En la imagen, el primer ministro italian, Mateo Renzi
En la imagen, el primer ministro italian, Mateo Renzi - EFE

Italia busca la salvación de su banca con ayudas públicas

El Gobierno analiza fórmulas admitidas por Europa para evitar una situación explosiva

ANGEL GÓMEZ FUENTES
CORRESPONSAL EN ROMAActualizado:

Con mis 15.000 euros en acciones del banco Monte Paschi dei Siena (MPS) hoy no pago ni siquiera un café». Esta es la historia que contaba ayer al periódico «Libero», en su primera página, un pensionista empobrecido, quien jamás hubiera imaginado que la banca más antigua del mundo, nacida en 1472 como monte de piedad, el tercer grupo bancario italiano por número de filiales, podía un día verse al borde la quiebra. Hoy sus acciones se cotizan a 0,279, casi al mínimo histórico, habiendo perdido el 77,31% desde comienzo del año, y con una capitalización ridícula: 819 millones.

Ha habido situaciones más dramáticas, incluso suicidios. La protesta de miles de damnificados llegó hasta Roma y el gobierno de Matteo Renzi, para evitar que creciera la alarma social salvó el pasado año de la quiebra a cuatro bancos: Carife, Banca Marche, Carichieti y Banca Etruria. Al menos 130.000 pequeños accionistas, más otros 20.000 suscriptores de obligaciones subordinadas perdieron 1.200 millones.

Con estos datos se comprende que el gobierno italiano haga los máximos esfuerzos para evitar una situación que puede ser explosiva, porque la banca italiana tiene en sus balances 350.000 millones en créditos deteriorados. «Parece más cercano el acuerdo entre el gobierno y las instituciones europeas sobre la recapitalización de los bancos con la intervención del Estado», afirmaba ayer «Il Sole 24 Ore». El gobernador de la Banca de Italia, Ignazio Visco, afirma sin rodeos: «La intervención pública en los bancos no puede ser excluida». Con prudencia, el ministro del Tesoro, Pier Carlo Padoan, subraya: «Hay que explorar todas las modalidades de intervención pública admitidas por las reglas europeas sobre las ayudas de Estado».

Flexibilidad

Diversos medios destacan que Italia puede aprovecharse de algunos «elementos de flexibilidad» introducidos en la normativa que impide las ayudas públicas a la banca: Existe una deroga introducida «para no poner en peligro la estabilidad financiera». Parece obvio que ese riesgo existe en muy alto grado, hasta el punto de que el BCE, por boca de su vicepresidente Vitor Constancio, y el FMI, mediante Christine Lagarde, han pedido que «la UE sea flexible en las ayudas de Estado». Otra ayuda significativa para Italia la ha dado «The Economist», que d edica la portada a la crisis de la banca italiana, simbolizada en un autobús al borde de un gran precipicio. El semanario británico considera que la respuesta adecuada es permitir las ayudas públicas, para evitar mayores riesgos en la eurozona: «Si los italianos pierden la confianza en el euro, la moneda única no sobrevivirá».

Pero frente a estos apoyos al gobierno italiano, Alemania y el halcón holandés, Jeoren Dijsselbloem, dicen a Renzi que Italia debió hacer la recapitalización en su momento, como hicieron otros países, entre ellos España, porque ahora hay reglas más severas. Renzi respondió esta semana atacando a Alemania: El riesgo para la eurozona –dijo Renzi- no está en los créditos deteriorados, sino en los derivados de Alemania, en particular del Deutsche Bank, un peligro que han resaltado también el FMI y la Reserva Federal.