendos cobrados en los últimos ejercicios, le ha permitido recuperar 2.656 millones, el 12% del dinero que los contribuyentes prestaron a la que entonces era la cuarta entidad financiera del país. Recuperar la totalidad de las ayudas concedidas al banco parece a día de hoy complicado, sobre todo atendiendo a la evolución de su cotización.

Sin embargo, también sigue siendo una incógnita cuál hubiera sido el coste de dejar caer a un gigante como Bankia. Quizá simplemente sea el precio de mezclar política y finanzas