El engaño griego siembra la duda sobre las estadísticas de los países del euro

Amadeu Altafaj. Corresponsal/
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BRUSELAS. Grecia ha sembrado la duda sobre las estadísticas de la Unión Monetaria, después de que Eurostat confirmara ayer que Atenas comunicó datos falsos sobre su déficit público al menos desde 2000.

El director general de Eurostat, Michel vanden Abeele, expuso lo que el ministro de Economía heleno, Georges Alogoskufis, ya adelantó ante su Parlamento el miércoles: el déficit público rebasó el límite del 3% marcado por el Pacto de Estabilidad sistemáticamente desde al menos el año 2000, alcanzando ese el 4,1%, en 2001 y en 2002 el 3,7% y en 2003 el 4,6%. Las cifras anteriormente comunicadas a Bruselas apenas alcanzaban un muy correcto 2% y eso desde finales de la década de los 90, lo que dio lugar a que los expertos hablaran de un «milagro griego».

Eurostat empezó a expresar abiertamente sus dudas sobre este «milagro» en septiembre de 2002, aunque durante más de un año se conformó con publicar el dato de déficit griego acompañado de un asterisco y una nota a pie de página con la mención de «provisional a la espera de verificación».

A raíz de este escándalo, Vanden Abeele consideró que el «pacto de caballeros» sobre el que se basa la comunicación de datos estadísticos de las capitales a Eurostat debe ser superado: «Hay que ir más lejos, hay que avanzar hacia una capacidad de auditoría de las cuentas públicas» por parte de la oficina estadística europea, declaró. Esta dispone en la actualidad de apenas de 60 funcionarios para escrutar las cuentas públicas de 25 Estados miembros, unos efectivos insuficientes para una labor tan grande. «El caso griego es un caso específico... de momento», aventuró el director general de Eurostat.

Su superior, el comisario europeo de Economía Joaquín Almunia, reconoció que la revisión de las cifras griegas «son de una magnitud y alcance que están causando auténticos problemas a la Comisión». La CE quiere, en efecto, infligir un castigo ejemplar a Atenas pero se encuentra con que la base jurídica para ello es endeble. No puede abrir ahora un procedimiento por déficit excesivo por ejercicios ya evaluados, ni cuestionar el ingreso en el euro en enero de 2001, pese a que probablemente Grecia no cumplía el criterio de déficit público.

Visitas a Madrid

También las cuentas españolas han sido escrutadas por las autoridades europeas y, en particular, el impacto de la decisión del Gobierno de asumir la deuda histórica de Renfe, 3.659 millones de euros, y los costes de infraestructuras ferroviarias por otros 1.800 millones.

Vanden Abeele, nombrado en su día por el ex comisario europeo y ahora vicepresidente económico, Pedro Solbes, comentó que Eurostat tiene «una discusión en curso pero no sobre la interpretación de las cifras sino sobre la voluntad del Gobierno español de tomar decisiones políticas para incluir en la deuda un cierto número de costes, ya sea regionales, ya sea de grandes infraestructuras». En particular se refirió a la asunción en la deuda global «de los gastos relativos a la infraestructura de los trenes de alta velocidad».

Fuentes del Ministerio de Economía español aseguraron a ABC que la delegación de Eurostat ya ha estado en Madrid y ha dado su visto bueno a las cuentas y a la forma de contabilizar las citadas deudas.