El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados - JAIME GARCÍA

Unas cuentas para salvar la legislatura

Los Presupuestos de 2019 incluyen un aumento del gasto en guiños sociales y al secesionismo catalán cuya financiación plantea dudas

MadridActualizado:

Pedro Sánchez es consciente de que su permanencia en La Moncloa depende casi en exclusiva de su capacidad para sacar adelante sus propios Presupuestos Generales del Estado. Y de que este año arranca un intenso calendario electoral con comicios europeos, municipales y autonómicos a la vista. Por es no es de extrañar que las cuentas para 2019 presentadas por el Ejecutivo socialista estén trufadas de guiños políticos y sociales que implicarán el mayor incremento del gasto público desde 2010 pese a que el contexto de una incipiente desaceleración económica aconseje al menos mayor prudencia fiscal.

Una década después del ruinoso plan E del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el Ejecutivo de Sánchez promete desembolsar 365.520 millones de euros, un 3,1% más, de los que casi el 58% es gasto social, que sube un 6,4%. El Gobierno ha vendido este aumento del gasto como una fórmula para revertir los recortes del Ejecutivo del PP y devolver a los ciudadanos el esfuerzo hecho durante la crisis. En las cuentas para este año, además de la subida salarial a funcionarios y el incremento de las pensiones, hay en torno a un 40% más dinero para dependencia y vivienda, más de 800 millones para elevar la baja por paternidad de 5 a 8 semanas...

Y luego están los gestos políticos. Sánchez, que está tratando de conseguir del apoyo imprescindible de los partidos secesionistas catalanes para sacar adelante estos Presupuestos en el Congreso de los Diputados, ha firmado un incremento de la inversión en infraestructuras en Cataluña de un 66%, hasta los 2.251 millones. Y luego está la batería de medidas ya acordadas el pasado otoño con el otro socio que lo mantiene en La Moncloa, Podemos, en su plan presupuestario conjunto.

La financiación de este dispendio se base, y he aquí lo que más dudas genera, en unas ambiciosas previsiones de recaudación que ya han sido cuestionadas por el Banco de España, la Comisión Europea y la Autoridad Fiscal Independiente (Airef). El Ministerio de Hacienda aspira a que los ingresos por recaudación aumenten más casi un 12%, con un incremento notable por ejemplo del impuesto por Sociedades (+14,1%). A ello contribuiría la aplicación de nuevas tasas, como a las tecnológicas y a las transacciones financieras, con unas estimaciones de ingresos que igualmente despiertan suspicacias.

El problema es que si lo primero —los gastos— se ejecuta como marca el papel y lo segundo —los ingresos— no se cumple, esto se traducirá en más déficit y deuda públicos, pese a los esfuerzos de la titular de Economía, Nadia Calviño, por convencer a los críticos de que estos Presupuestos cumplen al mismo tiempo con la agencia social de Sánchez y los compromisos fiscales con Bruselas.