LA SEGUNDA ERA DE LAS MÁQUINAS

La inteligencia artificial impulsa a la economía a su mayor revolución

Esta tecnología ya está presente en casi todos los sectores y los expertos auguran que irá destruyendo empleo redundante de forma progesiva

MadridActualizado:

La economía burbujea al calor de un nuevo fuego de potencia aparentemente infinita. Y aunque a muchos les suene a ciencia ficción, es más real que nunca. Se trata de la inteligencia artificial, que tras años de barbecho ha explosionado al fin gracias al almacenamiento y la gestión de millones de datos. Los robots capaces de pensar como humanos lograrán que el PIB mundial tenga en 2030 un incremento adicional de 15,7 billones de dólares, 6,6 de los cuales se generará como consecuencia del incremento de la productividad y 9,1 billones por el mayor consumo, según los cálculos de la consultora Pwc. Pero además, cambiarán (o están cambiando) nuestra forma de trabajar, comunicarnos y hasta divertirnos. En definitiva, nuestra forma de vivir.

Y es que hablar del coche autónomo, sistemas de reconocimiento de voz, diagnósticos de enfermedades gracias a complejos algoritmos o de la banca a golpe de «clic» no resulta ya disparatado ni futurible. De hecho, las máquinas ya han asumido algunas de las tareas más repetitivas de los trabajos, como la revisión de documentación en bufetes de abogados y la distribución al departamento adecuado de los millones de correos de clientes que llegan a las empresas. El talento humano puede dedicarse así a tareas de mayor valor.

El caso de Microsoft

Ejemplo del nivel de aprendizaje que está adquiriendo la inteligencia artificial es el desarrollo por parte de Microsoft de un sistema de comprensión lectora que ganó a un equipo formado por personas en las pruebas de Stanford (SquAD), unas de las más complejas del mundo en esta materia. La aplicación comercial de esta solución es inmensa. Y ya pasó con éxito su primera prueba: el pasado Día del soltero en China, las respuestas a las consultas generadas por millones de clientes se realizaron mediante una tecnología similar, de tal forma que los usuarios obtuvieron un gran nivel de atención sin la necesidad de emplear a miles de profesionales de forma puntual.

La buena noticia es que España se encuentra en un nivel de implantación muy competitivo. Aún lejos de Estados Unidos, China, Rusia y Japón, líderes indiscutibles, pero en una buena posición de partida con respecto a los socios europeos. «En España la inteligencia artificial es ya una realidad. Está presente en todo el mercado nacional, en absolutamente todos los sectores y proyectos. Es un tren imparable», asegura José Ángel Alonso Cuerdo, director de Data Analitics e Inteligencia Artificial de KPMG.

Telefónica, por ejemplo, lanzará en octubre «Movistar Home», un dispositivo basado en el asistente virtual con inteligencia artificial de la compañía, Aura, que permitirá al usuarios cambiar de canal, consultar la programación y recibir sugerencias solo con la voz, así como gestionar la domótica. Por otro lado, Telefónica usa en México la atención al cliente basada en inteligencia artificial de Aivo, que ya atiende el 80% de las consultas de sus clientes, de forma que solo el 20% son atendidas por humanos.

658 proyectos

La financiación de proyectos de inteligencia artificial a nivel global está creciendo año a año de manera exponencial. Si en 2012 apenas se cerraron 160 operaciones por un montante inferior a los 600 millones de dólares, en 2016 se financiación 658 proyectos con más de 5.000 millones.

La mayor parte de esos recursos económicos están sufragando desarrollos de robots inteligentes y asistentes virtuales en el campo del consumo, las industrias del transporte y las farmacéuticas y la salud y la inteligencia empresarial y el marketing en el entorno de las empresas.

Pero, ¿por qué esta tecnología ha tardado en florecer? Cuando apareció el término de inteligencia artificial en los años 50, se tenía acceso a una cantidad muy limitada de datos, y por ello, esta tecnología no evolucionó con la velocidad que se preveía. El éxito de la cultura del dato, esto es, que las empresas apostaran estos años atrás por unificar y gestionar los datos, tanto de clientes como de sus procesos, que tenían en su poder, ha dado alas a la inteligencia artificial, permitiendo evolucionar a capacidades que habían permanecido dormidas durante décadas. «Estas tecnologías requieren de una gran magnitud de información para que los algoritmos puedan ejecutarse y así obtener un resultado cercano a la realidad», asegura Javier Barguñó, socio responsable del área de Big Data y Analytics de Pwc.

Efecto sobre el empleo

Pero, como en todos los caminos, también hay sombras en la llamada segunda era de las máquinas. Ningún negocio o sector será inmune a los efectos de la inteligencia artificial y su impacto en la productividad será tan acusado que millones de trabajos se encuentran en jaque. No obstante, según el informe «¿Nos robarán el trabajo los robots?», de la misma consultora, la inteligencia artificial no impactará significativamente en el mercado de trabajo español hasta más allá del año 2030. «Sus repercusiones serán muy livianas a principios la década de 2020, en la que solo un 3% de los empleos podrían estar en riesgo por la automatización. Un porcentaje que aumentará hasta el 21% a mediados de los años 20 y hasta el 34% a partir de 2030», aseguran.

Y es que la adopción de tecnologías de inteligencia artificial va a significar, probablemente, la desaparición de aquellos puestos de trabajo que puedan ser redundantes pero, también, va a suponer la creación de otros, como consecuencia de los aumentos de productividad y de las nuevas demandas de los consumidores. «La revolución es ciernes liberará un montón de recursos y habrá que buscar la manera de reconvertirse y adaptarse. La actitud proactiva frente al cambio va a ser determinante. Porque surgirán nuevas profesiones, no sólo tecnológicas. Las ganancias de productividad nos permitirán liberar horas de trabajo, que ahora podremos destinar a nuevas actividades de ocio. Estoy convencido de que esta tecnología nos conducirá a un mundo mejor», concluye Barguñó.

Impacto indeseado

El consejero delegado de Eigen Dynamics, empresa especializada en la aplicación de la robótica, se muestra más cauteloso: «Desde el punto de vista del empleo esta revolución no va a ser tan positiva. La parte buena es que vamos a crear otra sociedad, seguramente más eficiente, segura y justa. Pero vamos a tener que reinventarnos de una manera muy profunda. En unos cuantos años el coche autónomo será una realidad y el impacto tanto para los conductores como para los fabricantes de automóviles será incuestionable», afirma.

La cualificación será, por tanto, fundamental. «A un nuevo perfil de trabajadores, creativos y centrados en desarrollar y determinar la mejor forma de aplicar la inteligencia artificial, se unirá otra clase de empleos relacionados con el mantenimiento, el funcionamiento y la regulación de estas tecnologías emergentes. Por ejemplo, para gestionar la circulación de los vehículos autónomos en las carreteras será necesaria una figura equivalente a la del controlador aéreo. Los servicios logísticos de entrega inmediata, los de empaquetado y almacenamiento también acabarán con la creación de nuevos puestos de trabajo tanto para los robots como para las personas. Y otros tantos que ni siquiera podemos imaginar», reza el informe de PwC.

Y es que toda gran transformación de la humanidad causa un debate. «Se cierran unas puertas pero se abrirán otras. Pero el ser humano ha demostrado en sobradas ocasiones que, si de algo no le falta, es capacidad de adaptación», concluye Alonso Cuerdo.