Es la hora de los empresarios de éxito

AMANCIO FERNÁNDEZ
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Es la hora de los líderes de verdad, entre ellos los empresarios. Es necesaria y urgente su ayuda, y con su «autoritas» pedir públicamente, aunque no les guste, que quienes tienen que hacerlo, Gobierno, oposición, patronal, sindicatos...actúen ya. Porque ni el Gobierno, en su contemplativa inoperancia, ni la oposición, esperando que caiga la fruta madura, son capaces de dar confianza y conjurar la especulación y los rumores. Más de un empresario, incluyendo a los de las grandes empresas, ha llamado estos días a Moncloa y a Génova para pedir fervorosamente unidad, reformas pactadas y medidas eficaces, que es la mejor forma de dar confianza y desactivar bulos. Pero de nada han servido esas llamadas visto el paupérrimo resultado de la entrevista en Moncloa del miércoles pasado. Porque al final, los que pagarán cara esta desconfianza, que ahonda y prolonga la recesión, son las empresas, los autónomos, las familias y los contribuyentes. Y ojalá también quienes desde la política no hacen sus deberes.

Y más de un empresario de éxito no se atrevió a decirles a Zapatero y Rajoy lo que privadamente opina de algunos líderes políticos. Incapaces de pactar, con culpas repartidas, probablemente no a partes iguales, ni las más elementales y urgentes medidas. Porque España es, junto con Grecia, el único país del euro en los que no ha habido, expresa o tácitamente, pactos y acuerdos de las grandes fuerzas políticas. Y ya no valen los reproches mutuos. Que el Gobierno gobierne si es incapaz de llegar a acuerdos. Y eso supone acometer reformas, proponer medidas en el Parlamento... y que la oposición haga las suyas, sin esconderlas pensando en el rédito electoral. Y que las asociaciones empresariales, cada vez más devaluadas, y los sindicatos, mirando para otro lado, acuerden arreglar el mercado laboral; y que los líderes sociales, intelectuales, universitarios... expliquen, propongan, orienten, sin silencios cómplices.

Tenemos empresas que están a la altura de los mejores del mundo. Los nombres los sabemos todos. Y son ellos los que están molestos con tanto politiqueo, tanta inacción y complacencia, porque lo están pagando y lo pagarán. Por eso ya no basta con ser buen empresario. Hay que salir a la palestra para hablar con autoridad y credibilidad. De forma individual o conjunta, pero con nombres y apellidos que transmitan confianza. Y contar nuestros éxitos, también en deportes, cultura, medicina... porque es la mejor y más rápida y eficaz imagen de España.

En todo caso, aunque no hablen, ahí están todos los que triunfan por todo el mundo. Ellos son la mejor baza para mantener la confianza en España. Pero aquí hay que acometer reformas -la lista ya se sabe-. Y hay que hacerlo ya. Sería bueno hacerlo por consenso. Urge ya arreglar nuestros grandes males: paro, déficit público y exterior, la falta de competitividad, la reconversión financiera... Es el mejor antídoto contra especuladores. Cada día que pasa aprovechan para poner a España en un brete. Y si ahora es verdad que no somos como Grecia, podemos llegar a una situación similar si no se adoptan los remedios urgentes y adecuados. Basta ya de dar aspirinas a un enfermo grave.

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