Bank of America dibuja un escenario posterior a una hipotética victoria de Marine Le Pen en Francia
Bank of America dibuja un escenario posterior a una hipotética victoria de Marine Le Pen en Francia - REUTERS

El día después del euro

La peseta podría perder de un día para otro una cuarta parte adicional de su valor en comparación con el marco alemán en un escenario hipotético barajado por Bank of America

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Tras la victoria de Marine Le Pen en las elecciones francesas y la derrota de Merkel en las alemanas, con Grecia renqueante y con el BCE exhausto por la impresión masiva de billetes, París convoca el referéndum y los miembros de la unión monetaria se van dando por vencidos. Comienza un proceso a varias velocidades de abandono del euro y retorno a las monedas nacionales. Ese es el hipotético escenario, plausible en octubre de este mismo año, sobre el que Bank of America ha realizado un estudio titulado “El día después del euro” y en el que analiza las posibles consecuencias monetarias. Sus conclusiones apuntan a que, si perdemos el euro en el agujero negro de la historia, tendríamos que enfrentarnos a una caótica situación en la que el valor de cada una de las nuevas monedas nacionales debería ser recalculado. Nadie cree que todo esto llegue a pasar, como tampoco nadie predijo el Brexit o la llegada de Donadl Trump a la Casa Blanca. Y el panorama resultante se muestra desolador.

Athanasios Vamvakidis, el economista griego autor del estudio de Bank of America, se ha servido del Método CGER, del Fondo Monetario Internacional. Y se ha basado en las diferencias y desequilibrios de las economías euro para pronosticar que el nuevo marco alemán, por ejemplo, se revalorizaría, respecto al actual euro, un 15%. La peseta, si es que la nueva moneda española volviese a asumir ese mismo nombre, se devaluaría en cambio un 7,5% respecto al euro. Aunque sobre el papel esos serían los cálculos correctos, basados en estadística de PIB de 2016, “en la práctica los movimientos serían bastante más drásticos”, advierte Vamvakidis, debido al efecto de los movimientos de divisas que producirían las monedas percibidas como valores refugio.

La peseta podría perder de un día para otro una cuarta parte adicional de su valor en comparación con el marco alemán debido a la tendencia de los mercados a exagerar las divergencias entre las dos economías. El día después del euro, el marco alemán valdría de hecho un 30%, quizá un 40% más que cualquiera de las monedas del sur de Europa, según este informe, con las lógicas consecuencias nefastas sobre las exportaciones alemanas y de viaje en el tiempo a los años 70 del siglo pasado en las economías del sur. Y la pérdida del euro supone la pérdida del BCE, que desde la crisis ha sostenido nuestras economías en pie pero que ha propiciado un inabarcable aumento de la deuda pública. Solo España ha multiplicado por tres su deuda desde 2008, desde los 440.000 millones de euros hasta los 1,2 billones, mientras que la carga de los intereses ha subido casi un 80% desde los 17.000 hasta los 31.000 millones de euros. Aun permaneciendo dentro del euro, el día que el BCE saque los tipos de interés de la UCI monetaria y volvamos a la lógica de cobrar por prestar dinero, estas cifras supondrán un serio problema. Sin el amparo del euro, no hay por dónde cogerlas. “Es solo cuestión de tiempo que los inversores vuelvan a atacar por este flanco débil a los países europeos”, augura Vamvakidis.

Y todo esto sin empezar a hablar de la pesadilla financiera que atraparía a los ciudadanos europeos, obligados a restructurar ahorros y créditos, a replantear su esquema mental sobre los gastos de la vida diaria en un contexto de grave caída en su poder de compra. Las empresas tendrían que enfrentar mayores costes de financiación y sobrevivir en un ambiente de negocios todavía más incierto. Y para España sería especialmente doloroso es retroceso de un sector vitar para nuestra economía como es el turismo, que jamás volvería a ser el mismo que cuando logró evitar el coste del cambio de moneda. La economía mundial perdería una de sus monedas más sólidas y el capital huiría hacia un dólar, que se encarecería hasta suponer un severo obstáculo a las relaciones comerciales y tendría como consecuencia un cambio de eje de los equilibrios geopolíticos globales.

También es muy posible que la desaparición del euro llevase consigo una desaparición del dinero en efectivo, primero para evitar huidas masivas de capital y después para facilitar el control, de forma que ya no sacaríamos nuestro dinero del banco, pagaríamos con tarjeta o con el teléfono móvil y de alguna u otra forma la ingente deuda pública comprometida por los Estados terminaría siendo trasladada directamente a las cuentas de los ciudadanos.

Algunos cálculos de este tipo ya fueron realizados durante la gran crisis financiera, pero de eso hace casi una década en la que la globalización y la digitalización han continuado avanzando y en la que la postverdad se ha hecho un lugar propio, lo que nos sitúa en un escenario todavía más radical y en el que campan a sus anchas los populismos antieuropeos. Uno de los fundadores del euro, el convencido europeísta profesor alemán Otmar Issing, advierte que, incluso sin escenarios hipotéticos de toma de poder de los populismos, nuestra moneda no puede sobrevivir con el funcionamiento actual. Considera que el Banco Central Europeo abarca demasiadas competencias e intenta controlar muchas economías muy diferentes con una única moneda. Aun gozando de la permanencia del euro, Issing advierte que no afrontar seriamente esta situación significaría, en el mejor de los casos, pasar “agónicamente” de una crisis a la siguiente.