Los juegos de quedarse en casa

Empresas y gobierno británico fomentan el teletrabajo para evitar el colapso de las infraestructuras de transporte durante los JJ.OO. de Londres

borja bergareche
londres Actualizado:

Cada Olimpiada vive inevitablemente a la sombra de las anteriores, y Londres 2012 encuentra cada vez más dificultades en establecer sus referencias. Las autoridades se esfuerzan por evitar la etiqueta de «los Juegos de la austeridad», una comparación obligada ante la alargada y suntuosa sombra de Pekín 2008. El director de cine británico Danny Boyle dispondrá «solo» de 32 millones de euros para la ceremonia inaugural —y eso después de que el Gobierno doblara hasta los casi cien millones la partida para las ceremonias—, frente a los 70 millones que China puso en manos del también cineasta Zhang Yimou para aquel delirio masivo de tambores y pirotecnia. Boyle intenta disfrazar la humildad impuesta por la crisis aferrándose al antecedente de los juegos de Sydney 2000, «unos maravillosos juegos del pueblo». Pero, cada vez más, es el fantasma de Atlanta 96 el que va apoderándose de los titulares.

Aquella edición de los Juegos Olímpicos pasó a la historia por el caos circulatorio que reinó, que hizo que muchos atletas no pudieran ser transportados a tiempo a algunas de las competiciones. Ahora, las autoridades británicas parecen estar recurriendo a su habitual estrategia de bajar las expectativas y elevar las alarmas ante unos problemas de posible congestión que nadie niega.

Un estudio reciente de Inrix, una empresa de servicios de información de tráfico, alerta contra una probable «tormenta perfecta de tráfico», especialmente en el primer fin de semana después de la ceremonia inaugural del 27 de julio, que coincide con el final de las clases y el inicio de las vacaciones de verano. El inicio de los Juegos supondrá, así, un «factor de choque» para la ciudad.

Los británicos, escépticos por naturaleza, no muestran por ahora pasión alguna por un evento deportivo que puede convertir sus vidas en pesadilla. Según un sondeo de ComRes para la cadena ITV News de mediados de enero, solo un 32% de los británicos está «entusiasmado» con los Olimpiadas, frente a un 54% que, por ahora, no muestra entusiasmo alguno.

Las autoridades de transporte londinense llevan seis años preparándose para la llegada de 21.000 periodistas y fotógrafos acreditados y 10.500 atletas, y para los desplazamientos diarios de unos 800.000 visitantes adicionales y 55.000 miembros dela «familia olímpica». El alcalde de Londres, Boris Jonson, ha rechazazo los escenarios de terror: «Muchos dicen que Londres será una ciudad carísima y atascada dominada por limusinas de burócratas olímpicos disparando spray a las multitudes de londinenses», dijo en diciembre. «Yo creo que, cuando terminen, recordaremos estas ansiedades como aquel error del milenio que nunca se materializó». El objetivo de las autoridades, según nos explican en el departamento de Transportes del ayuntamiento, es reducir en un 30% la demanda habitual sobre la red de transporte mediante alternativas y medidas de flexibilidad. Destaca entre estas últimas la llamada a empresas y ministerios a fomentar que sus empleados trabajen desde casa.

La segunda semana de febrero supuso el primer gran ensayo de este «teletrabajo» impuesto por los Juegos. La Administración puso en marcha la llamada «operación cambiar el paso», y mandó a miles de funcionarios a trabajar desde casa durante siete semanas a modo de «prueba de estrés», para poder comprobar el impacto de descentralizar sus empleados para aliviar las redes de transporte. «En todos los ministerios, estamos haciendo planes para cambiar el 50% de los desplazamientos, viajes de trabajo, entregas y transportes de mensajería durante los Juegos», explicó el ministro de la Presidencia, Francis Maude.

En el sector privado, la compañía telefónica O2 mandó a un cuarto de sus 12.000 empleados a casa el pasado día 8 para poner a prueba sus sistemas. La sede de la empresa está situada a escasos kilómetros de las instalaciones donde se realizarán las pruebas de remo.

Soluciones al colapso

Las autoridades insisten en que los Juegos afectarán solo al 35% de las estaciones de metro de Londres —la capital alberga 27 de las 37 sedes olímpicas de los Juegos 2012— y al 30% de la red terrestre. Pero han preparado varias medidas de choque como la creación de 4.000 nuevos puntos de utilización de bicicletas públicas compartidas, cortes de tráfico en la llamada «red de carreteras olímpicas» (afectarán al 1% de las carreteras de la ciudad) y una terminal temporal en Heathrow pensada específicamente para los tres días después del final de los Juegos el 12 de agosto, con el objetivo de facilitar la salida ordenada de los participantes. Pero algunas voces se muestran escépticas ante unos juegos que costarán más de 11.000 millones al contribuyente. «Si la experiencia es gastar miles de millones solo para ver cómo los BMW de los dignatarios atraviesan la ciudad, creo que generará una mala impresión», asegura Matthew Sinclair, director del grupo de defensa del consumidor TaxPayer Alliance.