Los principales líderes europeos en una reunión el pasado octubre
Los principales líderes europeos en una reunión el pasado octubre - REUTERS

El mar de dudas de Europa en su viaje hacia una verdadera Unión

Bruselas solo ha completado parte de los mecanismos institucionales para blindarse frente a una nueva crisis, mientras la recuperación se estanca, los estímulos monetarios se eternizan, el Brexit encalla y la guerra comercial multiplica la incertidumbre

MadridActualizado:

La nueva Comisión Europea que surja de las elecciones de este fin de semana se encontrará un panorama bien diferente del que recibió el luxemburgués Jean-Claude Juncker en 2014. La crisis está lejos pero muchos análisis hablan de nuevas turbulencias, en un mundo cargado de incertidumbres. El empleo no termina de recuperarse para todos, especialmente para los jóvenes, los mecanismos institucionales que los dirigentes europeos reclamaban para gestionar los problemas todavía no se han creado y el Banco Central Europeo (BCE) va a cambiar de presidente -finaliza el mandato de Mario Draghi- y no se sabe cuanto tiempo seguirá la política monetaria expansiva. Se atisban problemas para el comercio mundial debido a la política norteamericana, tal vez suceda una nueva subida del petróleo si se agrava la situación en el Golfo Pérsico con Irán y todas las incógnitas que se han ido acumulando sobre las consecuencias reales de la salida del Reino Unido de la UE, tanto si esta se produce realmente como si al final se vuelve a retrasar, continúan en el aire.

Las previsiones más inmediatas hablan de un proceso de ralentización del crecimiento y hay tantas dudas sobre la evolución de la economía alemana como sobre la solidez del sistema bancario italiano. Dos países con problemas internos cuyas raíces se extienden por toda Europa.

Esta legislatura que toca a su fin ha significado el fin de la política de austeridad y el control del déficit. Por primera vez en más de una década, los datos de la Comisión indican que todos los países de la UE están creciendo y todos han podido rebajar el déficit público por debajo del 3%, algo que hace unos años hubiera sido recibido como una antesala del paraíso. La situación de partida no tiene nada que ver respecto a la de hace cinco años.

Políticas ambiciosas

En los próximos meses deberá completarse la formación de la nueva Comisión, que según el calendario institucional entrará en funciones el 1 de noviembre, mientras los países miembros discuten el diseño del próximo periodo presupuestario 2021-2027. Esta discusión va a ser muy relevante porque, por primera vez, la Comisión ha propuesto un nuevo diseño más político. Ya no se trata solamente de destinar un tercio del presupuesto a la política agrícola y el resto a subvenciones y fondos estructurales. Ahora el Ejecutivo comunitario está pensando en políticas más ambiciosas que buscan consolidar el proyecto europeo de forma más activa con objetivos como el desarrollo de la protección de fronteras exteriores o el Fondo Europeo de Defensa, que pretende consolidar una industria militar integrada. Incluso, el Eurogrupo está discutiendo ya la creación de un presupuesto propio de la zona euro que tal vez llegue a ser un embrión de instrumento para que la Comisión tenga una capacidad real para intervenir en políticas económicas que fomenten la convergencia entre las economías comunitarias.

Pero frente a todas estas perspectivas vanguardistas, muchos de los objetivos que se habían planteado para esta legislatura que ahora termina no se han completado. La Unión Bancaria, que habría servido de freno y de herramienta para reparar los daños de la crisis financiera de 2008, no se ha completado todavía y no está claro que si volviera a producirse un episodio de turbulencias como el que destrozó la economía de algunos países, las estructuras institucionales de la Eurozona pudieran responder con estos nuevos instrumentos.

Una gran crisis en Italia tendría un efecto devastador en la UE; mucho más que con los problemas de Grecia La UE aspira a ocupar el puesto vacío que deja EE.UU. en el mundo con su política proteccionista

Lo único que ha avanzado, al menos en el terreno conceptual, es la idea de presupuesto de la zona euro, cuyas líneas maestras deberían estar ya cerradas el mes que viene, para que pudiera integrarse en el próximo periodo financiero de siete años, que debe ser aprobado por unanimidad. El presidente del Eurogrupo, el portugués Mario Centeno, era optimista en la última reunión del Eurogrupo esta semana cuando dijo que aunque «algunos elementos fundamentales están todavía abiertos, confío en que encontraremos un acuerdo» en la próxima reunión. En principio, esta cuestión se ha dejado para el siguiente encuentro que tendrá lugar el 13 de junio, el cual será el último antes de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que es la que debe dar su visto bueno. Y eso después de más de cinco meses de debates, una vez que el pasado diciembre se decidió poner en marcha este instrumento, destinado a engrosar el arsenal de medidas anticrisis, pero no se dijo el modo de financiarlo.

Siguiendo el criterio de los juristas, este mecanismo tiene que estar integrado dentro del presupuesto de toda la Unión Europea, a pesar de que solo afectará a los 19 países que utilizan el euro como divisa. El dinero tiene que venir de la partida que ya existe en el presupuesto comunitario, pero algunos países consideran que sería necesario que los países de la zona euro hagan aportaciones adicionales, según explicó tras el encuentro el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, porque eso justificaría que hubiera una gestión separada de fondos comunes. Desde el punto de vista institucional, se requeriría un acuerdo intergubernamental entre los 19 miembros de la Eurozona para gobernar el instrumento, sobre el que tampoco están de acuerdo todos los países.

Para los que quieren ver la botella medio llena, ninguno de estos pasos, por tímidos que parezcan, se habrían considerado siquiera posibles hace una década. Los que se empeñan en verla medio vacía, dirán que son totalmente insuficientes para garantizar un arsenal efectivo para afrontar la próxima crisis. Dos maneras radicalmente de concebir la situación.

En todo caso, lo único seguro es que el próximo terremoto financiero no será como el anterior, ni mucho menos. Grecia ya ha dejado de ser el eslabón débil de la zona euro y uno de los resultados que la Comisión saliente se jacta de haber logrado es haber evitado que hubiera sido expulsada de la moneda única, como no pocos gobiernos llegaron a reclamar en su día.

Italia, la gran incógnita

Ahora la incógnita más inquietante sigue siendo la evolución de la economía italiana cuyo nivel de deuda (más del 130% del PIB) supone un elemento de vulnerabilidad muy acuciante. Con la consolidación de las fuerzas nacional-populistas en el Gobierno de Roma, desde Bruselas se observa con preocupación la evolución de la situación en Italia, que a su vez dependerá de los resultados de las elecciones europeas del próximo fin de semana. No solo por ello, sino porque Italia es la tercera economía de entre los países del euro y si se produjera una situación incontrolada en este territorio, los efectos multiplicarían a los que provocó Grecia. El peso del país liderado por Giuseppe Conte nada tiene que ver con el del gobernado por Alexis Tsipras; dos crisis sin conexión pero que con efectos amplificados en el caso italiano de llegar a producirse.

De todos modos, nadie había previsto que el presidente norteamericano habría llevado tan lejos su discurso proteccionista y distorsionador de las estructuras económicas globales. Los cambios que esta actitud de Donald Trump va a suponer para el comercio mundial son todavía imprevisibles; los análisis, hasta la fecha, auguraban predicciones en un escenario de conflicto arancelario más leve y no de encontronazo total con China y puede que con la UE a medio plazo. Por el momento, los automóviles comunitarios respiran aliviados sabiendo que el presidente estadounidense parece que retrasará la posible imposición de aranceles a los coches europeos. Todo ello en un momento de tensiones entre EE.UU. y la UE por la aviación ( Boeing-Airbus) y las amenazas recientes que se dedicaron por otorgar ambos ayudas ilegales cada uno a su empresa autóctona.

La guerra comercial no dejará de tener consecuencias directas y muy relevantes para la UE. La idea de la Comisión saliente era aprovechar el vacío que deja Estados Unidos con la política de «América first» pero para ello hay que contar con las ambiciones del gigante asiático, que tampoco quiere desperdiciar esta oportunidad.

También puede ayudar el apoyo decisivo que tiene a pesar de todo en Europa el proceso de transición energética, muy por delante del resto del mundo. La industria del automóvil, clave en todos los grandes países del euro, pero sobre todo en Alemania, pelea por lograr una transformación útil de la tecnología, aunque también ellos miran el futuro sin ver a mucha distancia, porque el mundo está plagado de incógnitas.