La gestión de los aeropuertos, ese objeto «claro» de deseo

Los empresarios catalanes fueron los primeros en alzar la voz, por una descentralización de El Prat. Ahora son los políticos del resto de las autonomías los que toman el testigo y reclaman la

POR MARÍA JESÚS PÉREZ. MADRID.
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

La demanda de los aeropuertos por parte de las autonomías se está convirtiendo en una marea imposible de frenar. Pero ya no son sólo los políticos, los empresarios se suman a esta petición porque a través de sus organizaciones aspiran a participar en la gestión aeroportuaria.

Incluso muchas compañías aéreas están a favor de esa descentralización al no sentirse bien tratadas por Aena, que las cobra mucho y las reparte poco, con lo que están dispuestas a explorar otros escenarios para un futuro distinto. Están hartas de que el Estado pague las infraestructuras terrestres, como el tren y la carretera, y sin embargo, las aéreas, que son los aeropuertos, tengan que cofinanciarlas ellas mismas a través de tasas.

La posibilidad de privatizar es otra opción. De hecho, las constructoras ya han cruzado lanzas en este negocio -como ha sido el «handling»- y están ávidas de «entrar» en nuevos mercados.

Mientras, la iniciativa privada es ya un hecho en la construcción de estas infraestructuras. Castellón, Ciudad Real, y puede que Murcia, están ya o estarán en breve en el negocio aeroportuario.

El debate se está incluso separando de sus aspectos más políticos y ya no son sólo los partidos nacionalistas los que defienden estas concesiones del Estado. Si se ha transferido todo ¿por qué no los aeropuertos? Lo que ha acontecido esta semana en Cataluña en relación con El Prat es una prueba de que el debate está abierto y que las soluciones no pueden esperar.

Desde que el pasado mes de marzo, el empresariado catalán reivindicara un aeropuerto mejor para Barcelona, muchas y variadas voces, sobre todo «políticas», se han alzado en defensa de la necesidad de un cambio en el modelo de gestión del sistema aeroportuario en España. El foro no fue otro que un acto académico convocado por la Cámara de Comercio de Barcelona, el Círculo de Economía, Fomento del Trabajo y el RACC -instituciones que componen el denominado Grupo de Trabajo sobre Infraestructuras (GTI-4)-, en el auditorio de la escuela de negocios IESE.

En aquel encuentro, al que no acudió ningún político por no estar invitados, un total de 860 empresarios, entre ellos todos los pesos pesados de la economía catalana -Ricardo Fornesa, Isidro Fainé, Jordi Mercader, Anna Birulés y Salvador Gabarró, entre otros- se posicionaron a favor de una gestión autónoma de los aeropuertos y, en concreto, de la potenciación de El Prat como centro de conexiones internacionales.

Una movilización y postura que han vuelto a reivindicar esta misma semana. A través de un comunicado, el pasado lunes, el GTI-4 exigía de nuevo que los aeropuertos sean gestionados por entidades autónomas con la participación de las instituciones regionales y la iniciativa privada. «Los nuevos modelos, probados con éxito en grandes aeropuertos del mundo, como el de Boston, Munich, Shanghai o Pekín, tienen su base en una gestión independiente, profesionalizada y eficiente», explica el profesor del IESE, Pedro Nueno.

Los expertos consultados por ABC coinciden en que mantener una gestión centralizada en los aeropuertos españoles resulta un «anacronismo» en la Europa actual. «En un entorno económico y regulatorio como el que vive en estos momentos nuestro país, se considera la iniciativa privada igual de eficiente que la pública. Y queda demostrado con lo que está ocurriendo en cualquier otro sector, «telecos», energía, banca... El modelo actual es obsoleto», añade Nueno.

España cuenta con ocho de los 50 aeropuertos más importantes de Europa. Sin embargo, su gestión es, hoy día, muy diferente a la de la mayoría de sus socios europeos. Mientras que la tendencia es individualizar la gestión aeroportuaria, aquí se mantiene el modelo que siguen países como Rumania, Portugal o Bulgaria. El de una gestión centralizada, bajo el paraguas «protector» del Estado. En nuestro caso, Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, adscrito al Ministerio de Fomento).

Precisamente, fuentes de Fomento defienden el modelo de gestión de Aena, «porque sólo una gestión común, en red, como la que realiza esta institución, permite beneficiar no sólo a un aeropuerto determinado, sino al conjunto de todos los aeropuertos del país, de una forma solidaria».

La polémica, pues, está servida. Y, como no podía ser de otra manera, su politización, también. De hecho, las reacciones de los políticos, y sus intereses, no se han hecho esperar. El presidente de CiU, Artur Mas, fue el primero «en coger el guante» lanzado por los empresarios y presentaba a principios de esta semana una propuesta sobre el modelo aeroportuario catalán. Según Mas, es necesaria la creación de una Autoridad Nacional de Aeropuertos de Cataluña -similar a lo que Aena representa en el conjunto del Estado- que implicaría otorgar el 60% del control de la gestión del aeropuerto de El Prat a la Generalitat, entidades locales y organizaciones sociales y empresariales catalanas, frente al 40% del Estado.

Una vez más, los nacionalistas catalanes vuelven a utilizar asuntos de interés general como «moneda de cambio» en forma de concesiones para el «autogobierno». De hecho, el principal partido de la oposición del Gobierno catalán quiere hacer extensivo el acuerdo alcanzado con el tripartito sobre la Agencia Tributaria de Cataluña al nuevo modelo de gestión aeroportuaria.

Sin embargo, esta reivindicación de CiU -que, por cierto, se quedó fuera durante la campaña del Estatut- no ha contado con el apoyo de los partidos que componen el tripartito, del PP y de Ciutadans. Entre las críticas, las palabras de Roberto Labandera, diputado del PSC: «Está comprobado que las fórmulas monopolísticas» no funcionan en materia aeroportuaria.

Y es que el reparto de poder para la gestión del aeropuerto barcelonés planteado por los nacionalistas catalanes -un 40% bajo el control de la Generalitat, un 10% a entidades locales, otro 10% a organizaciones sociales y empresariales catalanas, y otro 40% al Estado- no supondría una gestión privada e independiente del mismo. Según el portavoz parlamentario del PP catalán, Francesc Vendrell, el modelo de gestión de El Prat propuesto por CiU sería «más intervencionista que Stalin», ya que tan sólo un 10% estaría en manos de organizaciones sociales y empresarios, lo que significa que un 90% de la gestión dependería de las administraciones públicas, «que no son precisamente manos privadas».

Ante estas acusaciones, el portavoz parlamentario de CiU, Felip Puig, se defiende y señala que, en el modelo planteado por su partido, si bien en el consorcio que gestionaría el aeropuerto deberían estar las distintas administraciones, el consejo de administración sería plenamente «profesionalizado, no político».

En esta línea, estaría el sentir de los empresarios. Que si bien no han hecho público su interés por gestionar al 100% «pequeñas Aenas locales», según qué aeropuertos y qué autonomía, sí ven con muy buenos ojos el compartir la gestión con la representación pública, pero autónoma. Francisco Longo, profesor de Esade, advierte que «en este asunto, los empresarios han tomado un fuerte protagonismo, pidiendo, en primer lugar, una gestión que se acerque al territorio, esto es, la descentralización. Y, segundo, la intervención del sector privado, o lo que es lo mismo, la profesionalización».

Fórmulas para un nuevo modelo de gestión podría haber varias, aunque primarían dos: «o bien transferir la gestión total al sector privado, o bien, "partenariados", entre sector público y privado, tal y como funciona, y con éxito, en la Feria de Barcelona», dice el profesor Longo. En cualquier caso, el servicio seguiría siendo público, y la gestión privada, o semiprivada.

Entre los empresarios, la postura es firme y clara: «el grado de privatización de los aeropuertos debería ser considerable, para conseguir la máxima eficacia de cada uno de ellos», dice un ejecutivo del sector. Además -continúa- «si se gestionan cada uno por su cuenta, podrán competir entre sí, lo que redundaría de forma positiva en una mayor transparencia de su financiación y destino de los fondos».

El profesor del IESE, Pedro Nueno, se inclina más por recordar las ventajas que acarrearía una nueva concepción de la gestión aeroportuaria en España: «Se debe pensar más en el cliente, en la eficiencia, en la competencia y en salir al encuentro de la demanda con agilidad. Políticos y empresarios deberían negociar para conseguir en el sector el máximo de compañías y el máximo de conexiones. Un operador rentable seguramente implicaría mayores ingresos para las arcas del Estado».

Pero mientras se decide el camino a seguir, algo que queda para el futuro -el Gobierno ha dejado la discusión ya para la vuelta del verano-, la petición de políticos y empresarios catalanes se hace extensible al resto de las comunidades. Poco tardó la Comunidad de Madrid en exigir igual trato que Cataluña en esa futura y nueva gestión de aeropuertos. El consejero de Transportes e Infraestructuras, Manuel Lamela, ha dicho que la Comunidad madrileña «no va a aceptar un trato discriminatorio o diferente ni cualitativamente ni en plazos con respecto al Gobierno de la Generalitat de Cataluña». Para el profesor Francisco Longo de Esade la descentralización de los aeropuertos es «efectivamente extensible a todas las comunidades. Si bien, los motivos para conseguirlo no deben depender de los intereses políticos, de una u otra autonomía, sino abogar por dar un salto al futuro, porque «llevamos un retraso ilógico de modelo empresarial en este sector, en una economía que ha evolucionado tanto como la española y en un entorno globalizado como el actual».

Longo explica que si bien un modelo centralizado tiene sus ventajas -economías de escala o mejor planificación-hay que adaptarse a los nuevos tiempos, dejar atrás ideas antiguas, y primar la proximidad de la gestión a cada sector.

«Preparadas» para el cambio

Y mientras los políticos «barren para casa», y los expertos ponen la nota académica a la polémica, las empresas españolas se preparan para lo que pueda acontecer. De momento, tres de las grandes en servicios e infraestructuras se han posicionado en el exterior en el sector aeroportuario. «Abertis, Ferrovial y Acciona llevan años gestionando, y con éxito, aeropuertos por todo el mundo. Han demostrado, con creces, que son compañías, ya multinacionales, que gestionan aeropuertos muy bien, creando valor para sus accionistas, compitiendo "de tú a tú" con otras grandes internacionales. Y, paradógicamente, aquí aún no pueden hacerlo», recuerda el profesor Nueno.

Los expertos aseguran que las empresas españolas han entendido perfectamente la importancia para sus negocios de la necesidad de unas buenas infraestructuras aéreas que les acerquen a cualquier punto del mundo. «El tráfico aéreo ha sufrido un cambio radical en la última década. Para una empresa disponer de una infraestructura que le facilite las conexiones es fundamental y para una ciudad no es una gran ciudad si no tiene un gran aeropuerto, capaz de competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo», concluye el profesor Longo.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, decía en octubre de 2006 que si bien su voluntad era la de llegar a acuerdos con la Generalitat de Cataluña sobre la gestión de los aeropuertos de Gerona, Tarragona y Reus, para dar entrada a la participación autonómica, recordó que, en todo caso, el Estado «se reservaría el control de la navegación aérea y la seguridad aeronáutica». En aquel momento, el senador de CiU Pere Macias explicaba que estos tres aeródromos tenían que ser desclasificados como de interés general «para que su gestión pueda ser autonómica». Zapatero fue contundente: «Es una cuestión que afecta a la conectividad del territorio, a una demanda creciente de tráfico aéreo y es imprescindible y es responsabilidad del Gobierno garantizar la seguridad de la navegación aérea y el funcionamiento en red de los aeropuertos para que se consolide el espacio aéreo europeo», dijo. Palabras de no hace ni siquiera un año.