Una imagen de archivo de una mujer fumando un cigarrillo electrónico
Una imagen de archivo de una mujer fumando un cigarrillo electrónico - EFE

La industria del tabaco inicia un controvertido cambio de aires

Las empresas apuestan por nuevas tecnologías para combatir la caída de ventas, pero los expertos dudan de que sean menos nocivas

MadridActualizado:

El año pasado se vendieron en España 2.231 millones de cajetillas de tabaco, menos de la mitad que las despachadas en 2008, más de 4.500. Aunque el desplome se ha atemperado en los últimos años, el consumo de tabaco ha sufrido un notable retroceso que empuja a la industria a tratar de cambiar el paso y buscar nuevas estrategtias de negocio.

Esta misma semana, Philip Morris International (PMI) presentaba en el mercado español la nueva generación de tecnología para el calentamiento de tabaco: IQOS 3 y IQOS 3 Multi. Desde que lanzasen en España este dispositivo a finales de 2016 ya han vendido 175.000 unidades y se ha marcado como objetivo que al menos el 30% del total de sus ventas provengan de esta categoría en 2025. IQOS es el resultado de 15 años de investigación y 4.000 millones de euros invertidos a nivel internacional. «IQOS es un dispositivo innovador que elimina la combustión. No es un cigarrillo electrónico sino que calienta tabaco. No es inocuo ni está destinado a dejar de fumar. El aerosol que libera contiene un 90% menos de sustancias nocivas que un cigarrillo normal. Pensamos que esta es una mejor opción para los fumadores», explicó en la presentación del nuevo producto Enrique Jiménez, el recientemente nombrado director general de Philip Morris para España y Portugal. «Estoy aquí para acelerar los resultados, estamos en un camino sin mapa. Existe escepticismo en este campo. Nosotros proponemos soluciones y estamos abiertos al diálogo con todos los que nos quieren ayudar», resaltó en su intervención.

Alerta de Sanidad

IQOS son las iniciales en inglés de la expresión «I Quit Ordinary Smoking» (Dejo el tabaco convencional) y no es el único dispositivo que está en el mercado de estas características, aunque sí el mejor posicionado en España. También existe Glo, desarrollado por British American Tobacco (propietaria de marcas como Lucky Strike o Dunhill), con menor presencia en España, y Ploom Tech, lanzado por Japan Tobacco International (JTI), la dueña de Camel y Winston, aunque todavía no se vende en nuestro país. Mientras que estas grandes compañías invierten miles de millones en esta tecnología son muchas las dudas que existen sobre el producto desde el punto de vista sanitario.

El Ministerio de Sanidad ha publicado recientemente un informe sobre el tabaco por calentamiento (PTC), donde alerta a las comunidades autónomas de tratarse de productos «peligrosos para la salud». Según dicho informe, «no hay evidencia científica para afirmar que los PTC sean menos nocivos para la salud que los productos de tabaco convencional».

Entre enero de 2017 y julio de 2018, las ventas de estos productos se multiplicaron por nueve a pesar de que se ha producido un ligero descenso mantenido de las ventas de productos de tabaco convencionales en los últimos años. En España están regidos por la Ley 28/2005 de medidas sanitarias frente al tabaquismo, y reguladora de la venta, suministro, consumo y publicidad de los productos del tabaco, con los mismos requerimientos que el resto de productos tabáquicos en cuanto a restricciones en su venta, promoción, publicidad y patrocinio, y en relación a los espacios en los que está prohibido su consumo.

Sanidad, después de enfrentar las investigaciones de las compañías responsables de estos productos con estudios independientes, destaca la necesidad de realizar más estudios, insistiendo en que la evidencia para promocionar los PTC como estrategia de reducción de daños es «débil e inconsistente» y «parece responder únicamente a objetivos comerciales».

Los expertos dudan

Ignacio de Granda Orive, experto en Tabaquismo de NeumoMadrid, comparte con ABC sus dudas sobre este producto: «El tabaco, en vez de quemarse, se calienta a unos 350º y dicen que al no convulsionar es menos nocivo que un cigarro. Es adictivo, porque lleva nicotina, y algún tipo de sustancia cancerígena sí elimina, pero a su vez liberan partículas que pueden ser nocivas». Cree que existen pocos estudios independientes al respecto y que lo mejor no es cambiar del cigarrillo tradicional por este otro sino «dejar de fumar a través de la terapia sustitutiva o multicomponente».

Como experto en tabaquismo insiste en la importancia de transmitir el efecto nocivo del tabaco, «que fumar no sea lo normal». El aumento del precio del tabaco y las restricciones para fumar en lugares cerrados han tenido su efecto. «En 1988 casi el 50% de los hombres fumaba y ahora el porcentaje es un 27%». En cuanto a las mujeres, «se incorporaron más tarde, aumentó en el 2.000 y ahora se mantiene, no baja».