De izquierda a derecha: Sara Rodríguez, Public Policy manager de Airbnb en España; Juan Jesús García, head of Industry Affairs en la UE de Amadeus IT; Carlos Rodríguez Braun, economista y moderador del debate; y Eva Piera, directora general de Relaciones Externas de Mapfre
De izquierda a derecha: Sara Rodríguez, Public Policy manager de Airbnb en España; Juan Jesús García, head of Industry Affairs en la UE de Amadeus IT; Carlos Rodríguez Braun, economista y moderador del debate; y Eva Piera, directora general de Relaciones Externas de Mapfre - ABC

Hombre y muy bien pagado: así es el perfil de lobista en España

Pese a que la profesión gana peso, todavía permanece fuera de los comités ejecutivos

MadridActualizado:

Los lobistas mantienen una imagen oscura y opaca en la sociedad. La ciudadanía les percibe como profesionales capaces de cambiar leyes a su antojo. Y buena culpa de ello radica en que su trabajo no está regulado. Sí que existen registros (en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y en la Unión Europea) pero sin el alcance que reclaman los expertos. Luz y taquígrafos es lo que piden desde el propio sector y confían en que una normativa, que ya está en marcha, vea la luz este año. Dependerá del trámite parlamentario. Hasta entonces, acercar esta actividad al mundo dependerá de las propias organizaciones de asuntos públicos. Por lo pronto, estas ya han definido un perfil de lobista en la gran empresa española.

Hombre y con sueldo alto es el prototipo de lobista en España, según un informe recientemente presentado por Vinces en la sede de la CEOE. Un 80% de los profesionales de los asuntos públicos en la gran empresa de nuestro país son hombres, mientras que el sueldo medio en estos puestos en la escala ejecutiva es de 177.646 euros al año. Además, los responsables que lo son a nivel global ven incrementada esa cantidad hasta los 187.916 euros de media, mientras que los lobistas directores a escala europea cuentan con una remuneración de 152.999 euros anuales. Cifras más de diez veces superior al salario medio en España y que denotan la importancia del cargo.

Pese a ello, los lobistas no suelen moverse en la zona noble de las compañías. En un 60% de las empresas encuestadas, estos profesionales no forman parte del comité ejecutivo. Sin trato directo con las tareas de dirección, pese a que las entidades sí tienen en alta estima esta labor. Incluso, se percibe como «altamente estratégica» según el estudio de Vinces.

Cambio de visión

Durante la presentación de la encuesta también tuvo lugar la puesta en valor de la profesión... por parte de los implicados. Vinces convocó una mesa de debate para hacer visibles los problemas del gremio, ensalzar sus virtudes y analizar la situación actual. Ejemplo de lo primero fueron las palabras de Sara Rodríguez, Public Policy manager de Airbnb: «En España cuesta tener esa legitimidad que ves que tus compañeros norteamericanos tienen». En otras palabras, que la figura del lobista todavía no tiene el reconocimiento que el sector cree que merece. Al menos en el Viejo Continente porque, por ejemplo, en el caso de Airbnb su responsable de asuntos públicos en nuestro país evidencia los escollos con los que se van encontrando.

Todo ello unido a que la sociedad continúa manteniendo una imagen errónea de lo que son los lobbies. Mito o realidad, el sector reclama dejar atrás ciertos clichés, aunque reconocen ellos mismos tener parte de culpa en ese pensamiento único de oscurantismo en torno a la profesión. «Tenemos una sociedad civil activa, el entorno parlamentario y regulatorio se ha complicado mucho y las tomas de decisiones ya no están en un único sitio», dijo Jorge Villarino, director de Regulación de Vinces, en referencia a que esa figura del lobista amigo del político o del empresario ya pasó a la historia. Ahora son conscientes de que la ciudadanía les exige, a ellos también, mayor transparencia. «En España se ha dicho que la sociedad civil no existía, sobre todo por la prensa anglosajona, que nos mira por encima del hombro. Eso ha cambiado», prosiguió Villarino.

De esta manera, el objetivo del sector pasa por democratizarlo, dotarlo de mayor transparencia y regulación y continuar con su profesionalización. «Hay una creciente profesionalización. Es habitual verlo en los organigramas de las empresas cotizadas, van existiendo de forma generalizada en todas las compañías del Ibex y hay un crecimiento de consultoras que se dedican a los asuntos públicos. Esto nos lleva a una participación más ordenada, estructurada y responsable de parte del sector privado, lo que beneficia al sistema», comentó Eva Piera, directora general de Relaciones Externas de Mapfre.