La formación, la puerta para escapar del callejón sin salida del paro juvenil

Los expertos y los agentes sociales coinciden en que el reciente plan de choque del Gobierno adolece de falta de concreción y no bastará para reducir un desempleo que duplica al europeo

MADRIDActualizado:

Es una lacra enquistada en la economía española. El empleo juvenil no levanta cabeza, y eso que poco a poco recupera algo de músculo después de una crisis devastadora que dejó sin trabajo a más de la mitad de la población menor de 25 años. Aún así, el elevado desempleo entre los jóvenes hoy día resulta insostenible para una gran economía como la nuestra. En el tercer trimestre de este año, el 33% de ellos aún no tenía un empleo (en 2013 era el 42,4%). Una cifra solo superada por Grecia (36,6%). Países con menos peso económico como Bulgaria (11,9%), Irlanda (12%) y Polonia (12,7%) se encuentra en mejor situación. Alemania, la locomotora europea, solo tiene un 6,2% de sus jóvenes sin trabajo.

Para paliar esta situación el Gobierno aprobó hace poco más de una semana el «Plan de choque por el empleo joven 2019-2021», que consiguió el consenso de los agentes sociales. Esta vez, patronal y sindicatos se dieron la mano. Se trata de un compendio de 50 medidas que están dotadas con 2.000 millones de euros para los próximos tres años. El objetivo es sacar del paro a 168.000 jóvenes y rebajar la tasa de desempleo hasta el 23,5% (aún así estaríamos muy lejos de la media europea, 15,3%).

Abonar el emprendimiento, intensificar la orientación, fomentar la competencia digital, reconducir el abandono escolar y apostar por la FP dual claves para corregir un lacra histórica

No es la primera vez que se aprueba un paquete de medidas para revitalizar el empleo entre los jóvenes, un problema estructural en nuestro país desde los años ochenta, que afecta a cohortes de muy diferentes edades, como recuerda Florentino Felgueroso, profesor de Economía de la Universidad de Oviedo e investigador asociado de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada). «El plan se está vendiendo como algo extraordinario y nuevo -sostiene-, y en 2013 el anterior Gobierno ya aprobó la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013-2016, con 100 medidas dirigidas a combatir el desempleo juvenil. Deberíamos haber evaluado aquel programa para saber qué medidas fueron eficaces y cuáles no. Y después hacer un nuevo plan».

El de ahora recoge seis ejes de actuación donde se enmarcan las 50 iniciativas. Entre ellas, la creación por parte de las Comunidades Autónomas de una red 3.000 orientadores que asesorarán a los jóvenes sobre el mercado laboral desde las oficinas públicas de empleo. Otros 110 mediadores del Injuve se acercarán a aquellos en riesgo de exclusión y con serios problemas de inserción en el mercado de trabajo. Por otra parte, la formación es la piedra angular en este documento. Se desarrollarán dos tipos de programas: unos ofrecerán competencias clave en matemáticas y comunicación lingüísticas (aprendizaje de idiomas) para aumentar la empleabilidad de los jóvenes que dejaron muy pronto la ESO. Otros habilitarán en competencias tecnológicas y digitales para satisfacer las necesidades actuales de las empresas y las del futuro. Además, habrá programas de formación con compromiso de contratación, programas de segunda oportunidad para los que abandonaron los estudios...

Prácticas no laborales

En la mesa de diálogo social se creará el Estatuto de las prácticas no laborales con el objetivo de regular estos contratos y acabar con el abuso de estos trabajadores que en lugar de tareas de aprendizaje realizan otras funciones o reciben una muy baja remuneración con respecto a su desempeño. «Las prácticas se han convertido en un sistema de explotación laboral sin ningún tipo de derecho», se queja Eduardo Magaldi, responsable de Juventud de UGT. Se impulsará la FP Dual, el trabajo autónomo, el emprendimiento y las incubadoras de empresas y startup...

Aparecen medidas tan innovadoras como el programa «VerA» (inspirado en el modelo alemán), donde expertos jubilados acompañarán de forma voluntaria a jóvenes desempleados en su aprendizaje y formación. O como las lanzaderas de empleo con un coach que mejorará la posición de los candidatos ante la contratación de una empresa. El plan incluso recoge el diseño de programas para rescatar el talento que se ha ido fuera, para el retorno de jóvenes que están en el extranjero.

«Es un documento vivo», afirma Magaldi. Es decir, son directrices que están por desarrollar. De ello se encargarán las Comunidades Autónomas y la mesa de diálogo social en los próximos meses. La duda es si realmente este el plan de choque será suficiente para paliar la alta tasa de paro juvenil y la elevada precariedad laboral que sufre este colectivo.

Porque esa es la otra lacra de la juventud. Cuando consiguen un trabajo, se encuentran muy atrás en el mercado laboral. Son los que más sufren la temporalidad: el 71,3% tiene un contrato con fecha de caducidad, una cifra que no deja de crecer desde que comenzó la crisis. «Otras veces, en situaciones de incremento de la producción, van encadenando contratos por fin de obra y servicio. Existe un fraude generalizado en la contratación temporal», asegura Carlos Gutiérrez, secretario de Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo de CC.OO.

El plan de choque cuenta con una dotación de 2.000 millones de euros

Además, son el colectivo con más contratos a tiempo parcial, 39,3% frente al 14,9% de la población. Y los salarios suponen el otro quebradero de cabeza. Perciben las retribuciones más bajas: ganan como media 11.316 euros brutos al año. «La precariedad laboral de los jóvenes ya se ha aceptado como parte de la cultura, incluso los que tienen 30 años. Las generaciones se han acostumbrado, o han emigrado», indica el profesor Felgueroso.

Desde luego, un panorama que no resulta nada halagüeño y ante el que el plan de choque del Gobierno de Pedro Sánchez se queda corto, como han expresado los expertos consultados por ABC. Si bien el documento, en general, es bien acogido por sus buenas intenciones y porque era necesario, incluso hay iniciativas que se consideran acertadas, al entrar en detalle deja mucho que desear, sobre todo a a la hora de dar una respuesta a la realidad. Los propios sindicatos lo reconocen. «No se va a resolver el desempleo juvenil solo con este plan», asegura Magaldi, de UGT. En su opinión, es necesario abordar un gran reto: «Cambiar nuestro modelo productivo basado en el sector servicios y la estacionalidad. Deben acompañarse otras medidas, como un plan para impulsar la industria, apostar por nichos tecnológicos y por la I+D, por sectores punteros como las energías limpias que pueden generar muchos puestos de trabajo».

Más pesimista se muestra su compañero de CC.OO. «Dudo que exista una solución para todos los problemas de la juventud en el mercado laboral -sostiene Gutiérrez-. Creemos que el plan puede ayudar a cualificar el colectivo de jóvenes con bajos estudios y el estatuto del becario a combatir la precariedad laboral... Es un paso adelante».

Y es que el mercado laboral español tiene su propia idiosincrasia. Santiago Soler, secretario general de Adecco, cuenta algunas de sus paradojas: «Tenemos profesionales muy cualificados y demandados a nivel nacional e internacional. Y luego hay gente con grados educativos y formativos muy bajos. Es una brecha que se abre cada vez más», explica. Y esa dualidad se refleja en los datos del paro.

Casi el 39% de los menores de 30 años no han obtenido la Educación Secundaria Obligatoria

Es otro de los rasgos que caracteriza el sistema: la alta tasa de abandono escolar prematuro. «El sistema educativo ha sido deficiente y ha permitido que los jóvenes salgan prematuramente. Es necesario una formación más realista y adaptada al mercado de trabajo», sostiene Felgueroso.

En efecto, existe una triste realidad: en el tercer trimestre de 2018, casi el 39% de los jóvenes entre 16 y 29 años no había obtenido la ESO. Y está demostrado que a mayor formación mayores posibilidades de encontrar un trabajo. Ahí están los cifras: entre los jóvenes menores de 29 años en paro. el 45% no han obtenido la Educación Secundaria Obligatoria. Claro que también hay un alto porcentaje (25%) de parados con Educación Superior, tanto universitaria como de FP Superior, debido a la dificultad de acceder a un empleo si no tienen experiencia. «Se necesita romper el ciclo: no tengo experiencia no puedo trabajar», comenta Soler.

Además se da otra paradoja: «Con tres millones de parados, existen perfiles que no se cubren y no se trata solo de grandes ingenieros sino también de oficios, de posiciones de grados intermedios», añade Soler. Eso demuestra la gran desconexión que existe entre el mundo educativo y las necesidades de las empresas.

Apuesta por la FP Dual

La clave para resolver tantas contradicciones está en potenciar una cualificación media, prácticamente inexistente ahora, defiende Soler. «Mucha gente que adquiere grados medios de Formación Profesional obtiene trabajo. Países como Alemania, donde este tipo de formación está muy potenciada, tienen tasas de desempleo mínimas. El grueso de su población está en ese nivel formativo y con trabajo, tienen un gran nivel operativo y de oficio que genera mucho empleo. Nosotros somos como un reloj de arena: mucha gente muy preparada y gente muy poco cualificada».

«Hay que acabar con esa cultura de si no soy universitario no soy nada. Es necesario mejorar la mentalidad de la gente y la oferta de la FP», reconoce Magaldi, de UGT. Y en este ámbito la FP Dual es la estrella, la opción en la que más se pone el foco. En España es una formación muy reciente pero gana más alumnos cada año. Según datos del Ministerio de Educación, la matriculación en FP Dual aumentó en el curso 2016-2017 alcanzando los 24.000 alumnos, cinco veces más que en el curso 2012-2013, cuando empezó a impartirse . No en vano, esta formación multiplica las posibilidades de encontrar un trabajo: entre el 70 y 80% de los alumnos que la cursan consiguen en breve un empleo. Por eso, cuenta con tanto defensores, como María Jesús Valdemoros, experta en Análisis Económico de la Universidad de Navarra. «El ejemplo alemán da muchas pistas y deberíamos ir en esa dirección, con una formación profesional dual que permita conducir dicha formación en la dirección que señala el mercado laboral. Hay que sumar a las empresas a ese esfuerzo».

Nuestro tejido empresarial también es muy diferente al país germano. Aquí el 90% son pymes y micropymes. «La gran dificultad es que no contamos con un sector industrial del peso del alemán -añade Valdemoros-. Si nuestra economía no avanza hacia un modelo productivo de ese tipo, el potencial de la formación profesional dual es menor. Aunque ambos elementos (formación dual e industrialización) pueden ir reforzándose si se diseñan bien los pasos a seguir».

El 71% de los jóvenes tienen un contrato temporal y el 39% con jornada parcial (frente al 14% de la problación)

A los expertos no les faltan propuestas a nivel formativo para aumentar la empleabilidad de los jóvenes. El profesor Felgueroso apuesta por un plan nacional de retorno y de segunda opotunidad que recupere a los que abandonaron prematuramente los estudios. Y programas de competencias digitales para todos. «La mejor solución sería contar con itinerarios formativos variados, que motiven y renganche a los jóvenes y estén vinculados con prácticas que ayuden a una mejor conexión con el mercado laboral». mantiene la experta Valdemoros.

Allanar el camino empresarial

El documento del Gobierno recoge un apartado de medidas para fomentar la iniciativa empresarial, el trabajo autónomo y la economía social entre los jóvenes como alternativa laboral.En este capítulo también se promueve la creación de incubadoras (hoy hay 250 en el país)por parte de las empresas para desarrollar nuevas startup. Siendo uno de los ejes principales de este plan «los objetivos son poco realistas y hay una escasa asignación económica (51 millones de euros)», considera Fermín Albaladejo, presidente de la Confederación Española de Asociación de Jóvenes Empresarios (Ceaje), que echa en falta mayor concreción de las iniciativas. «Hay un sin fin de buenas intenciones, como la atención, asesoramiento y apoyo a jóvenes que quieran emprender, pero no se recogen ayudas y medidas económicas concretas para que los jóvenes puedan iniciar una carrera empresarial», defiende. Se refiere a apoyos en el día a día como «una reducción o congelación de la cuota de autónomos cuando el trabajador no factura. Hay países en los que los autónomos están exentos en ciertas circunstancias», dice. También echa en falta apoyo para que las pymes y micropymes puedan realizar su transformación digital.