El ministro de Finanzas galo asegura que «Francia no es el enfermo de Europa»

El ministro de Finanzas galo asegura que «Francia no es el enfermo de Europa»

El semanario «The Economist» alerta de la «vulnerable» situación de la economía de Francia, «la bomba de relojería en el corazón de Europa» según su última portada

CORRESPONSAL EN LONDRES Actualizado:

«Francia no es el enfermo de Europa», aseguraba ayer en su despacho el ministro de Finanzas galo, Pierre Moscovici. En su entrevista con «The Financial Times», publicada este viernes por el influyente diario financiero, el político socialista se encontró en la misma tesitura a la que ha hecho frente su homólogo español, Luis de Guindos, en sus numerosos encuentros con la prensa económica anglosajona en los útimos meses. «Cargar contra Francia es absurdo e injustificado», defiende Moscovici, a medida que el cerco de los mercados se cierne sobre su país.

El país vecino ha mantenido un crecimiento del 0,2% en el tercer trimestre del año

El país vecino -«a quinta economía mundial», como recuerda Moscovici- ha logrado mantener un mínimo crecimiento del 0,2% en el tercer trimestre del año, mientras la zona euro entraba en recesión. Pero la presión de los mercados, y de la prensa que canaliza sus puntos de vista, parece cebarse ahora con Francia, que tomaría así el testigo de España en la implacable diana de la lógica de los mercados. La reciente convalidación por la Comisión Europea de los esfuerzos reformistas del gobierno español, y la flexibilización de los rígidos objetivos de reducción del déficit para 2012 y 2013 parecen, por su parte, haber aliviado la presión financiera y mediática sobre España.

Al buscar su entrevista esta mañana en el desayuno, Moscovici se habrá encontrado una desagradable portada en otra publicación. «The Economist» dedica en su último número un «informe especial» de 14 páginas a la economía francesa bajo un brutal titular de portada: «Una bomba de relojería en el corazón de Europa». Para ilustrarlo, siete «baguettes» envueltas en la bandera tricolor gala con una mecha ardiendo pegada. Explosivo.

«La presión para las reformas y los recortes presupuestarios se centra en Grecia, Portugal, España e Italia, pero en el horizonte amenaza un problema más grave que puede dejar pequeños a los demás: Francia». establece «The Economist».. El semanario repasa a continuación una situación económica que hace a Francia «crecientemente vulnerable» y advierte que «la crisis podría desatarse el año que viene». «Sólo se puede desafiar a las leyes económicas por un tiempo limitado», aseguran.

Entre las debilidades de la economía francesa, destacan cómo el peso del Estado en la economía «ha crecido en Francia hasta consumir el 57% del PIB, la cifra más alta en la eurozona». Además, recuerdan que «desde 1981, la deuda pública ha subido del 22% del PIB entonces a superar el 90% en la actualidad». «Las compañías francesas sufren el peso de un mercado laboral demasiado rígido, regulación del mercado de productos, impuestos excepcionalmente altos y las contribuciones sociales más elevadas de la zona euro; no sorprende que la creación de nuevas empresas sea escasa (...), algo más del 10% de la fuerza de trabajo está en paro y el 25% de los jóvenes no tiene trabajo».

«Los jóvenes prefieren Praga, Barcelona o Tallín a París para una escapada»

El semanario advierte directamente al presidente socialista, François Hollande, de que «los mercados han sido indulgentes con Francia hasta ahora, un país que sigue siendo el sexto exportador del mundo, pero que solo produce algo menos del 3% de los bienes exportqados, frente al 6% de hace solo unos años. «Tanto que hacer en tan poco tiempo», indican al jefe de Estado francés, que ha comenzado a sufrir grietas en su coalición con partidos de izquierdas y los Verdes en el momento en que ha mostrado sus intenciones liberalizadoras y reformistas.

El «Economist», una publicación editada en Londres, se reserva además un pequeño golpe bajo al alma de sus vecinos. «París está perdiendo su chispa», dicen. «Para una escapada de fin de semana, los jóvenes europeos prefieren Barcelona, Praga o Tallín a los elevados precios y al mal servicio de París».