Sede de la estadounidense Standard & Poor's
Sede de la estadounidense Standard & Poor's - EPA

Europa fracasa en su intento de conseguir una agencia de calificación propia

Las autoridades comunitarias, incapaces de liquidar la hegemonía de S&P y Moody’s, se culpan entre ellas

CORREPONSAL EN BRUSELAS Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

La Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA por sus siglas en inglés), el BCE y el Tribunal de Cuentas europeo han enviado mensajes entrecruzados a la Comisión Europea quejándose por la persistencia del dominio de las agencias internacionales en el mercado de la calificación. Unos y otros se culpan del fracaso de Europa en sus intentos de abandonar su dependencia de las calificadoras norteamericanas, pero nadie encuentra la solución para resolver un problema que orbita en Bruselas desde hace años.

Desde 2008 la UE anda dando vueltas a la idea de romper la dependencia de las grandes agencias de calificación, no solo porque son norteamericanas, sino porque en realidad ejercen un duopolio en Europa, algo que no sucede ni siquiera en el mercado norteamericano, donde la competencia es más abierta y la Reserva Federal admite los ratings de las diez agencias autorizadas por la agencia de supervisión. A la Comisión le gustaría lograr que los inversores en bonos soberanos europeos pudieran informarse "por sí mismos" sobre la calidad de esa inversión.

Pero por ahora no ha encontrado un camino genuinamente europeo para superar la dependencia de las agencias norteamericanas. Sea porque las instituciones de gobierno de la moneda única no están todavía lo bastante maduras, sea porque el centro del mercado financiero del euro sigue estando en Londres, donde las agencias anglosajonas están en su salsa, el caso es que no ha habido demasiados avances.

La actual reglamentación data de 2009, y fue redactada como efecto inmediato de la crisis de la deuda. Las nuevas normas incluían entonces requisitos de registro y supervisión de las agencias a nivel nacional. Dos años después, en 2011, el registro y la supervisión se centralizó en la ESMA, un organismo del que la única decisión política que se llegó a tomar es que su sede debía estar en Paris. Este año, a primeros de mes, el Tribunal Europeo de Cuentas ha publicado precisamente un durísimo informe, lo que se llama una "auditoría de rendimiento" y que considera no solo si las cuentas han sido debidamente ejecutadas sino también si el trabajo de la institución ha servido para algo. En el caso de la Autoridad Europea de Valores y Mercados, el simple dato de que a estas alturas solo cuenta con quince personas para intentar controlar a gigantes mundiales como S&P o Moody’s ya representa en sí mismo una constatación de que es imposible que la existencia de esta agencia haya servido para algo más que para rellenar un espacio de oficinas en la parisina Rue de Grenelle.

El informe del Tribunal de Cuentas también critica el papel del BCE, que con su propia reglamentación estaría dificultando una diversificación del mercado. La ESMA ha aceptado a 23 agencias en su registro, pero el Banco Central Europeo solo acepta la opinión de las cuatro más grandes para calificar los activos que se presentan en Fráncfort como colateral.

Por lo que se sabe, la ampliación de la ESMA espera una clarificación por parte de las instituciones europeas, en Bruselas. Cuando se creó ya se introdujo la perspectiva de que la Comisión debía enviar antes de final de 2016 un informe al Consejo y al Parlamento europeos "sobre la idoneidad del desarrollo de una evaluación de la solvencia crediticia europea de la deuda soberana". A medida que esa fecha se aproxima, crece la lucha entre los distintos actores institucionales para controlar o inspirar esa futura agencia europea, en caso de que llegue a constituirse.

Mientras, la Comisión insiste en que por ahora sus servicios ya procesan y publican los datos sobre la situación y los resultados económicos, financieros y presupuestarios de los Estados miembros, dentro y fuera de la zona euro. En el marco de este debate, diversos sectores le habrían pedido al ejecutivo comunitario que examine si esta información que ya ofrece debería complementarse con indicadores adicionales de modo que se pudiera desarrollar una evaluación europea de la solvencia, que podría permitir a los inversores realizar una valoración imparcial y objetiva de la solvencia de los Estados miembros.

Por ahora, Bruselas ha hecho una consulta entre un grupo de inversores estratégicos a los que les ha preguntado su opinión . Y, según reconoce la misma Comisión, la mayoría le han respondido que "dado el alcance mundial de sus actividades" y las necesidades de sus clientes, "resulta indispensable poder disponer de datos comparables sobre la deuda soberana a escala mundial, no solo de la UE". Es decir, que están cómodos con la situación actual.