La España narcotizada de políticos y empresarios

El bloqueo político, al que parece no darle importancia el Gobierno Sánchez, afecta ya a asuntos económico-empresariales de gran calado. Los problemas en Santander, BBVA, Telefónica, Prisa, Bankia, CNMC... quedan de fondo. Y nadie dice nada

María Jesús Pérez
Madrid Actualizado: Guardar
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La política tiene paralizada a España. Desde hace meses y meses. Yo ya he perdido la cuenta. Diría que al menos dos años. Incluso el doble. El país, envuelto en una pelea de sillas que está por resolver, no va ni para adelante ni para atrás. Y mientras tanto, la economía empieza a cambiar de ciclo y a sufrir las consecuencias de esa parálisis. Una vez más se nos pasa la oportunidad de aprovechar tiempos de bonanza para poner en marcha reformas que nos ayuden a sortear, de la mejor de las maneras posibles, una crisis que se aventura global.

Lo peor, como apuntaba, que el bloqueo político al que parece no darle importancia el Gobierno de Pedro Sánchez –que cumplirá exactamente 195 días en funciones el día de la próxima cita de los españoles con las urnas, el 10 de noviembre–, afecta ya a asuntos económico-empresariales de gran calado. Y nadie dice nada. Porque además este Ejecutivo en funciones no puede nombrar ni cesar altos cargos. Tampoco puede aprobar planes que vinculen la política del futuro Gobierno saliente de las urnas ni adoptar actos de discrecionalidad política.

Pero no pasa nada. «Todo está OK», dicen. Pues no me lo creo. Más bien mucho se empieza a torcer. A saber. La Bolsa no levanta cabeza; los inversores –grandes y pequeños–, con su dinero prácticamente a fondo perdido porque las acciones hoy no valen lo que debieran ni, sobre todo, lo que pagaron; la reputación corporativa, en la peor de sus crisis, y más que muerta, enterrada; las empresas, que empiezan a notar que se avecina más que una tormenta pasajera, rememorando tiempos no tan pasados, ponen en marcha, de nuevo, ajustes de plantilla que dejan fuera del mercado sin piedad mucho talento y experiencia; y unas cuentas públicas que vuelven a prorrogarse, las del 2018, en una situación económica que no se corresponde con la estimación de medidas y reformas previstas entonces con esos números.

Lo dicho, ¿nadie tiene nada que decir? En el recuerdo de los que conocemos de buena tinta la íntima y tradicional relación entre políticos y empresarios, reuniones –secretas, la mayoría, a bombo y platillo, las menos, en público– entre ambos colectivos en los que discutir de lo importante: del devenir económico y de las medidas adecuadas para mejorarlo.

Insisto en lo que comentaba esta misma semana. Políticos y grandes ejecutivos, haciendo pandilla, para que todo siga como está, porque al final las cosas van bien o mal dependiendo desde la poltrona desde la que se mire. Pero en silencio. Y recuerden, el que calla, otorga. El «Ibex-36» (sí, «36», las grandes empresas del selectivo bursátil español más el presidente Sánchez en funciones) y sus «componendas» –sin ánimo de ofender, por supuesto– bajo mesa. Negando la evidencia al grito de situaciones problemáticas que no reconocen que existan. El Santander y su asunto del fichaje fallido del que pudiera haber sido hoy su nuevo CEO, Andrea Orcel... y no pasa nada. La crisis de reputación en BBVA por su presunta relación con las escuchas ilegales del comisario José Manuel Villarejo... y no pasa nada; Telefónica y esa –dicen– ausencia de un claro modelo de negocio futuro, con la acción por debajo de los 10 euros considerados el suelo mínimo de viabilidad... y no pasa nada; la paralización de la paulatina privatización o fusión de Bankia... y no pasa nada; la imputación del presidente no ejecutivo de Prisa y de Openbank, Javier Monzón, y no pasa nada; renovaciones en puestos político-empresariales pendientes, como las del Consejo General del Poder Judicial, RTVE y de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)... y no pasa nada; etc, etc, etc...

Y entre todo este maremágnum de asuntos, un par de ellos que tienen más que entretenido al presidente Sánchez y a los suyos, pendientes de los pactos postelectorales... no solo con otros partidos políticos (los consabidos intercambios de cromos), sino también con empresarios, más las consecuencias derivadas tras ciertas citas ante el juez. Por ejemplo, lo que tenga que venir tras las declaraciones de los expresidentes de Banco Popular (esta semana que viene, Emilio Saracho, y ya a finales de mes, Ángel Ron), o todo lo que rodea judicialmente a la salida chapucera a Bolsa de Bankia. Se sigue buscando compañero de viaje para esta última entidad y ahora suena más que nunca –aunque está en «stand by»–, el BBVA que preside aún Carlos Torres. ¿Matar dos pajaros de un tiro? Un nombre de consenso que está empezando a ir de boca en boca: José Sevilla, el hoy segundo de a bordo de José Ignacio Goirigolzarri. Un banquero, por cierto, muy bien visto por algunos en los alrededores de Fráncfort. Y un tema, el de las copresidencias, que ya hemos vivido tambien en otra época en el grupo vasco, que no diría que no a volver a sus orígenes...

Mientras, del lado institucional, también entretiene a unos y a otros los últimos coletazos del aún presidente de la CNMC, José María Marín Quemada, también, digamos, en funciones (acabó sumandato el 9 de septiembre) que, tras «liarla» con el recorte de ayudas a las energéticas de este país, está a puntito de anunciar la multa al duopolio televisivo de publicidad (Mediaset y Atresmedia) que, apuntan por ahí, quedará en la mitad de lo que muchos creen.

En definitiva, una España literalmente secuestrada por el buenrollismo entre nuestros políticos y empresarios. Unos y otros se retroalimentan mientras una nueva crisis económica vuelve a renacer. Porque aquí y ahora lo importante es no importunar. «Ojos que no ven, corazón que no siente». España, narcotizada.

María Jesús PérezMaría Jesús PérezRedactora jefeMaría Jesús Pérez