El presidente de la Cámara de España, durante la entrevista
El presidente de la Cámara de España, durante la entrevista - ERNESTO AGUDO
ENTREVISTA

«El mayor riesgo que afronta ahora la economía española es el político», según Bonet

El presidente de la Cámara de España afirma a ABC que «la obligación del poder judicial es proporcionar certidumbre y seguridad a ciudadanos y empresas; con las hipotecas ha ocurrido lo contrario y cabe lamentarlo»

MadridActualizado:

Fue la primera voz empresarial que, sin tapujos, clamó contra el independentismo catalán. Más de un año después del 1-O, José Luis Bonet (Barcelona, 4 de diciembre de 1941), presidente de la Cámara de Comercio de España y copresidente de Freixenet, clama ahora en pos de la concordia ciudadana y la normalización institucional en Cataluña. Recuperar el orgullo de nación y el civismo es, en su opinión, urgente, porque «España ha mejorado en enseñanza, pero no en educación». Con la didáctica heredada de sus años como profesor universitario, augura un futuro esperanzador para nuestro país, que será pieza clave en el tablero geopolítico que está por venir. Y con la experiencia de toda una vida al frente de unas de las empresas más emblemáticas de España, pide cautela al Gobierno a la hora de tomar decisiones que puedan desviarnos del buen camino emprendido.

Después de años de un robusto crecimiento, la economía comienza ahora a perder pulso. ¿Cómo valora la situación económica actual?

–Creo que hay que ver con esperanza y una buena dosis de optimismo la situación de España en lo económico. Hemos pasado una crisis muy dura que se ha superado gracias al esfuerzo de los españoles, las medidas acertadas del Gobierno y la incuestionable ayuda de Europa y de los vientos de cola. Por todo ello, la crisis ha entrado prácticamente en vía de resolución. Lamentablemente, ahora el viento de cola se está convirtiendo en un viento en contra y, además, la situación de inestabilidad política tampoco está ayudando. Todo esto, unido a un entorno más complicado en el mundo, con el proteccionismo y el Brexit como telón de fondo, está haciendo que se desacelere la tendencia positiva que teníamos. Pero lo importante es continuar por la buena dirección, con el cambio estructural de nuestro modelo de crecimiento y con una salida al exterior de las pymes.

¿Cree que las políticas económicas actualmente van en esta buena dirección?

–Ahora, lo más importante es evitar que se produzcan distorsiones internas que perjudiquen a la economía. El ejemplo más claro es la política fiscal. Hay que pensar muy bien cuándo se anuncia un impuesto y qué consecuencias tiene. En lo que primero impacta es en el consumo, porque la gente se retrae. En las empresas, de momento, no ha tenido todavía una consecuencia directa, pero sin duda les incomoda y desanima. Por eso digo que hay que pensárselo muy bien antes de anunciar nuevos impuestos y calibrar las consecuencias que tendría si realmente se llega a imponer. Este es un tema en el que el Gobierno deber ser muy cauteloso.

¿Cuál sería la política fiscal adecuada para la situación económica actual?

–En tiempos de ciertas turbulencias como los que vivimos, lo mejor es no hacer mudanzas. No tocar nada y esperar al momento en que se pueda hacer una reforma bien hecha. Y hablo de turbulencias por la propia debilidad del Gobierno en el Parlamento, por la dependencia de una resolución del soberanismo catalán y porque en el exterior tampoco se sabe qué va a pasar en los próximos meses.

La polémica generada en torno a las hipotecas en el Tribunal Supremo tampoco habrá sido de ayuda.

–La obligación de los poderes públicos es proporcionar certidumbre y seguridad jurídica a los ciudadanos y a las empresas. Lo cierto es que en estas últimas semanas, en relación con el pago del impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados, ha sucedido justo lo contrario y cabe lamentarlo. El cambio normativo aprobado por el Gobierno viene a clarificar la situación, lo cual es de agradecer. Ahora bien, cabe la duda de si el hecho de que a partir de ahora el pago del impuesto corresponda a los bancos no terminará traduciéndose en un incremento de los gastos que se cargan a los clientes cuando suscriben un préstamo.

¿Cuál es el mayor riesgo para la economía española?

–Sin duda, el político. No sabemos si se van a sacar adelante los Presupuestos, si se va a poder desarrollar una política firme que favorezca la actividad económica, cuándo va a haber elecciones... Además, está la situación en Cataluña, donde sigue habiendo una discordancia ciudadana que hay que revertir. Es absurdo no ir juntos para mejorar las cosas.

¿Hasta qué punto perjudica todo esto la imagen de España en el exterior?

–Lo cierto es que la imagen de España en el exterior es buena. Venimos de un éxito realmente extraordinario que fue la Transición. Evidentemente, han pasado ya muchos años, pero nos ha dejado en una posición muy buena en el mundo. Ahora, España es un país que cuenta, y mucho. Y va a ocupar un papel muy importante en un tema fundamental, a mi juicio, como es la alianza que se debe producir entre la Unión Europea y la América Latina. El mundo tiende a que haya dos grandes potencias, Estados Unidos y China. Europa tiene que encontrar su sitio en este escenario y, en mi opinión, va a estar en una alianza con Latinoamérica, que se debe producir a través de nuestro país.

Después de la experiencia que han adquirido con la crisis, ¿están ahora las empresas españolas mejor preparadas para ese escenario global?

–España llegó tarde a la internacionalización, pero la crisis ha enseñado a todos los empresarios españoles que la globalización es un hecho cierto y que no lo van modificar ni las políticas proteccionistas, ni el Brexit, ni absolutamente nada. Puede haber obstáculos y frenos, pero es un proceso que no va a parar y, por tanto, hay que adaptarse a ella. Como España ha llegado más tarde que otros países, tiene la posibilidad de desarrollar más su adaptación a la globalización. Por eso yo en esto soy optimista. Tenemos una buena oportunidad.

¿Y qué hay de la revolución digital?

–La cuarta revolución industrial es una realidad y el que no se adapte se quedará en el camino. Esto es algo que muchos empresarios ya han visto. Pero queda un trabajo inmenso por hacer, sobre todo en la digitalización del mundo de las pymes. Aquí las cámaras vamos a echar el resto porque el progreso del país y, por tanto, el bienestar de la gente, dependen en buena parte de esto. Hay tres factores determinantes para el futuro económico: la internacionalización, la digitalización y, por supuesto, la formación, el talento de la gente, que deber estar en consonancia con los dos factores previos. También hay que recuperar valores esenciales de la persona que son fundamentales para que la gente progrese.

¿Falta una reforma educativa?

–Sí. España ha mejorado en enseñanza, pero no en educación. Con vistas a esta internacionalización y digitalización, hace falta mejorar la enseñanza en idiomas y conocimiento digital. Pero lo urgente es recuperar la educación en valores y el civismo. A partir de aquí la gente estará mucho mejor preparada para decidir cuando vote su futuro. Yo recuerdo cómo era España hace cincuenta años. Era un país subdesarrollado y ahora está entre los primeros del mundo. No se puede negar que haya problemas, hay gente a la que le ha perjudicado mucho la crisis, a quienes les cuesta entrar en el mecanismo productivo de una manera adecuada... Todo esto hay que solucionarlo, sin duda. Pero es innegable que el sistema ha dado muy buen resultado. Por eso, defiendo mucho una Constitución que nos ha llevado a mejorar como conjunto. La democracia, el Estado de derecho, el Estado de bienestar y la economía social de mercado, como sistema, nos han hecho crecer. Y este es un sistema en el que la empresa es la clave.

La imagen del empresario, sin embargo, ha sido muy denostada.

–Sí, el papel de las empresas debiera estar más reconocido. Esto nos lleva a una reflexión larga y que afecta a organizaciones como las propias cámaras. Somos representantes del mundo empresarial y, sin embargo, no lo hemos defendido como debiéramos. El término empresario llegó a denostarse de una manera absurda. Porque si el progreso acompaña, si se mejora el bienestar de la gente, no tiene sentido que se critique al sistema que lo está produciendo. Sobre todo viendo las alternativas que hay ahora en el mundo.