Impuestos para pensiones: penalizar a quien se quiere proteger

Un gravamen a la banca, las tecnológicas, las eléctricas o al sector del automóvil no soluciona el problema porque, como se va a ver, el núcleo de este asunto reside en torno al empleo

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En los tenistas expertos el 80% de los puntos son ganancias, mientras que en los principiantes el 80% son pérdidas. Esta es una regla que se aplica a casi todos los ámbitos de la vida, entre otros a la inversión. Se dice que los inversores aficionados deberían centrarse en evitar los errores, en tanto que los especialistas deberían ocuparse en realizar grandes movimientos.

La idea de imponer un impuesto a la banca, en forma aún por determinar, para solucionar el déficit en las pensiones es más propia de principiantes que de expertos. Un experto haría girar su estrategia en torno a la palanca que mueve todo lo demás, la creación de empleo. Ese es el punto sobre el que pivota el desfase en las pensiones. Toda buena estrategia consiste en encontrar el punto sobre el que construir todo lo demás, es decir, una política guía para superar los obstáculos identificados y un plan de acción coordinado.

Un impuesto a la banca, las tecnológicas, las eléctricas o al, por cierto muy subvencionado ya, sector del automóvil no soluciona el problema porque, como se va a ver, el núcleo de este asunto reside en torno al empleo y no en los impuestos.

El gasto en pensiones depende de:

La demografía, que es mayor cuando el grupo de edad correspondiente es más numeroso comparado con la población en edad de trabajar, es decir, aumenta la tasa de dependencia

-Mercado de trabajo, cuanto menor es la población en edad de trabajar que tiene un empleo, menor será el PIB y mayor el gasto en pensiones.

-La tasa de sustitución, mide el porcentaje de cobertura que tienen las pensiones sobre el sueldo antes de la jubilación. Cuanta más elevada sea la tasa, menor pérdida de poder adquisitivo se produce con la jubilación. Si la tasa de sustitución fuese del 100%, se cobraría el 100% de los ingresos anteriores en activo. En España, con un salario medio, está en el 82%; en la Unión Europea, en el 59%. Cuanto mayor es esta tasa, mayor será el gasto en pensiones.

Los ingresos de las pensiones dependen de:

-Las cotizaciones sociales, contribuciones obligatorias a la Seguridad Social que han de ser pagadas por los empresarios y por los trabajadores. Suponen un 85% del total de los recursos.

-Transferencias del Estado: cubre las pensiones no contributivas y los complementos a mínimos que desde 2013 se financian con impuestos generales.

La cuestión primordial de todo lo anterior es que el sistema público de pensiones arrastra desde el año 2007 un déficit de 18.000 millones de euros acumulados, debido al incremento de los gastos y a una ligera reducción de los ingresos.

Los obstáculos que hay que sobrepasar para solucionar este problema son los siguientes: la población en edad de jubilarse presionará al alza el gasto. La población mayor de 67 años, que representaba un 10% de la población total a principios de los años 80, supone hoy más del 16% y aumentará a más del 30% en el 2040; bajará la tasa de sustitución. Sin incrementos adicionales de los ingresos del sistema se reduciría la pensión media respecto del salario medio y con ello esa tasa. Según la Comisión Europea, ese descenso sería de 20 puntos porcentuales hasta 2060. Para los ciudadanos resulta imprescindible saber qué tasas de sustitución se pretenden asegurar porque esto va a afectar a la equidad intergeneracional y también a la intrageneracional, así como al interés personal.

Está demostrado que mayor aumento de la productividad permite pensiones más altas

Para mantener la tasa actual se necesitarían aumentos del tipo de imposición o del sistema de más de 10 puntos porcentuales en el largo plazo. Las cotizaciones sociales ya tienen un nivel elevado y, si suben, perjudican la creación de empleo.

La deuda pública tiene que reducirse. Es casi del 100% del PIB y consume alrededor de 30.000 millones de euros del presupuesto cada año en intereses. Si suben los tipos de interés, como acabará ocurriendo, esta cifra será mayor.

Y, sobre todo, es sustancial aumentar empleo y productividad. Respecto al primero, si la tasa de empleo fuese del 80% frente al 56% actual, el déficit de las pensiones se reduciría un 60% y aún quedaría un desajuste de 7.000 millones de euros para financiar con fondos de los presupuestos.

La productividad sigue baja. Su tasa real promedio es del 1,6% frente al crecimiento de la pensión media del 1,8%. Está demostrado que mayor aumento de la productividad permite pensiones más altas. Aun cuando la tasa de sustitución fuese más baja, por lo que el nivel de vida de los jubilados mejoraría. También está demostrado que el aumento del consumo lleva al aumento de la productividad.

Por tanto, los grandes movimientos por hacer se encuentran en la tasa de dependencia, la tasa de empleo, la tasa de sustitución y la participación de los salarios en el PIB. El público debe conocerlo porque afecta a sus intereses y, además, como dice el estadístico Nate Silver, «el mayor riesgo que existe siempre está en aquello de lo que no se habla, no se piensa o no se está preparado para ello. Eso es precisamente lo que lo hace arriesgado».

La dimensión de este problema es tal que no se soluciona anunciando nuevos impuestos sobre los beneficios de las empresas, aunque, bien pensado, al hablar de ello ya se ha reducido ese riesgo para las compañías. Esa medida, teniendo en cuenta que gran parte del ahorro de quienes se quiere proteger está invertido directa e indirectamente en empresas, paradójicamente estaría penalizando lo que se quiere proteger. Incongruente.

Carlos Balado (Sociólogo industrial)Carlos Balado (Sociólogo industrial)