Las ministras de Justicia, Dolores Delgado, y de Educación, Isabel Celaá, ayer antes de la rueda de prensa del Consejo de Ministros
Las ministras de Justicia, Dolores Delgado, y de Educación, Isabel Celaá, ayer antes de la rueda de prensa del Consejo de Ministros - EFE

Las empresas siguen en alerta pese al alivio por el fracaso de los Presupuestos

Patronales y directivos esperan que los comicios permitan recuperar la estabilidad política

MadridActualizado:

El fracaso parlamentario de los Presupuestos Generales del Estado diseñados por el Gobierno socialista y la posterior convocatoria de elecciones por parte del presidente, Pedro Sánchez, ha generado entre los empresarios del país alivio e incertidumbre a partes iguales. El decaimiento de buena parte del impuestazo a la actividad económica que contemplaban esas cuentas es, sin duda, la consecuencia inmediata más celebrada entre los directivos empresariales. Ahora bien, esa sensación de respiro se entremezcla con la incertidumbre de que el proceso electoral siga sin permitir obtener la estabilidad política que requiere el país para sacar adelante la agenda reformista que necesita.

«Que no hayan salido adelante esos Presupuestos es una buena noticia porque se basaban en más gasto y unos ingresos inciertos. Además, desde el punto de vista del mercado laboral se estaba profundizando en sus rigideces y en incrementar los costes a la creación de empleo», señala a ABC el vicepresidente de la patronal madrileña (CEIM), Francisco Aranda.

Las compañías de mayor tamaño iban a ser las más afectadas por las medidas fiscales pactadas por el PSOE y Podemos, y que incluían establecer un tipo mínimo del impuesto de Sociedades al 15% y recorta la exención sobre dividendos y plusvalías por el negocio internacional, así como fijar una tasa del 0,2% a las transacciones financieras (tasa Tobin) y otra del 3% a los servicios digitales (tasa Google) y elevar la fiscalidad al diésel. Todo ello hubiese supuesto un hachazo fiscal a las empresas de 4.500 millones.

Reproche empresarial

Muy sintomático de la preocupación que había en el sector empresarial fue el ambiente en que se discurrió el pasado noviembre un foro en la Cámara de Comercio de EE.UU en Madrid y durante el cual la ministra de Economía, Nadia Calviño, tuvo que escuchar reproches públicos a la política del Ejecutivo por parte de los máximos responsables en España de fondos internacionales y multinacionales como Blackstone y Hewlett-Packard, algo insólito en este tipo de actos.

Las empresas celebran así el haberse librado de esta carga no solo para sus cuentas, sino también para el crecimiento económico y el empleo en plena desaceleración. Eso sí, patronales y economistas lamenta que la subida del salario mínimo a 900 euros y el aumento de las bases de cotización a la Seguridad Social, ya en vigor, pueden suponer una barrera al empleo.

«Echar eso para atrás ahora ya es muy difícil, y vamos a ver qué efectos tiene, pero los datos de empleo de enero ya han sugerido que pueden ser nefastos», dice el profesor de Economía en el IE Business School, Rafael Pampillón, quien destaca el negativo efecto de ligar la subida de pensiones al IPC.

A la espera de los comicios

El empresariado confía ahora en que las elecciones generales del 28 de abril permitan formar un gobierno estable y, en la medida de lo posible, con una mayoría suficiente para sacar adelante nuevas reformas. «Hay cierto ambiente de alivio, pero también de incertidumbre», apunta Aranda. Lo que preocupa es la posibilidad de que las urnas ofrezcan un resultado demasiado fragmentado que complique la gobernabilidad del país. «No está claro que vaya a haber una mayoría suficiente y puede que nos veamos de nuevo en una situación de bloqueo parlamentario», señala un directivo bancario.

«El dinero es muy miedoso y la incertidumbre puede llegar a ser más dañina incluso que los impuestos», reflexiona un ejecutivo financiero que prefiere guardar el anonimato, pero que también recuerda el «gran daño» que se puede llegar a hacer a un país «al hacer populismo desde el ministerio de Hacienda». Los empresarios admiten que en las últimas semanas, a raíz del proyecto de Presupuestos, había un clima generalizado entre las compañías de mantenerse a la espera y de parálisis de las inversiones, con el consiguiente efecto en la actividad y el empleo. Y ponen de ejemplo la decisión de Google de ubicar su nuevo centro de operaciones con 1.300 empleados en Portugal y no en España.

«Nos gustaría que hubiera más estabilidad porque hay cierta inestabilidad», dijo esta misma semana el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. El comité ejecutivo y la junta directiva de la patronal se reunirán la próxima semana y analizarán, entre otras cosas, el nuevo panorama que se abre ante la convocatoria electoral.

Estabilidad política

«Ojalá el Gobierno que salga de las urnas y los partidos que lo sustenten sean capaces de recuperar el espíritu de la Transición y lleguen a pactos y consensos que den la estabilidad, confianza y certidumbre tan necesaria en nuestro país», señalaba ayer mismo el presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) y vicepresidente de la CEOE, Lorenzo Amor.

La clave del éxito económico y la prosperidad están, en palabras de otro ejecutivo que apunta en la misma dirección, «en recuperar la estabilidad que permita volver a poner en marcha inversiones, reactivar así la economía y crear más empleos y de mejor calidad. Pero sin estabilidad política todo esto es imposible». De hecho, la realidad es que el caso de Italia está muy presente en las conversaciones empresariales que ponen de ejemplo al país vecino de cómo la inestabilidad económica puede llegar a dañar la economía de un país.

«Hay mucha expectación», asegura el directivo de una consultora, «hay posibles combinaciones para todos los gustos y no todas son buenas. Si Pedro Sánchez saliera ganador con mayoría suficiente tendríamos por delante cuatro años muy complicados fiscalmente hablando».