Ciclo «TopView» Europa

La inmigración, una esperanza para las sociedades envejecidas de los países de la UE

Los participantes en el segundo acto del ciclo «TopView Europa», moderado por Giuseppe Tringali, debatieron sobre inmigración y demografía en la Casa de ABC. Todos coincidieron en los efectos positivos que la inmigración, cuando es sostenida por la inmigración y el respeto a los valores constitucionales, puede tener para los países de la UE

Madrid Actualizado: Guardar
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El auge de los partidos de derecha radical en la Unión Europea (UE) y el desafío que la cuestión está suponiendo para los países miembros evidencian que, en los próximos años, el debate sobre la inmigración ocupará un lugar central en la agenda política de Bruselas. Al tanto de ese desafío, y con el deseo de poner una nota de conocimiento y moderacón en ese asunto, el segundo acto del ciclo TopView Europa se ha celebrado en ABC.

En la mesa redonda dipuesta para la cita, varios expertos compartieron sus puntos de vista sobre inmigración y su vinculación a la demografía. Así, en la sede de este periódico, se encontraron Fátima Báñez, exministra de Empleo; John de Zulueta, presidente del Círculo de Empresarios; Rafael Puyol, Presidente del Patronato de la IE Universidad de Segovia, y José María Fidalgo, ex secretario general de Comisiones Obreras. La conversación fue coordinada por Giuseppe Tringali, vicepresidente del Consejo Asesor Internacional del IE Business School, impulsor de la reunión y moderador.

Tringali inició el debate recordando que el tema que se iba a abordar ese día era el«más conflictivo». Puyol habló primero. El demógrafo puso los cimientos para el debate posterior, haciendo un retrato de la situación que atraviesan los países de la UE. «Los niveles de natalidad son muy bajos -subrayó-, y el segundo inconveniente es que el envejecimiento, que es una conquista social, no es un fenómeno neutro, porque plantea desafíos». En conexión con esos dos puntos, «la inmigración compensa los crecimientos negativos de la población en los países europeos». Por tanto, aunque «sin convertirla en la única solución», supone un «fenómeno positivo, que ayuda a remediar los problemas del envejecimiento». En la línea de esa visión optimista, Puyol afirmó: «Los inmigrantes han contribuido al desarrollo de nuestras sociedades». Y tuvo palabras de alerta para los problemas que una lectura adversa de esa realidad puede provocar en terreno político.

Auge del extremismo

«Hay sociedades -lamentó Puyol, terminando su intervención con una advertencia- que tienen comportamientos de cierto rechazo, cuando no de xenofobia, ante la inmigración. En estos últimos años, formaciones de derecha o de centro derecha se están sumando a todas esas actitudes».

Como exministra de Empleo y política curtida, Báñez recogió el testigo y aportó su visión sobre las grietas que la inmigración parece estar abriendo entre y en el interior de los países de la UE, donde el auge de nuevos partidos -como la Liga Norte en Italia- o el crecimiento de algunos más antiguos -el Frente Nacional en Francia- son fenómenos vinculados a la efervescencia de ese debate.

«Va a haber 200 millones de migrantes en el año 2050 debido al cambio climático y a la desertización, o a la huida de guerras y la persecución de minorías», arrancó la exministra. «La respuesta, resolvió, tiene que ser inteligente. No podemos poner puertas al campo. Tenemos que considerar las migraciones como una gran oportunidad y ver las cosas de manera constructiva». Con la firme convicción de que los países donde nace la inmigración necesitan ayuda para mejorar su situación -«hay que enseñarles a pescar»- y de que no debe hacerse «categoría de la anécdota», es decir, hablar de criminalidad disparada por culpa de episodios puntuales, Báñez recordó: «Soy andaluza, de Huelva. Allí, hay pueblos de 15.000 habitantes donde conviven más de 100 nacionalidades distintas». Por tanto, contemplándose ejemplos vivos donde la convivencia es posible, concluyó: «Tenemos que hacer una política consensuada, cooperativa en Europa. Tiene que ser ordenada, legal y vinculada a la buena integración. Los debates en caliente, muy polarizados, no contribuyen a dar una respuesta acertada».

Sin Plan Marshall

Tringali dio paso al siguiente asistente, no sin antes matizar la diferencia entre un refugiado, al que mueve una necesidad humanitaria, y el inmigrante económico. Hasta ese momento, el debate transcurrió en tono optimista, pero Fidalgo aportó la nota crítica: «Lo que ha dicho Fátima sobre ‘enseñar a pescar’ en los países de origen no va a ser posible. Ningún Plan Marshall puede funcionar para África. Si se aplicó en Europa, fue porque el continente, después de dos guerras, mantuvo sus instituciones. Pero, ¿qué instituciones van a garantizarlo en los países africanos?». El ex secretario general de CC.OO. lamentó que, allí, «la corrupción y los régimen autoritarios» impiden que suceda.

Y, sabiendo que, al menos durante un tiempo, los países de derecha radical con un discurso migratorio duro seguirán dominando el tablero político, Fidalgo apostilló: «La función de los expertos va a ser templar los discursos extremos. No solo en España, sino en Reino Unido, con el Brexit, o en Brasil». Así, concluyó, citando a Jean-Claude Juncker: «Como ha dicho un señor muy importante que todavía preside la Comisión Europea, todos sabemos lo que hay que hacer. El problema es que, si lo hacemos, ¿quién nos garantiza que ganaremos las próximas elecciones?». Era imposible no acordarse de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, a la que su política favorable a la acogida de refugiados -un millón llegaron allí de 2015 a 2017- le costó su debilitamiento en las urnas y una grave crisis interna en su partido, que tuvo que contemplar el auge, por su derecha, de los eurófobos de Alternativa para Alemania.

La revolución digital

Tras quedar claro que la inmigración es un fenómeno que va a cesar en las próximas décadas y que no tiene que ser necesariamente negativo, llegó el turno de palabra para De Zulueta. El presidente del Círculo de Empresarios hizo hincapié en varios puntos. Primero, en diferenciar las dos grandes olas migratorias que han llegado a España: la de los procedentes de Iberoamérica, que se integran con facilidad gracias a la lengua común y la cultura similar, y la de África, que a veces ofrece más complicaciones en ese aspecto. Luego, en el impacto que la revolución digital está teniendo sobre el mercado de trabajo, donde cada vez se requieren más perfiles con conocimientos en programación o en inteligencia artificial.

En ese sentido, Báñez cerró el círculo, explicando: «Uno de los problemas de la sociedad europea es que el fenómeno de la globalización, unida a la revolución digital, ha producido en el mundo laboral y en las clases medias de esos países un gran temor a su futuro próximo». Y, de ahí, el auge del extremismo, que parece alimentarse del miedo de los ciudadanos.