Jens Weidmann, el actual presidente del Bundesbank alemán
Jens Weidmann, el actual presidente del Bundesbank alemán - Reuters

Merkel frena la carrera de Weidmann hacia la presidencia del BCE

La canciller está más centrada en que Alemania obtenga la presidencia de la Comisión Europea

BerlínActualizado:

Los mercados habían descontado ya que el sucesor de Mario Draghi al frente del BCE, a partir de noviembre de 2019, sería Jens Weidmann, el actual presidente del Bundesbank alemán. Alemania tiene suficientes justificaciones como para reclamar el puesto, Weidmann es un hombre de confianza de Merkel desde su primera legislatura y su perfil resultaba perfecto para dirigir el cambio de rumbo de la política monetaria expansiva y creativa del italiano Draghi, devolviéndola a términos más convencionales. Pero según ha publicado el periódico salmón alemán, citando fuentes cercanas al gobierno de Berlín, la canciller está más centrada en que Alemania obtenga la presidencia de la Comisión Europea en lugar de apoyar a Weidmann como presidente del Bundesbank, con lo que sus posibilidades se debilitan.

Ambos cargos se renovarán el próximo año. Weidmann cuenta con una gran oposición en el sur de Europa y el Consejo del BCE ya ha anunciado su voluntad de emprender la vía del endurecimiento monetario, con o sin el alemán al timón. La presidencia de la Comisión Europea es crucial para liderar la política comercial de la UE, una cuestión crítica para Alemania y que hasta ahora ha llevado sin demasiada eficiencia Jean-Claude Juncker. Su economía, orientada a las exportaciones, está empezando a verse afectada por el impacto del creciente proteccionismo de EEUU. Ni el Bundesbank ni la cancillería de Berlín se prestan a comentar esta información, pero las quinielas de la sucesión de Draghi, que creíamos cerradas, vuelven a estar abiertas de par en par.

Resurgen nombre como el del finlandés Erkki Liikanen, del gusto de Alemania por su perfil ortodoxo. En esa línea figura también el holandés Klaas Knot. Pero el paso atrás de Alemania también podría invitar a Francia a ocupar el puesto, en aras de un equilibrio entre estos dos países siempre deseado en la UE. Destacaría en este caso el actual gobernador del banco central francés, Francois Villeroy de Galhau, aunque París podría jugar la baza de proponer a una mujer, la actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, para que fuera la primera presidenta del BCE. Esta sería la opción que menos gustase a Merkel, pero sus prioridades pueden ser otras llegado el momento.

Mientras tanto, Weidmann sigue ejerciendo de candidato como si nada ocurriese. Esta mañana se ha reunido con la Sociedad de la Prensa Extranjera de Berlín (VAP) y ha representado a la perfección su papel de opositor a Draghi, criticando abiertamente que «a fecha de hoy la política monetaria del BCE siga siendo tan expansiva como en los peores momentos de la crisis».

Weidmann defiende que el BCE tiene que comenzar a abandonar la política monetaria «muy expansiva», así como las medidas no convencionales, por sus «posibles» efectos secundarios en la economía y ha señalado que el repunte económico que está viviendo la Unión Europea, en general, y Alemania, en particular, contrasta con que la política monetaria permanece «excepcionalmente expansiva». Se estaba refiriendo a medidas y calendarios que han sido votados «por unanimidad» en el Consejo del BCE, lo que supone que su voto fue también positivo, y en ese sentido ha reconocido que esa política puede ser vista como una contramedida contra la inflación especialmente baja, recordando que, aunque en julio la inflación de la zona euro escaló hasta el 2,1%, solo se debe a la presión de los precios de la energía.

Pero de acuerdo a las estimaciones de los expertos del Eurosistema, la inflación llegará al 1,7% en 2020. Por este motivo, el presidente del Bundesbank ha defendido que es el momento de «empezar a salir de esta política monetaria muy expansiva y de las medidas no convencionales, sobre todo, al considerar los posibles efectos secundarios».

El BCE ya dio un primer paso en esta dirección el pasado mes de junio, cuando anunció que el programa de compra de activos continuaría a un ritmo de 30.000 millones de euros hasta septiembre, tras lo cual se reduciría a 15.000 millones de euros mensuales hasta diciembre, cuando, previsiblemente, terminará. Y presida quien presida el BCE, Weidmann ha estado de acuerdo en que los tipos de interés no subirían «al menos hasta el verano de 2019».