Un avión de Lufthansa despega del aeropuerto de Fráncfort (Alemania)
Un avión de Lufthansa despega del aeropuerto de Fráncfort (Alemania) - EFE/Mauritz Antin

La Izquierda alemana quiere nacionalizar las aerolíneas

El vicepresidente de su grupo parlamentario, Bernd Riexinger, añade a los sectores que también deben permanecer bajo custodia estatal el energético y el transporte por carretera y ferrocarril

BerlínActualizado:

El hecho del que el partido ecopacifista alemán Los Verdes haya llegado a la cabeza de las encuestas de intención de voto con un 27% en junio, por delante incluso de la CDU de Merkel, que cuenta con el 26%, está teniendo como consecuencia que el resto de los partidos políticos alemanes cambien de chaqueta a toda prisa y se decanten por tonos más verdes en sus discursos.

Sorprende por ejemplo la versatilidad del presidente de Baviera, Markus Söder, de la CSU, otrora escéptico del cambio climático y hoy impulsor de una agenda de lucha por el clima que incluye desde la prohibición de las bolsas de plástico desechables hasta el abaratamiento de los billetes de tren, pasando por el abandono total de la energía procedente del carbón en 2030, la plantación de 30 millones de árboles y un vistoso referéndum sobre la protección a las abejas.

En esta carrera por la bandera verde, cada partido deja ver sus particulares querencias. Los socialdemócratas del SPD apoyan el movimiento Fridays for Future, liderado por la sueca Greta Thunberg y que arrastra a millones de adolescentes europeos a faltar a clase los viernes para manifestarse a favor del clima. Los cristianodemócratas de Merkel, por la vía oficialista, han impuesto en la gran coalición la creación de un gabiente de ministros específicamente dedicado a este punto, renovando la validez de la cita atribuida a Napoleón: «Si quieres que algo se demore eternamente, crea una comisión». Pero sin duda la más llamativa de todas las propuestas es la de Die Linke (La Izquierda), un partido minoritario formado por los excomunistas de la RDA reciclados a la democracia y la escisión del ala más izquierdista del SPD. El vicepresidente de su grupo parlamentario, Bernd Riexinger, defiende que la solución pasa pornacionalizar las aerolíneas, a las que considera culpables de la mayor parte de emisiones de gases contaminantes.

«La propiedad de las aerolíneas debe ser estatal», defiende en las tertulias veraniegas, «una actividad económica que puede tener consecuencias sociales y medioambientales tan dramáticas no puede estar impulsada por el mercado, no puede seguir siendo una actividad no regulada». A los sectores que también deben permanecer bajo custodia estatal, Riexinger añade el energético y el transporte por carretera y ferrocarril. «Los billetes de avión se han vuelto irresponsablemente baratos y el número de vuelos que soporta el planeta se ha vuelto insostenible», argumenta, «y eso es debido al hecho de que las aerolíneas hayan sido privatizadas». Sostiene que «el transporte aéreo estaba mejor regulado cuando pertenecía al ámbito público y la competencia salvaje entre las aerolíneas privadas están causando estragos en el empleo y en el clima».

El argumentario de una corriente de opinión que lentamente cobra fuerza en Alemania se sostiene sobre datos como que solamente 100 empresas son responsables del 71% de las emisiones de CO2 que dañan el clima en todo el mundo, lo cual apunta que, tomando el control sobre este número reducido de agentes económicos, buena parte del problema quedaría solucionado. Y entre ellas se incluye el hasta ahora poderoso sector automovilístico alemán. «Consideremos a las compañías automotrices que han engañado al estado y a la sociedad para que continúen vendiendo sus productos con una alta ganancia. No pueden justificar eso con el mantenimiento de sus empleos. Hemos de reconocer algo: nuestra industria de transporte ha fracasado totalmente», denuncia Riexinger.

No es el primero, en todo caso, que señala en esta dirección. El jefe de las juventudes socialdemócratas del SPD, Kevin Kühnert, a quien no pocos analistas conceden un papel protagonista en el proceso de renovación de la directiva que acaba de emprender el partido, defiende abiertamente la necesidad de nacionalizar empresas como BMW. Kühnert defiende que «sin colectivización, superar el capitalismo es inconcebible» y llama a una política de expropiaciones que incline la balanza a favor de la propiedad pública de las empresas. La primera vez que hizo en público esta propuesta, a principios del pasado mes de mayo, la directiva del SPD se le echó encima y reafirmó la adhesión sin fisuras del partido a la economía social de mercado alemana. Pero desde entonces hasta ahora esa directiva ha desaparecido y el SPD se halla en un proceso de primarias en el que lo único que está claro es que las posiciones mantenidas hasta ahora no sirven en el nuevo escenario de política líquida y multipartidista del siglo XXI.

La lucha contra el clima, primera preocupación de los alemanes según las encuestas, ampliamente por delante de la economía o el terrorismo, justifica para Los Verdes, por supuesto, la regulación del mercado del transporte aéreo. Este partido propone la limitación de vuelos por año que puede realizar cada ciudadano y la creación consiguiente de un mercado de opciones de vuelo en el que, si yo no realizo tantos vuelos como se me permite, pueda vender a otro pasajero mis opciones.

Este tipo de regulación tendría inevitablemente consecuencias para los países en los que el sector turístico tiene gran peso en el PIB, como España. En este debate público, la protección del clima toca también otros importantes campos de la política internacional, como la seguridad y las fronteras. Riexinger exige también una extensión de los derechos de los refugiados a los refugiados climáticos, asegurando que «debemos comprender cuán seriamente el cambio climático ya ha devastado el mundo, y eso, por supuesto, también implica la fuga de millones y millones de personas».