¿Por qué ha llegado la hora de la inversión socialmente responsable?

Más allá de las consideraciones éticas, los expertos explican que la ISR reduce el riesgo de la cartera al establecer mecanismos adicionales de control.

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La inversión socialmente responsable (ISR) —aquella que integra criterios ambientales, sociales y de gobernanza corporativa en el proceso de análisis y selección de activos de una cartera de inversión— ha venido para quedarse. El vertiginoso crecimiento de los volúmenes de inversión bajo estos criterios acontecido en los últimos años ha silenciado definitivamente las voces que tildaban esta tendencia de moda pasajera. Así, los activos gestionados bajo esta modalidad alcanzaron los 185.614 millones de euros en 2017, lo que representa una cuota sobre el mercado nacional de fondos y planes de pensiones de nada menos que el 46%, según datos de Spainsif, el lobby que promueve este tipo de inversión en España. Y el ritmo de crecimiento es vertiginoso, a tasas del 10% entre 2015 y 2017 —lo que supone una evolución un 2,4% superior a la del conjunto de la economía española y un 3,7% por encima de la del Ibex 35—. Las iniciativas de las instituciones internacionales como la ONU o la Unión Europea han jugado en favor de este tipo de inversión, así como la adscripción en masa de las gestoras de activos internacionales, según un informe de Spainsif publicado en otoño pasado.

Sin embargo, este incremento tan rotundo de los volúmenes ha sido protagonizado principalmente por inversores institucionales (profesionales), siendo los inversores minoristas (particulares) el siguiente gran objetivo de la inversión socialmente responsable en España. «Hoy por hoy, el principal inversor de la ISR sigue siendo profesional. En España, se estima que más del 90% es inversión institucional», explica Victoria Torre, responsable de desarrollo de contenidos, productos y servicios de Self Bank. Así, mientras que el 62% de los gestores de activos destinan el 25% o más de sus inversiones a fondos que incorporan criterios ASG (ambientales, sociales o de gobernanza) —según un reciente estudio de Natixis—; solo un 35% de los particulares dice que invierte a menudo en este tipo de producto —según Spainsif—. Si bien, parece que el interés está creciendo entre este segundo colectivo, con un 82% de personas que consideran «importante o muy importante» orientar las inversiones hacia la sostenibilidad —según otro informe de Allianz—.

46%: Es la cuota que representa la ISR sobre el conjunto de activos en fondos y planes

Preguntados por los motivos por los que está costando la difusión de esta tipología de inversión entre los particulares, Francisco Javier Garayoa, director general de Spainsif, recuerda el déficit de educación financiera existente en España y el peso de la tradición en las redes de comercialización y asesoría. Por su parte, un informe de Schroders relaciona este tema con la falta de información, con un 60% de los encuestados españoles citando este argumento como el motivo para no destinar capital a inversiones sostenibles. «Una de las primeras barreras que se encuentra el cliente minorista es la información, ya que es un tema aún desconocido por muchos. Pero, gracias al esfuerzo que se está haciendo desde distintos ámbitos (las gestoras tienen aquí mucho que decir), esta barrera es cada vez menor», explica también Torre. Por eso, para tratar de vencer cualquier recelo relacionado con esa falta de información, en este reportaje vamos a exponer algunos argumentos a favor de la inversión socialmente responsable —y también algún factor en contra—, siempre según los expertos.

Para empezar, uno de los principales temores de los minoristas está relacionado con el potencial de rentabilidad de las carteras gestionadas bajo esta filosofía de inversión. Así, el 25% de las personas encuestadas en el estudio de Schroders dice no llevar a cabo inversiones sostenibles porque les preocupa que no generen unos retornos tan elevados como las convencionales.

¿Merma la rentabilidad?

Sin embargo, los datos demuestran que esto no es necesariamente así. Aunque no ha podido probarse empíricamente que la rentabilidad de las inversiones ISR sea superior a la de los métodos tradicionales, sí hay estudios que apuntan en esta dirección. Por ejemplo, el último documento publicado por Spainsif arroja que la rentabilidad de una cartera de fondos de inversión ISR (compuesta por una combinación de renta variable y renta fija) es superior a la media de la rentabilidad del total de los fondos, aunque inferior a la rentabilidad arrojada por la categoría de renta variable pura.

«Siguen existiendo inversores que creen que la rentabilidad puede estar reñida con la inversión socialmente responsable, pero no es así. Los gestores de estos fondos ISR no tienen por qué descuidar otros factores de rentabilidad. Y, de hecho, varios estudios demuestran que la rentabilidad de los fondos ISR es con frecuencia mejor que la inversión en fondos que no lo son», apunta Torre.

Y es que, con todas las cautelas posibles, «lo que sí parece razonable es pensar que las empresas que operan atendiendo a criterios de sostenibilidad están menos expuestas a potenciales riesgos futuros medioambientales, sociales, etc. Y que muchos de los criterios que se exigen a nivel ASG (ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo) son buenos para los accionistas porque mejoran el beneficio operativo a largo plazo y su cotización en bolsa», opina Carlos Farrás, socio director de DPM Finanzas.

Solo hay que recordar casos como el escándalo de Enron relacionado con la ingeniería fiscal o el vertido de la petrolera BP en el golfo de México para hacerse cargo del problema que puede acarrear para una cotizada no atender a este tipo de criterios.

Por eso, Garayoa insiste: «El reporte de sostenibilidad es un análisis complementario al financiero desde el punto de vista de los riesgos —contemplando los aspectos sociales y de gobernanza— que mejora la relación rentabilidad/riesgo. Este reporte analiza cuál es la política de empleo de la compañía, la conflictividad laboral, las medidas que aplica la empresa en materia de medio ambiente, etc. Al final, el inversor toma la decisión, pero hay un mayor nivel de información».

Por eso, «aunque no se asegura rentabilidad por el mero hecho de ser una inversión sostenible en términos de benchmark comparativo, lo que sí parece claro es que la inversión sostenible de ninguna manera penaliza en cuanto a retorno de la inversión», argumenta Garayoa.

El componente ético

Pero todo esto no quiere decir que haya que minusvalorar el componente moral de la inversión socialmente responsable, uno de los objetivos irrenunciables de la misma. «Cada persona ahorra para un objetivo (comprar una vivienda, la jubilación, etc.) y pone a trabajar su dinero para lograrlo y evitar que la inflación se coma los ahorros. Sin embargo, eso no debería ser nunca a costa del medio ambiente, de la explotación laboral, de la falta de ética empresarial, etc. Por ello, los inversores quieren cada vez más que sus ahorros sirvan para rentabilizar su patrimonio pero, también, para tener un mundo más limpio, sostenible y justo; y la inversión ISR les ayuda a que esto sea así», asevera Farrás.

En relación con esto, los inversores tienen prioridades en cuanto a los temas ASG que les producen mayor preocupación: la educación, la sanidad, la lucha contra la corrupción, los derechos humanos y la promoción de las energías renovables son las cinco prioridades de los inversores ISR, según el estudio de Allianz.

En el lado opuesto, las actividades que creen más importante excluir de las carteras son el trabajo infantil, la producción y comercio con armamento, las compañías que realizan pruebas con animales, las actividades relacionadas con el aceite de palma, el petróleo, la energía nuclear y el tabaco.

El compromiso respecto a estas exclusiones es fuerte. En concreto, la convicción de los inversores que excluirían actividades de su cartera es tan alta que el 85% de ellos lo seguiría haciendo aunque mermase la rentabilidad de su cartera (porcentaje que sube al 87% en el colectivo de las mujeres inversoras), según Allianz.

Por otro lado, otro factor que juega a favor de este tipo de inversiones es que cada vez existe una gama más completa de productos para poder invertir de manera responsable, tanto en renta fija como en renta variable, con fondos de inversión en los catálogos de casi todas las gestoras, ETF’s, bonos (verdes o de impacto social), fondos de capital riesgo e índices dedicados a esta materia (en España está el FTSE4Good IBEX, que se compone de valores pertenecientes al Ibex y FTSE Spain All Cap, que cumplen con los criterios de buenas prácticas en responsabilidad social corporativa). Es decir, hay productos que se ajustan a la demanda de cada inversor.

Los riesgos de la ISR

Sin embargo, también es preciso tener en cuenta que, como en cualquier tipo de inversión, también hay riesgos asociados a la misma. Por ejemplo, algunos expertos hablan de lo que en inglés se conoce como «green washing» (lavado verde, en español), que consiste en que algunas compañías podrían estar poniendo la etiqueta de ISR a activos que no lo son. «Lamentablemente, esto es real. Su uso ha aumentado en los últimos años para satisfacer la demanda de los consumidores que buscan productos y servicios respetuosos con el medio ambiente, agravándose el problema debido a la laxitud de las agencias reguladoras», avisa Farrás.

Asimismo, este experto de DPMFinanzas advierte de que, si se incrementa mucho el flujo de capital hacia aquellas compañías con mayores cumplimientos de criterios ASG, se corre el riesgo de que los inversores terminen comprando esos activos con valoraciones demasiado elevadas, lo que estaría minimizando los potenciales retornos futuros.