Las empresas toman posiciones en la millonaria carrera del coche eléctrico

El alza de la demanda de energía y los puntos de recarga abren una gigantesca vía de negocio a distribuidoras... y a unas petroleras en evolución

Los expertos ven a las compañías con músculo financiero para explotar el filón, pero piden a la administración una visión a largo plazo

MadridActualizado:

El horizonte 2040 parece lejano pero el tiempo en el desarrollo a nivel de país siempre es relativo. Para esa fecha, el Gobierno pretende prohibir la matriculación y venta de vehículos contaminantes, lo que afecta de lleno al parque nacional de coches -según aparece reflejado en la Ley de Cambio Climático que ultima el Ministerio de Transición Ecológica-. Entonces, la idea es que España sea una tierra libre de emisiones en la que el coche eléctrico sea la movilidad del futuro. Una utopía dicen algunos pero que obliga a transformar ciertos mercados, algunos sectores y los modelos de consumo energético. Aunque en 2017 apenas había 27.689 coches de este tipo -3,2 por cada 10.000 habitantes-, este reto supone una oportunidad a corto, medio y, especialmente, largo plazo. Fabricantes y marcas ya han cargado contra el plan del Ejecutivo, mientras las eléctricas -y petroleras en menor medida- se frotan las manos.

«Las grandes distribuidoras (Endesa, Iberdrola y Naturgy) tienen músculo financiero para entrar en este mundo de manera masiva», dice Jorge Morales, director de Próxima Energía y reputado experto en el sector. De esta forma, cree que ahora se abre una nueva oportunidad de negocio que atañe a la creación de millones de puntos carga y, también, al desarrollo masivo de las energías renovables. «Queda el reto de pasar del 40% de renovables en electricidad al 100%», asegura, en referencia a que el coche eléctrico de 2040 estará obligado a funcionar con energía limpia. Desde la patronal de las eléctricas, Aelec, asimismo, constatan que «el consumo eléctrico de los vehículos debe provenir de fuentes renovables».

Pese a que las eléctricas españolas han centrado buena parte de sus esfuerzos en la generación eólica, las compañías ya tienen recorrido parte del camino. De hecho, Endesa, Iberdrola y Naturgy explican a ABC su firme compromiso con alcanzar ese objetivo de 100% renovables. El gran escollo, la inversión necesaria para abordar este cambio radical. Según un informe de Monitor Deloitte, en generación eléctrica se necesitarán 105.000 millones de euros adicionales de inversión para lograr el objetivo de la descarbonización.

Un estudio de Deloitte cifra en 5.000 millones los incentivos públicos necesarios para impulsar el coche eléctrico

Las distribuidoras son conscientes de que el futuro pasa por la energía limpia y que el coche eléctrico se moverá con ella. La electrificación de la sociedad -dejando atrás los combustibles fósiles- es un objetivo compartido por estos actores. Hoy día ninguno de ellos piensa en rentabilizar a corto plazo la inversión, sino en hornear poco a poco un pastel millonario. La demanda eléctrica aumentará y ahí estará el rédito económico -dicen los expertos-, junto al despliegue de los puntos de recarga. «La aparición del vehículo eléctrico pasa a ser un negocio que hasta ahora no existía. Por tanto, es una oportunidad», dicen desde Aelec. Aun así, esta jugada tiene como contraparte que ese suministro será más barato ya que la energía renovable tiene un menor coste. Empresas y consumidores, ambos ganan.

Sin embargo, el horizonte 2040 también plantea incógnitas. Precisamente, sobre los postes de recarga. Las distribuidoras plantearon hace meses hacerse cargo ellas de esta inversión a cambio de sumar esos costes en forma de peaje a los consumidores en la factura de la luz, pero la CNMC rechazó la propuesta. Esto supuso un cambio radical, hasta el punto de que ahora ya casi nadie concibe que el usuario tenga que soportar esos gastos.

Josep Trabado, director general de Endesa X, asegura que avanzamos hacia un sistema todavía más competitivo y abierto y no valoran siquiera la posibilidad de cargar costes en los peajes de la luz. En el único supuesto que abre la puerta a este modelo es para la implantación de puntos de carga en zonas remotas sin atractivo para las empresas, aunque reconoce que tampoco tiene visos de prosperar.

En el lado contrario de la moneda se encuentra Naturgy, que no descarta esa posición. De hecho, fuentes de la empresa afirman que «la instalación de unos 10.000 puntos de recarga costaría unos 200 millones, que se amortizarían en 40 años, con lo que el coste total del sistema eléctrico solo aumentaría en 9-10 millones/año (de un total de 16.000 millones)». La realidad es que el plan del Gobierno pone en jaque parte de la estrategia de esta distribuidora, que centra buena parte de sus esfuerzos en el gas, fuente de energía que aún considera que podría alcanzar una buena cuota de mercado.

Apuesta empresarial

Endesa es, de momento, la compañía con una apuesta más fuerte sobre la movilidad sostenible. Tal es así que en su plan estratégico figura instalar más de 100.000 puntos de recarga en cinco años, de los cuales 8.500 serán de acceso público. Trabado, sin embargo, hace hincapié en que el despliegue de los mismos y su éxito tendrá mucho que ver con la acogida que tenga el coche eléctrico los próximos años. En otras palabras, que Endesa ya ha lanzado su compromiso estratégico a la espera de que la moneda caiga por el lado ganador y se cumplan sus previsiones, que hablan de que para 2023 ya habrá un parque de vehículos eléctricos de 500.000.

Iberdrola, por su parte, prevé la instalación de 25.000 puntos de recarga hasta el año 2021. Además, su plan establece el despliegue de una red de estaciones de recarga de tipos rápida, súper rápida y ultra rápida, instaladas cada 100 kilómetros en las principales carreteras con fecha límite 2019. Incluso, pese a que la diferencia es más que evidente respecto a las cifras de Endesa, Iberdrola explica que no descarta aumentar más esas infraestructuras en caso de una evolución ambiciosa del coche eléctrico, ya que este plan lo presentaron hace meses, cuando el Gobierno ni siquiera pensaba en el horizonte 2040.

Naturgy, en cambio, es la que se encuentra ligeramente más rezagada en el desarrollo de los puntos de recarga pero fuentes de la empresa afirman a ABC que «las compañías eléctricas pueden ser un agente clave» para esta transición y que «serían el socio perfecto para que las estaciones de servicio cumplan con la obligatoriedad de instalar» los postes de recarga, al igual que demás infraestructuras requeridas.

De esta manera, los compromisos de las grandes distribuidoras, de momento, están en la fase de las palabras. Los años venideros serán clave para conocer la implantación real de sus particulares apuestas por la electrificación de la sociedad y el coche eléctrico, aunque los expertos creen que no tendrán problema en hacer frente a estos retos.

Arcadio Gutiérrez, director general del Club Español de la Energía (Enerclub), constata que «necesitamos una infraestructura mucho mayor de la que tenemos»

Incluso, Trobado va más allá y señala que «el sector está preparado» para afrontar en la actualidad esta transición, al menos en el corto plazo. Tanto a nivel tecnológico como de infraestructuras. Así, diferentes actores confirman que nuestro país ahora es capaz de soportar la carga simultánea de cinco millones de vehículos. Situación distinta se dará a 20 años vista, cuando sí se necesitarán fuertes inversiones para dar servicio a los más de 20 millones de coches que hay en España.

Arcadio Gutiérrez, director general del Club Español de la Energía (Enerclub), constata que «necesitamos una infraestructura mucho mayor de la que tenemos», para mandar a continuación un mensaje a las instituciones: «No se puede hacer ahora una cosa y a los cinco años cambiarla», reflexiona el experto, en relación a que las transiciones en el sector energético requieren de visión a largo plazo. Es decir, que no dejen tiradas a empresas y consumidores que hagan un esfuerzo por alcanzar las renovables 100% y el coche eléctrico.

Más allá va Eloy Pelegrí, académico de la Real Academia de Ingeniería, al asegurar que «la movilidad sostenible no se alcanza cambiando combustibles sino mejorando la eficiencia, con planes urbanísticos, con normativas en las ciudades que promuevan el transporte público...». Una postura centrada en el bienestar social que explica que los retos de las eléctricas no son los únicos en este caso.

Oportunidades

Aunque las distribuidoras tienen un pastel jugoso que abordar, para los consumidores se abre una oportunidad: la de revender la energía que no utilicen. Con el coche eléctrico se almacenará la electricidad en una batería que, en el futuro, podrá ser puesta a disposición del mercado a cambio de un precio. «Aparece un agente nuevo que es el propio vehículo», detalla Trobado.

Aun así, adquirir esos vehículos no siempre está al alcance de todos. Morales, de Próxima Energía, calcula que la inversión por parte de los usuarios debería ser de unos 600.000 millones de euros. Un cálculo que surge de unos 24 millones de coches multiplicado por un precio de 25.000 euros por vehículo, valor estimado para los próximos años para los transportes eléctricos. Pelegrí, incluso, detalla que «hay una serie de consenso por la que a mediados de década los costes de los vehículos eléctricos pueden llegar a ser equivalentes a los convencionales».

Por esta razón, un informe de Monitor Deloitte reclamaba mayores incentivos a su compra por parte de las administraciones públicas. Desde 2009 se han destinado 40 millones a impulsar su adquisición, mientras que Monitor Deloitte habla de una necesidad de incentivos de 5.000 millones en los primeros 5-7 años. Todo con el objetivo de reducir los elevados precios que tienen actualmente este tipo de automóviles.

Diferentes actores confirman que nuestro país ahora es capaz de soportar la carga simultánea de cinco millones de vehículos

Esta tendencia, además, golpea de lleno sobre las petroleras aunque la transición ecológica no cogerá por sorpresa a estos actores. Compañías como Cepsa y Repsol cada vez se están convirtiendo más en empresas multienergía, es decir, cuyo negocio no se circunscribe solamente a ciertos productos de petróleo o gas. La electrificación -que aumentará la demanda, con su consiguiente beneficio económico para quien apueste por ella- se antoja también como un desafío para estas sociedades, aunque los expertos consultados creen que no tendrán problema en adaptarse a los nuevos avances. Máxime cuando aún restan 22 años para alcanzar ese escenario.

Además, los actores que ya forman parte de ese sector no cierran la puerta a nuevas incorporaciones. Es más, abogan por que se incorporen las petroleras y gasistas a un negocio en el que todos tienen cabida. «Los agentes se van a tener que ir transformando y es un cambio natural», dice Trabado, de Endesa. En suma, la oportunidad para todos es eléctrica, pero todo dependerá de cómo se «enchufe» cada uno.