El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble con el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin
El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble con el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin - EFE

El G-20 se reconcilia con los bancos tras la crisis financiera

La iniciativa la lleva el Secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, estrella del encuentro y defensor de las políticas de Trump de desrefuglación financiera

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Tras la crisis financiera, cuyas consecuencias continua sufriendo todavía todo el planeta, los Estados más poderosos del mundo castigaron a los bancos elevando los controles, las condiciones de capital e incluso presionando el recorte de bonus y remuneraciones multimillonarias de sus directivos. Fue como ponerlos de rodillas, cara a la pared, mientras se designaban ingentes partidas presupuestarias a rescates justificados con la premisa según la cual, si caía el sistema financiero, caía todo. Los bancos, por su parte, todavía sin terminar de asimilar la que habían liado con el crédito basura, aceptaron el castigo. Pero pasan los años y el corsé de las regulaciones les impide seguir haciendo los fantásticos negocios de antaño, por lo que el G-20 se está ablandando y se dispone a aflojar, en la reunión que celebran este viernes y mañana en Baden-Baden sus ministros de Finanzas y directores de bancos centrales.

La iniciativa la lleva el Secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, estrella del encuentro y defensor de las políticas de Trump de desrefuglación financiera. El anfitrión alemán Wolfgang Schäuble, ha reconocido su preocupación por la orden de Trump para revisar las importantes normas bancarias, cree que las lecciones que se aprendieron de esa crisis deberían respetarse, especialmente los estándares ligados al capital y la liquidez de los grandes bancos, pero tampoco está dispuesto a presentar una batalla a cualquier precio y la precaria situación de los bancos alemanes pesará también en la mesura de sus críticas. Fuentes de su equipo han explicado que hay que esperar a que EE.UU. concrete su posición sobre los Acuerdos de Basilea III, la serie de reformas a las reglas del sistema financiero firmada en 2010 y que fue diseñada para evitar que se repita una crisis como la de 2007. Además tienen muy en cuenta que la negociación de Baden-Baden sobre regulación del sistema financiero correrá en paralelo con la negociación sobre el libre comercio, done también hay mucho que perder, lo que podría inclinar la balanza a favor de un marco más cómodo para los bancos. Algunos de los asuntos que se van a negociar son los requerimientos de capital mínimos a exigir a los bancos para hacer frente a sus riesgos y la separación de banca comercial y de banca de inversión en los bancos.

No son pocos los expertos europeos que advierten que retirar regulaciones a los mercados financieros y los bancos podría desencadenar otra crisis. El director del Bundesbank en Alemania, Jens Weidmann, ha declarado que suprimir controles a esos agentes, con la esperanza de estimular la economía, es “un tiro que puede salir por la culata” y ha pedido a los miembros del G20 que no secunden las políticas proteccionistas extremas previstas por Washington. Y hay destacadas personalidades llamando la atención sobre la necesidad de que el G20 logre reorientar la globalización, de la que ya disfrutan ampliamente los mercados financieros pero que no llega a páramos tan desolados como la educación y el empleo.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, señaló anoche que “la libertad de movimientos de bienes, capitales y personas ha sido muy beneficiosa”, pero que ahora hay que centrarse en aquellos que se han quedado fuera de esos beneficios de la globalización. “Para ello hay que trabajar en las políticas de educación y empleo”, añadió, apuntando como un gran peligro que acosa a las democracias estables el hecho de que “hay muchas personas piensan que cuando eran niños creían que si trabajaban duro, su situación iba a ser mejor que la de sus padres, pero que ahora creen que no va a ser el caso para sus hijos”. Pero ni siquiera quienes defienden que la coordinación multilateral de la política financiera global es irremplazable para la estabilidad, defienden sin restricciones el foro del G20. No con una administración en Washington con la que pueden ser más rentables los acuerdos bilaterales.

Ni Lagarde, ni Schäuble se han posicionado claramente en contra de que se establezcan negociaciones bilaterales con EE.UU. Sin ir más lejos, Schäuble se reunió ayer en Berlín con el secretario del Tesoro estadounidense y apostaron juntos por impulsar la cooperación internacional, sin que trascendieran los detalles concretos del acuerdo. Schäuble admitió que “es perfectamente correcto revisar la regulación” y solo se opuso a la idea de rechazarla por completo. De las palabras de ambos se podía deducir que los planes de Trump de revisar la ley Dodd-Frank no significan que EEUU no vaya a cumplir los estándares internacionales de supervisión financiera, sino que va a bajar algo los suyos porque están muy altos. Y que eso no es un peligro.

Alemania espera recibir apoyo de EE.UU., además, para el Plan Marshall que pretende lanzar para África. La convicción de que una mejora de las condiciones sociales y de empleo en los países africanos reducirá el flujo de emigrantes que desean alcanzar a cualquier precio suelo europeo, más especialmente suelo alemán, lleva a Berlín a pedir ayuda a los países del G20 para un ambicioso plan de ayuda al desarrollo que, para ser exitoso, necesita la participación de EE.UU.