Ciudadanos pasean junto a un centro de cambio de divisas cuenta dólares americanos en Estambul, Turquía
Ciudadanos pasean junto a un centro de cambio de divisas cuenta dólares americanos en Estambul, Turquía - EFE

El desplome de la lira turca desata la inestabilidad en la banca española

La moneda ahonda en mínimos frente al dólar y el euro pese a la inyección de 6.000 millones en el sistema

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Nueva semana, misma tendencia. Después de que el viernes la lira turca alcanzara una depreciación del 40% frente al dólar, ayer la inyección de liquidez del Banco Central de Turquía (TCMB) tampoco salvó ni la divisa ni al Ibex 35 de los números rojos. El selectivo español cayó un 0,75% lastrado por el comportamiento de la banca en Bolsa.

Especialmente por BBVA, la entidad más expuesta a los vaivenes económicos del país otomano. El banco presidido por Francisco González sufrió una bajada del 3,23% y acumula ya un descenso del 23% en el precio de su acción desde comienzos de año. Sin embargo, esta situación no es exclusiva de la entidad vasca. Banco Santander, Caixabank, Bankia, Banco Sabadell... todo el sector sufre estos días en Bolsa por la crisis de la lira.

Y eso que el TCMB anunció un suministro de 6.000 millones de dólares al sistema financiero del país para garantizar la liquidez de los bancos y frenar el desplome de su divisa. De hecho, en un comunicado, el organismo aseguró que adoptará «todas las medidas necesarias» para garantizar la estabilidad de las entidades. Un anuncio que apenas calmó momentáneamente el cambio de la lira, que finalmente volvió a hundirse un 8,5%. Asimismo, el Banco Central de Turquía tomó la decisión de reducir los límites de reservas de divisas permitidas a los bancos del país para así retirar liras del mercado, dar liquidez al sistema y estabilizar la moneda.

Pese a los esfuerzos de la autoridad bancaria otomana, los parqués europeos no pudieron frenar el retroceso. Más allá del descenso que llevó al Ibex a perder los 9.600 puntos, Fráncfort se dejó un 0,53%; Londres un 0,32%; Milán un 0,58%; y París un 0,04%. Una tendencia mantenida en los grandes mercados con el Ibex como referencia negativa por la exposición de la banca española al negocio en Turquía.

Entre los valores españoles que más sufrieron ayer destacan, tras BBVA, Banco Santander con un descenso del 2,43% y Banco Sabadell, que se dejó un 1,66%. En el resto de sectores, Mapfre, otra de las compañías con actividad en el país, cayó un 1,39%.

Una situación que deja el selectivo español por encima de los 9.500 puntos, pero ya con el horizonte de mínimos de marzo (9.327 puntos) asomando por el retrovisor. Todo ello unido al aviso del Banco Central Europeo (BCE) que ya ha anunciado que permanece atento a la crisis... y a las palabras del portavoz de la Comisión Europea Christian Spahr. «Estamos al tanto del potencial impacto», declaró ayer en rueda de prensa.

Impacto en Italia

En Italia, por su parte, se sigue con preocupación la crisis turca. Diversos medios del país se hacen eco de que el Gobierno teme que se desate una especulación financiera contra Italia. Todo ello por las calificaciones que se esperan de las agencias de «rating» entre finales de agosto y principios de septiembre, lo cual podría ser algo «desastroso», según subrayan los observadores.

En estos momentos, Italia es visto como un país en riesgo. La crisis turca puede tener una grave repercusión indirecta por «efecto contagio», en el sentido de que cuando un país entra en riesgo, los capitales huyen de esa nación. De hecho, recientemente el diario «La Repubblica» afirmaba que la fuga de capitales de Italia está alcanzando los 100.000 millones de euros al mes. El hecho de que Italia se vea como un país amenazado lo evidencia la prima de riesgo, que es la más elevada del área del euro, solamente superada por Grecia. Ésta se situó en 278 puntos a cierre del lunes, más del doble que la española.

Así, el riesgo de Italia es consecuencia en gran medida de su deuda pública, que supera los dos billones trescientos mil millones de euros, lo que representa el 132,5 % del PIB. Esta situación, de esta forma, obliga al Estado a encontrar cada más inversores dispuestos a comprar casi 35.000 millones de títulos soberanos.