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Las gasolineras baratas defienden la calidad de sus carburantes

El grupo Ballenoil subraya que los precios más bajos responden a unos menores costes

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Ballenoil nació en 2010 en Cataluña gracias a la iniciativa de David Querejeta, propietario de la empresa de lavado de coches La Ballena Azul, y de Juan Sanz, que trabajó durante 14 años en ExxonMobil. Empezaron colocando un solo surtidor de combustible donde tenían lavado de coches y actualmente suman 98 estaciones de servicio repartidas por la comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía. «Tenemos otros 33 proyectos en marcha, con suelo comprado y alquilado. Solo faltan las licencias, que tardan una media de 18 meses. Y en 10 semanas montamos la instalación», apunta David Querejeta, director de expansión del grupo. Ninguna de estas instalaciones tiene tienda y siempre se localizan en núcleos urbanos.

Esta compañía es la más grande de las pequeñas, es decir, sin contar a los grupos que dominan este sector como Repsol, Cepsa, BP, Galp, Disa, etc...

«Nuestro servicio es más rápido, seguro y con más tecnología. Nos falta convencer a los consumidores de que el producto es el mismo y de que hay personal en las gasolineras porque nos catalogan como "low cost"», subraya Querejeta.

Ahora, la pelea que mantienen es la de la desconfianza que existe entre muchos usuarios sobre la calidad del producto. «Tenemos que convencer de que el producto es bueno y que no somos gasolineras de bajo coste. Los grandes operadores se han dedicado a desprestigiar el producto nuestro cuando resulta que nos lo están vendiendo ellos. ¿Qué pasa, que producen un producto bueno y otro malo y este me lo venden a mí? El 70% del carburante lo adquirimos a Cepsa, BP y Repsol», afirma Juan Sanz, director de operaciones.

Sin especular con el suelo

David Querejeta insiste en que «nuestra batalla es concienciar a la opinión pública de que la calidad del producto es igual de buena y que los precios más baratos responden a los menores costes de inversión, no tener que repartir los márgenes con ninguna operadora porque tenemos marca propia y, además, por los bajos costes de explotación del suelo, ya que no pagamos dos o tres millones de euros por un solar; alquilamos los terrenos según nuestras posibilidades. Habitualmente alquilamos el suelo por 20 años».

Ambos explican a ABC que el negocio en este sector «es muy estrecho, con unos márgenes de pocos céntimos. De hecho, en los surtidores los precios aparecen con tres decimales, algo que no sucede con ningún otro producto de consumo. Ahora mismo, nuestros precios son unos 10 céntimos más baratos que los que ofrece de media Repsol, que es quien marca normalmente los precios porque es quien más gasolineras tiene en España».

Esta compañía combina el servicio automatizado con la presencia de empleados que sirven el carburante. Querejeta explica que «como empresa que pertenece a la Asociación Nacional de Estaciones de Servicio Automáticas (Aesae) defendemos que las estaciones puedan estar automatizadas (conocidas como desatendidas), pero como Ballenoil sí que apostamos porque haya personal. Tenemos, de media, "persona y media" por estación sirviendo combustible. Una, de lunes a jueves entre las 8 y 14 horas y entre 16 y 20 h., y otra de viernes a domingo. Los horarios dependen de las zonas, bien residenciales, bien industriales». Actualmente tienen 175 trabajadores después de que hayan aumentado la plantilla un 16% en los seis primeros meses de este año. De ellos, solo el 13% es personal administrativo.

Las gasolineras son seguras

También niegan que sus gasolineras sean inseguras. «Tenemos un control central desde el que vemos en tiempo real todas nuestras estaciones de servicio las 24 horas del día», dice Juan Sanz. «Desde él podemos realizar un apagado general o cerrar uno o dos surtidores si hay una incidencia. Si alguien a las 3 de la madrugada quiere una hoja de reclamaciones, pulsa y puede recogerla de un cajetín. Por ejemplo, si alguien reposta con las luces encendidas, fumando o hablando con el móvil se le manda una alocución advirtiéndole».

Otra de sus quejas se refieren a las trabas legales y administrativas que sufre el sector de las gasolineras desatendidas o automatizadas en nuestro país.