El presidente de EE.UU., Donald Trump, y la canciller alemana, Angela Merkel
El presidente de EE.UU., Donald Trump, y la canciller alemana, Angela Merkel - Reuters

Guerra comercial y Brexit apagan ya los motores de la economía alemana

La incertidumbre mundial hace mella en Alemania, donde se tambalean sus dos mayores pilares: la producción industrial y las exportaciones

BerlínActualizado:

La economía alemana ve cómo se tambalean sus dos mayores pilares, la producción industrial y las exportaciones. El PIB en el segundo trimestre del año ha caído un 0,1% con respecto al anterior y ya es la segunda vez que esto sucede en un año, según la Oficina Federal de Estadística (Destatis). A modo de adelanto, el indicador de la confianza de los inversores alemanes (ZEW), publicado ayer, se desplomó a su nivel más bajo desde diciembre de 2011, debido según los encuestados al empeoramiento de las perspectivas, a las disputas comerciales internacionales y a las mayores posibilidades de un Brexit sin acuerdo que la administración de EE.UU. apoya ya más o menos abiertamente. El DAX alemán tocó su mínimo de la sesión tras la publicación del mal presagio para una economía de la que el gobierno de Berlín, tras reiterados recortes, no espera ya que crezca sino un escaso 0,5% en el conjunto de este año.

«Lo más probable es que esto suponga una carga adicional para el desarrollo de las exportaciones y la producción industrial alemanas», lamentaba ayer el presidente del ZEW, Achim Wambach, al presentar el resultado de la encuesta y subrayar que apunta a un deterioro significativo en las perspectivas. El indicador mide la valoración de los inversores sobre las condiciones actuales de la economía. Cae desde -1,1 en julio hasta -13,5 en agosto, allí donde los analistas habían pronosticado una lectura de -7.0. «Estamos en una zona poco definida entre la desaceleración económica y una recesión», calibra el economista Joerg Kraemer de Commerzbank. «Es otra clara señal de advertencia de recesión para la economía alemana», augura Uwe Burkert, economista jefe de LBBW Research, «y sin que sirva de consuelo, Alemania no será un caso aislado en el panorama global».

El prestigioso instituto alemán Ifo confirma ese augurio. Su sondeo trimestral entre 1.200 analistas en más de 110 naciones sobre expectativas y condiciones económicas muestra un serio empeoramiento en el tercer trimestre. «Los expertos esperan un crecimiento significativamente débil del comercio mundial», ha dicho en la presentación el presidente de Ifo, Clements Fuest, que añadió que «los encuestados también esperan un menor consumo privado y actividad de inversión, así como un declive de las tasas de interés de corto y largo plazo».

El Instituto Ifo ofrece elementos de esperanza. Sus técnicos han realizado una simulación de lo que ocurriría si Estados Unidos impone aranceles del 25% a las importaciones procedentes de China los países europeos no salen tan mal parados como cabría esperar. Alemania incluso aumenta sus ingresos por exportaciones en 94 millones de euros y España en 25 millones, basándose en que cualquier derecho compensatorio chino beneficiaría las ventas europeas. Este simulador, sin embargo, no incluye los intangibles efectos negativos de la incertidumbre en la inversión ni la previsible devaluación de la moneda china. La semana pasada, un dólar costó más de siete yuanes por primera vez desde 2008, y los expertos temen ahora una escalada de la guerras de divisas a través de la que el banco central chino intentaría influir en los precios. En cualquier caso, Estados Unidos y China son destinos importantes para las exportaciones de manufactureras alemanas, de modo que los crecientes aranceles entre las dos economías más grandes del mundo están teniendo un profundo impacto en las fábricas germanas. Los analistas esperan que el PIB se haya contraído en el segundo trimestre alrededor de un 0,1% y los indicadores sobre la confianza no anticipan una mejoría para el periodo de julio a septiembre.

Los principales indicadores difundidos en las últimas semanas apuntan en un mismo sentido. La Oficina Federal de Estadística (Destatis) ha informado que las exportaciones alemanas cayeron en junio un 8% en términos interanuales, la mayor caída de este indicador en los últimos tres años. Esto no quiere decir exactamente que se esté derrumbando el sector exterior alemán, que acumuló en la primera mitad del año un jugoso superávit comercial de 109.900 millones de euros, pero el superávit hasta junio es un 10% inferior al acumulado el año pasado y esa comparación ayuda a empezar a calcular la altura del precipicio por el que la economía alemana parece destinada a deslizarse.

El dato de la producción industrial de junio, publicado la semana pasada, invita asimismo a la preocupación. La contracción interanual era del 5,2%, la más pronunciada en una década para un sector fundamental de la economía alemana, pues supone el 20% de su PIB.

La tasa de inflación interanual, publicada ayer, se situó en julio en el 1,7 %, lo que supone una ligera subida respecto al 1,6 % de junio y de un 0,5 % respecto al mes anterior, según la Oficina Federal de Estadística. Pero la letra pequeña elimina cualquier indicio de que el consumo esté comenzando a burbujear. Lo que ha ocurrido es que los precios de la energía se encarecieron entre julio de 2018 y 2019 con un 2,4 % interanual por encima de la media. Sin tener en cuenta el impacto de la energía, la tasa de inflación se habría situado en julio en el 1,5 %, dato que habla de un consumo bastante relajado y el que inciden especialmente las subidas de los precios de la vivienda. Los alemanes, tradicionalmente inquilinos, se están lanzando a la compra de vivienda como forma de inversión segura, impulsando la construcción como prácticamente el único de los grandes sectores económicos que atraviesa un buen momento.

A todos estos datos, el índice de confianza empresarial del Instituto Ifo, un indicador de referencia y que cae en julio hasta los 95,7 puntos en su cuarto descenso consecutivo, aunque la tendencia bajista es palpable desde hace un año, viene a sumarse cono puntilla de confirmación del sector primado, con su peor registro desde abril de 2013. «La economía alemana atraviesa aguas turbulentas», resumió al presentar estos datos Clemens Fuest.

Las empresas alemanas, de todas formas, no requieren de indicadores en esta situación para otear lo que se viene encima. Los primeros efectos están ya sobre la mesa, por ejemplo, de la industria automovilística, el primer sector industrial del país. Las ventas de Mercedez-Benz, BMW y Audi han caído en lo que va de año respecto a 2018. Daimler, fabricante de los vehículos Mercedes, y Schaeffler, el mayor proveedor de componentes, han recortado sus previsiones de beneficios para el conjunto del año. El grupo Volkswagen, que sí que aumentó su ganancia en el primer semestre, ha anunciado planes de ahorro y drásticas reducciones de personal. El sector agrario y el energético, sumergidos en profundos procesos de cambio, llaman a las puertas de la cancillería de Berlínpidiendo auxilio, pero el ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz, inmerso estos días en los últimos flecos del presupuesto, considera que se trata de un tropiezo coyuntural y no estima oportuno activar medidas de tipo fiscal para reactivar la economía, más allá de las acordadas en el pacto de gobierno de la gran coalición a principios de 2018.

El Banco Central Europeo no parece tenerlo tan claro. Su presidente, Mario Draghi, ya avanzó en julio su disposición a actuar, a partir de este mismo septiembre si es necesario atizar la actividad en la eurozona. Y todo apunta a que lo será. La demanda global, afirma en su último informe sobre Alemania el Fondo Monetario Internacional (FMI), publicado en el mes de junio, se ha enfriado, lastrando a los países más dependientes de su sector exterior, como es el caso. En un entorno con tanta incertidumbre la inversión se resiente.