Fiat sella con Chrysler una alianza estratégica y toma el 35% de su capital

VERÓNICA BECERRIL | ROMA
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Italia calificaba ayer de «regalo a Barak Obama» el acuerdo preliminar «no vinculante» entre Fiat y Chrysler, por el cual el grupo automovilístico italiano se hará con el 35% del capital del fabricante de Detroit. La adquisición de capital, según el comunicado difundido ayer tras los insistentes rumores del lunes, supone para los norteamericanos el uso de las tecnologías y las redes de distribución de Fiat, mientras que para los italianos significará la posibilidad de entrar en el mercado norteamericano con sus distintas marcas. «Creo que es un buen acuerdo», señaló a los medios el vicepresidente de Fiat, John Elkann, quien manifestó su intención de elevar la cuota de participación en un futuro.

La unión Turín-Detroit podría llevar a la nueva alianza estratégica a situarse entre los seis grandes del automóvil, intención principal de Fiat, como señaló ayer el administrador delegado de la compañía, Sergio Marchionne. El acuerdo será formalizado antes de que acabe el mes de abril, y estará sujeto a la aprobación por parte del Departamento del Tesoro estadounidense, que ya en el pasado no vio con buenos ojos las ayudas económicas concedidas al grupo.

Desde el Gobierno italiano la noticia fue calificada de positiva, sobre todo teniendo en cuenta que Fiat hace sólo unos meses había declarado que sufriría una caída del 14,15% de en su beneficio correspondiente a 2008. La crisis en el grupo italiano afectó directamente a los trabajadores que en algunas fábricas fueron enviados a casa con vacaciones obligadas durante el mes de diciembre debido a la caída de producción, reabriendo sus puertas estos días. Los analistas italianos ven en la unión Fiat-Chrysler una complementariedad mayor que entre la pasada adhesión de los de Detroit con Daimler, un matrimonio que llevó a los accionistas de la segunda a desembolsar en 1997, 37 millones de dólares, «divorciándose» hace casi dos años. Así que Detroit podrá empezar a respirar, mientras que Turín encuentra un hueco en el mercado americano garantizándose la asistencia para el desembarco del 500 y del Alfa, una forma de colocar la producción que no encontraba mercado en Europa.

El presidente del consejo de administración de Chrysler, Robert Nardelli, explicó que «esta transición nos permitirá ofrecer una gama más amplia y competitiva de vehículos» para sus «concesionarios y clientes, que cumplen estándares de emisiones y consumo reducido de combustible».

Inyección de liquidez

Por su parte, Francia anunció ayer que inyectará entre 5.000 y 6.000 millones de euros a su industria del automóvil, aunque a cambio exigirá que los fabricantes mantengan sus plantas de producción en el país, según explicó el primer ministro galo, François Fillon, en un encuentro mantenido con todos los agentes del sector. La «respuesta masiva» del Estado francés en apoyo de su industria automovilística, que emplea al 10% de la población activa, requiere medidas ejemplares por parte de los fabricantes, como «contrapartida» a las ayudas públicas, aseguró Fillon.