«Kurzarbeit», el secreto alemán contra los despidos llega a España

Empresarios y sindicatos proponen al nuevo Gobierno un modelo para que compañías en crisis puedan apoyarse en reducciones temporales de jornada sin que los trabajadores pierdan su retribución, garantizada por el Estado

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La economía española ha crecido un 3% durante los últimos ejercicios y desde 2014 cada año se crean medio millón de empleos, lo que no hace que se vislumbre una nueva crisis en el horizonte. Pero, como más vale prevenir, empresarios y sindicatos ya buscan fórmulas que permitan a compañías en pérdidas tomar con tiempo medidas de ajuste laboral adicionales a las que ya permite la reforma laboral para evitar despidos.

En 2012 la reforma laboral inspirada en la vecina Alemania puso en manos de las empresas altas dosis de flexibilidad para evitar extinciones de empleo basadas, fundamentalmente, en los recortes de sueldo, opción que utilizaron para generalizar esos recortes en España. Ahora, los agentes sociales han propuesto al Gobierno recuperar la senda del crecimiento salarial -subidas de hasta el 3% en tres años- y negociar nuevas opciones para poder reducir de forma temporal la jornada sin que los trabajadores pierdan su renta. ¿En qué espejo se miran? De nuevo, Alemania. La CEOE y los sindicatos UGT y CC.OO. quieren copiar su «kurzarbeit», un modelo que abre la puerta a esos recortes de jornada de forma temporal, y acompañarlo de una prestación que recibe el trabajador, que en su mayor parte sufraga el Estado y que no computa para su prestación por desempleo. El recurso a esta opción es lo que ha permitido a Alemania mantener su envidiable bajo nivel de desempleo.

¿Qué ha supuesto este modelo en Alemania? La cultura laboral de este país se gestó tras la II Guerra Mundial, cuando tuvo que enfrentarse a fuertes ajustes en salarios y jornada para salir del bache. Ahora, cuando una fábrica debe limitar producción por una caída en la demanda, se abre la posibilidad de suspender temporalmente los empleos excedentes, dejando así que los trabajadores mantengan su puesto en espera de una recuperación del mercado. Los ERE de extinción apenas se aplican en Alemania, cuyo modelo se asemeja más a los ERE temporales, aunque su tramitación es mucho más ágil que en España.

Mientras se produce la suspensión temporal de empleo, la Administración alemana se hace cargo del grueso de los sueldos de los empleados y los trabajadores aprovechan para realizar cursos de formación para adaptar sus capacidades al mercado laboral. Lo contrario que en España, más pendiente del subsidio que del reciclaje. La reducción temporal de la jornada puede llegar hasta los 24 meses, a cambio de no despedir a nadie y los empleados percibir el 60% de su renta neta como norma general o el 67% si tiene hijos. El resto del sueldo lo paga el Estado, en lo que aquí en España llamamos paro. Los seguros sociales son igualmente repartidos entre empresas, trabajadores y Estado. Y todos estos expedientes tienen que ser consensuados entre la patronal y los sindicatos. Si no existe acuerdo entre las partes negociadoras, no hay «kurzarbeit». Y si no existe comité de empresa, ni acuerdo colectivo por el que se pacte esta medida, el empresario puede llegar a pactos individuales con los empleados.

La herencia de Schröeder

Estas formas de flexibilidad comenzaron a aplicarse en Alemaniatras la recesión vivida en 2003, cuando el canciller Gerhard Schröeder impulsó la «Agenda 2010», un paquete de reformas estructurales que recuperaron la competitividad para la economía alemana. En la flexibilidad, en todas sus acepciones, no solo las salariales, está la clave de su sistema de relaciones laborales. Altas dosis de flexibilidad «heredadas» por España que permitieron también en nuestro país taponar la sangría del paro y encarrilar el empleo a la senda del crecimiento. España remontó el vuelo tras comenzar a aplicar la reforma laboral en 2012. Hizo posible que con crecimientos del 1% la economía comenzara a crear trabajo. En 2014 España ya creció un 1,4% y desde ese año el alza no ha bajado del 3%. Cada ejercicio se han generado en torno a medio millón de puestos de trabajo y la tasa de paro es ahora del 16,74%... y en Alemania del 3,4%.

De lo que se trata es de «evitar despidos, contribuir a la viabilidad de empresas en situación de dificultad, ajustar costes laborales manteniendo el empleo y fomentando la formación para el empleo. A la vez, promover modelos de flexibilidad interna pactada, frente a la flexibilidad externa basada en la temporalidad y extinción del contrato como forma de ajuste al ciclo económico», aseguran desde la patronal y los sindicatos. Ahora solo falta que el presidente del Gobierno recoja el guante.