Un marco para que la pyme pueda crecer

«El resultado inmediato de que nuestras empresas sean más competitivas es que gana toda la sociedad»

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

En CEIM consideramos que es fundamental poner en marcha medidas que favorezcan el incremento del tamaño medio de las empresas. De esa forma, se estará impulsando la capacidad de nuestro tejido productivo para innovar, internacionalizarse, acceder a los mercados financieros y, finalmente, mejorar su productividad. Además, en proporción con esa mayor competitividad, se generarán salarios más altos y se producirán unas mayores aportaciones al presupuesto público con las que poder consolidar el estado del bienestar. Es decir, el resultado inmediato de que nuestras empresas sean más competitivas es que gana toda la sociedad.

El impacto directo que tendría en nuestra economía contar con empresas de más tamaño está incluso tasado. Si la estructura empresarial de España fuera equivalente a la media de la UE, el PIB aumentaría cerca de un 3,5%. Y si fuera equivalente al del Reino Unido nuestra riqueza se incrementaría un 7,5%. Por todo ello, los empresarios de Madrid animamos de forma permanente a las administraciones públicas a activar palancas que incrementen la dimensión empresarial como facilitador del bienestar.

Pero en ningún caso se trata de dejar de apoyar a las pymes. La idea no debería ser tanto disponer de un marco ideal para la pyme, sino de un ecosistema perfecto para que la pyme no encuentre obstáculos para crecer. El hecho de superar la cifra de 10, 50 y 250 empleados es percibido por las empresas con enorme vértigo por causas administrativas, regulatorias, fiscales, de seguros y laborales.

Por lo tanto, la primera medida sería actuar sobre esos umbrales regulatorios que suponen un muro demasiado elevado para aquellas empresas que quieren crecer. Según los datos oficiales, en España tenemos más de 130 regulaciones vinculadas al tamaño. En este sentido, esos tapones regulatorios al crecimiento se podrían eliminar, sustituir e incluso permitir que actuaran sólo cuando la empresa hubiera consolidado durante varios ejercicios ese avance.

En el ámbito fiscal, por su parte, se pueden diseñar medidas como, por ejemplo, que las operaciones de integración o concentración empresarial tengan un tratamiento fiscal neutro. De esa manera, el coste meramente fiscal de una iniciativa de este tipo no sería una dificultad añadida para acometer decisiones que generan sinergias y, por lo tanto, mayor competitividad. El mensaje sería algo así como no castigue fiscalmente mi crecimiento de inmediato porque posteriormente ya tendrá oportunidad de recaudar cuando haya consolidado mi aumento de generación de riqueza.

Asimismo, si el régimen fiscal incentiva sólo al muy pequeño, se está produciendo una desincentivación a perder esa condición. La idea sería compatibilizar una menor carga fiscal a las empresas pequeñas con la introducción de incentivos para las empresas tras ganar tamaño y salir de aquel régimen.

En el ámbito laboral hace falta que patronales y sindicatos repensemos un nuevo modelo de representación de los trabajadores adaptado a las nuevas circunstancias. No se trata simplemente de reducir o aumentar su presencia, sino de adecuarla al contexto actual y de multiplicar su eficacia. En este caso, las empresas con 49 trabajadores disponen de delegados de personal, pero si la cifra se incrementa en sólo uno más ya pasa a tener un comité de empresa, es decir, no se produce un incremento progresivo sino súbito.

Por otro lado, la automática desaparición de ayudas públicas o apoyos institucionales a las empresas que dejan de ser pymes también sería muy positivo que se retrasara varios ejercicios hasta que las empresas consolidaran esa nueva dimensión. Se trata de acompañar a las empresas en su crecimiento.

Al mismo tiempo, en CEIM consideramos que es necesario seguir trabajando en la facilidad o dificultad para abrir o cerrar una empresa, así como en el ecosistema en el que se desarrolla. El éxito no está garantizado cuando se crea una empresa; de hecho el porcentaje de éxito es siempre pequeño. Por lo tanto, es importante facilitar el final del proyecto para que esa circunstancia no acompañe al potencial empresario toda la vida como una mochila sobre sus espaldas. Créanme que hay mucho por hacer: según una encuesta de la Comisión Europea, España es el segundo país después de Italia en el que se perciben más dificultades tanto para la apertura de negocios como para su desarrollo.

Francisco Aranda Manzano (Portavoz de CEIM-CEOE)Francisco Aranda Manzano (Portavoz de CEIM-CEOE)