Consejo de Ministros del Gobierno
Consejo de Ministros del Gobierno - ÓSCAR DEL POZO

España S.A., con plomo en las alas

Algunos advierten de que tras las «sorprendentes» ofertas de ACS y de AENA sobre Abertis se trasluce un «capote» amigo de sus gestores al del máximo accionista, Criteria (Grupo La Caixa)

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Cierto es que las grandes empresas españolas cotizadas se han hecho ya con un hueco en el mundo entre sus competidoras sectoriales. En concreto, 12 compañías ocupan un puesto en el «top ten» de su sector por valor de mercado. Los datos los veo reflejados en el informe «Posición Internacional de la Empresa Cotizada Española», promovido por Bolsas y Mercados Españoles (BME) y Telefónica. El documento constata que hoy el tejido empresarial español cuenta con dos líderes mundiales por capitalización: Inditex, en el área de venta al por menor de ropa, y AENA, en el caso de servicios aeroportuarios. Además, España también cuenta con otras tres compañías que ocupan la segunda posición en sus respectivos sectores: Abertis (autopistas y ferrocarriles), Ferrovial (construcción e ingeniería), y Gas Natural (gas). Pero el listado no se queda ahí. Se completa con Banco Santander (octava posición en banca), ACS (cuarto en construcción e ingeniería), Iberdrola (cuarto en electricidad), Enagás (sexto grupo mundial en gas), Dia (séptima empresa en el negocio de hipermercados y centros comerciales), IAG (quinta posición en el ámbito de las líneas aéreas), Amadeus (séptimo lugar en procesado de datos y servicios externos) y Telefónica (cuarta «teleco» mundial por capitalización).

Dicho esto, cierto es también que los Gobiernos españoles -en plural, ya que es una cuestión que viene de tiempo atrás, en concreto desde la época del primer Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero-, han jaleado la existencia de los llamados «campeones nacionales» (es decir grandes compañías que gozan de un gran poder de mercado «protegido» en su sector dentro de un Estado miembro en concreto) pero con capacidad suficiente para competir con sus «homólogos» en el exterior. De hecho, siendo «semicampeones» nacionales, muchas de nuestras grandes empresas han aprovechado todos estos años de crisis para convertirse en claves y estratégicas en sus «negociados» en otros lugares del mundo. Internacionalizadas, desde luego, pueden decir con orgullo que lo están. Y de largo, porque, además, seguirán ampliando miras. Pero... ¡amigo! hablamos de campeones «privados». Otra cosa es que lo hagamos de campeones nacionales «públicos». Ahí la situación, o los deseos, son otros. Más bien distintos.

Y es que a raíz de lo que ocurrió con el Canal de Isabel II en Brasil -la mayor empresa pública de la Comunidad de Madrid que, en síntesis, compró en noviembre de 2013 una sociedad brasileña a través de otra instrumental radicada en Uruguay-, el Gobierno no quiere ni media fisura. Ni medio escándalo más sobre presunta corrupción que le pueda salpicar y pueda enturbiar la buena marcha de la economía española. ¡Con lo que ha costado! Tras años duros, de apretarse el cinturón y con medidas poco populares. Porque una cosa es lo que haya podido hacer, o supuestamente haya hecho, algún político en concreto, y otra muy distinta que los gestores de empresas españolas bajo el paraguas del Estado hagan de su capa un sayo y obren según su propio albedrío con consecuencias que puedan acabar menoscabando la reputación del país.

Hete aquí la razón por la que pudiera ser que el Gobierno de Mariano Rajoy no haya visto con buenos ojos que estos días atrás se filtrara que el operador de la red de aeropuertos españoles, AENA, se estuviera planteando lanzar una contraopa sobre Abertis, ¿para qué exactamente? ¿para ampliar mercados en el exterior? ¿para conseguir de paso una mayor privatización del gestor de aeropuertos? ¿para «salvar» de alguna manera la españolidad el grupo gestor de infraestructuras que podría caer en garras italianas? Un secreto desde luego no es que el presidente de AENA, José Manuel Vargas, tiene como uno de sus principales objetivos expandir la compañía por nuevos territorios (¿Brasil? Buf, «piano, piano». Mejor, no. La experiencia, dicen, es un grado). El Ejecutivo, sin embargo -sobre todo desde dos de los tres Ministerios de los que depende la empresa, Economía y Hacienda-, prefiere conservar AENA como una compañía con un perfil nítido y ceñido, gestor de la red española de aeropuertos con algunas incursiones internacionales (como la compra del aeropuerto de Luton, en Londres, precisamente a Abertis en 2013), antes que dar forma a un nuevo gigante en infraestructuras.

Pero, de momento, no más. Stop, pues, al desarrollo internacional de AENA, como al de otras empresas públicas con suficiente músculo para expandirse en el exterior, como Renfe que, si bien ha logrado como deferencia en el pasado el proyecto del AVE a La Meca, tampoco va a lograr mucho más... ahora. Los proyectos de nuevos «national champions» públicos quedan pues, hasta que amaine el temporal, digamos, «necrosados». España S.A. con plomo en las alas... Mientras, por cierto, algunos advierten de que tras las «sorprendentes» ofertas de esta misma semana de ACS y de AENA sobre Abertis se trasluce un «capote» amigo de sus gestores al del máximo accionista, Criteria (Grupo La Caixa). Así, la oferta de la italiana, Atlantia, será mayor. Veremos