Emilio Lozoya,, exdirector general de Pemex
Emilio Lozoya,, exdirector general de Pemex - ARCHIVO

Lozoya, «arrieritos somos...»

«El director general de Pemex hasta la semana pasada siempre se consideró mejor gestor que Brufau y nunca quiso admitir que el resto de fundamentales influye en el devenir empresarial»

MARÍA JESÚS PÉREZ
MadridActualizado:

Emilio Lozoya, director general de Pemex hasta la semana pasada, fue, durante años, el auténtico «azote» de Antonio Brufau al frente de Repsol. Aprovechaba cualquier reunión con el resto de los accionistas en el consejo de la española para «meterle el dedo en el ojo» al presidente, ya fuera por lo «mal» que iba la compañía, por la «mala» estrategia de futuro, por su «mala» evolución en Bolsa, por los altos sueldos de los directivos... por todo lo que se le pasara por la mente y que, por supuesto, pudiera dañar a Brufau, o, al menos, desestabilizar su gestión e intentar que dimitiera o le echaran. Lozoya siempre se consideró mejor gestor que Brufau y nunca quiso admitir que el resto de fundamentales influye en el devenir empresarial.

Quiso ganar posiciones en la española, incluso algún «puesto», pero... no pudo ser. En 2014, afortunadamente para el presidente de Repsol, la petrolera mexicana daba carpetazo a su relación con la española al vender su participación, y, como el tiempo pone a todo el mundo en su lugar, el que ha tenido que irse, y por mandato presidencial, ha sido él. El pasado lunes se acabó su «reinado» en la estatal mexicana. Fulminantemente despedido por Enrique Peña Nieto. Las razones, obvias y... reales. Por un lado, Pemex, más afectada aún si cabe que otras compañías del sector en el mundo por el hundimiento de precios del crudo, acumula pérdidas por más de 20.000 millones y vencimientos de deuda a corto plazo por 11.000. Por otro, veían la luz los audios de directivos de OHL que desvelaban que Lozoya había asesorado a OHL, envuelta en un escándalo de corrupción en complicidad con el gobierno de Peña Nieto para una licitación. Su gestión, en cuestión. Arrieritos somos...