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El ladrillo vuelve a ser el sector más dinámico de la economía española

La obra pública se recupera con fuerza, la aportación de la construcción al PIB se dispara un 34% desde el año 2014 y el empleo un 24,2%

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Las grúas han vuelto a poblar los cielos de toda España. Con la doble cita electoral y abierto el chorro de gasto que conllevan los comicios, se han disparado las licitaciones de obra pública, el empleo en el sector de la construcción crece a ritmos de dos dígitos y el ladrillo recupera el protagonismo y es ya el componente del PIB que más aumenta. Pero no es un hecho puntual. Las aportaciones de la construcción al PIB no han parado de aumentar desde que en 2014 la actividad económica comenzara a crecer y a crear empleo tras seis largos años de crisis.

Si hay un indicador que refleja con nitidez el crecimiento del sector es el empleo. Los datos de afiliación a la Seguridad, el mejor termómetro para medir la ocupación, reflejan que el número de cotizantes está creciendo en la construcción a ritmos del 7,4%, más del doble de lo que aumenta la ocupación en el resto de los sectores productivos.

Si el análisis se realiza sobre la evolución que ofrece la Encuesta de Población Activa (EPA) se deduce que hoy el sector de la construcción da empleo a 1.279.900 de trabajadores, lo que supone un alza de casi el 12% en un solo año, cuatro veces más de lo que está creciendo el empleo en el conjunto de la economía.

A pesar del fuerte impulso, el número de ocupados en el ladrillo no se acerca, ni de lejos, a los efectivos que llegó a tener cuando comenzó la crisis. En 2008 trabajaban en el sector casi un millón más de trabajadores, un 41% por encima de la cifra que registra en estos momentos. Sin embargo, si lo que se analiza es la evolución que ha tenido la ocupación desde 2013, el peor año en términos de ocupados (990.000), el crecimiento ha estado cercano al 30%, una progresión sin precedentes.

El resurgir de la construcción es indiscutible si se analiza también la aportación que realiza cada sector productivo a la economía española. Entre 2014 y 2018 el ladrillo fue el componente del PIB que más creció, un 34%, más del doble que la industria (16,8%) o los servicios (14%). Sin olvidar que este último es el componente estrella de la economía española, a la que aporta más del 70% de su riqueza.

Este «boom» constructor se confirma cuando se analizan los datos de vivienda. Como ya informó ABC, España vuelve a construir más viviendas de las que vende. El año pasado se otorgaron 100.000 visados de obra, un 24% más, por encima de las 90.138 compraventas que se registraron en el segmento de pisos nuevos, según el Colegio de Registradores. Un aumento del «stock» de las casas que no se producía desde 2008 y en el que no se puede obviar el empujón que está teniendo por la doble cita electoral de abril y mayo.

Pinchazo de la burbuja

Lejos quedan los años negros de la crisis que comenzó en 2008 provocada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y que arrastró a miles de pequeñas empresas. Entonces, las grúas dejaron de verse en el paisaje y las listas de los servicios públicos de empleo comenzaron a nutrirse de jóvenes que dejaron los estudios para trabajar en un sector que pagaba suculentos sueldos, sin sospechar lo que ocurriría unos años después.

Ocho años antes, en 2000 el ladrillo había comenzado a crecer desaforadamente. Los precios subían un 17% anual. Cada año se iniciaban una media de unas 600.000 casas, llegando al récord de 762.540 en 2006, más que las iniciadas por Alemania, Italia, Francia y Reino Unido juntas, según datos del Ministerio de Fomento. El crédito barato y fácil para todos hizo el resto. Se había generado una burbuja de consecuencias inimaginables, una crisis de sobreendeudamiento desorbitado que tardaría seis años en cerrarse.

Mención aparte merece la expansión de los servicios de gestión inmobiliaria. El fuerte crecimiento vivido por este subsector desde la explosión de la burbuja en 2008 le ha llevado a aumentar su peso en el valor agregado bruto total de la economía y en la actualidad supone el 9,6%, cifra que supera a lo registrado en 2008, cuando suponía el 8%, y prácticamente duplica la registrada en el año 2000, según datos del INE elaborados por la consultora Afi. Esto sitúa a las actividades inmobiliarias en tercer lugar por tamaño dentro del total del sector terciario.

Respecto al empleo, la recuperación es también similar. La crisis impactó de lleno en las actividades inmobiliarias, llegándose a destruir el 30% del empleo en 2010 con respecto a 2008. Sin embargo, a partir de entonces la recuperación ha sido intensa, especialmente a partir de 2014 y no solo se ha recuperado el nivel de ocupados con respecto a los niveles previos a la crisis, sino que en 2018 fue hasta un 25% superior. Según el INE, 125.000 personas trabajan en servicios de actividades inmobiliarias.

En cuanto al futuro, el sector espera seguir creciendo pero no al mismo ritmo que el experimentado hasta el momento. Las transacciones de viviendas superaron en 2018 las 580.000 unidades, lo que supone un alza del 9,3% con respecto al año anterior, si bien es significativamente menor al registrado en 2017, cuando se registró un alza del 17,3%. Los expertos esperan que en 2019 se consolide esta tendencia de desaceleración, ya que según los datos del Centro de Información Estadística del Notariado (CIEN), el número de transacciones de enero fue tan solo un 0,3% superior al observado en el mismo mes del año anterior.

Los precios pierden fuelle

Por otro lado, aunque según los datos del Ministerio de Fomento la media nacional de precios sigue al alza (3,9% a cierre de 2018), en el centro de las grandes ciudades españolas, que fueron las que comenzaron a despuntar en precios tras la crisis, ya en el tercer trimestre de 2018 comenzaron a perder fuelle. «Un comportamiento que ya han registrado en el último trimestre del año los municipios de la primera corona metropolitana; mientras que los que se ubican en la segunda corona metropolitana todavía muestran cierta aceleración.

No obstante, el efecto expansión de la mancha de aceite —del centro de las ciudades hacia el exterior— hace pensar que tarde o temprano este agotamiento del crecimiento de los precios terminará por llegar a todos los territorios, si no surgen cambios en los determinantes de la demanda de vivienda», explican los analistas de Afi en un informe reciente.

En la misma línea apunta la inversión en vivienda pues, aunque la inversión extranjera directa en el sector de la construcción viene creciendo desde el año 2016, su peso sobre el total de la inversión global es cada vez menor (actualmente se sitúa en niveles de 2013), lo que refleja una cierta traslación del apetito inversor hacia otros sectores.