La crisis del gas en Argentina une a empresarios y a obreros

Los trabajadores de las fábricas patrullan para impedir que los cortes de energía terminen con su producción. La Unión Industrial Argentina, equivalente a la CEOE, anticipa pérdidas este año, sólo para el sector, de más de 3.000 millones de euros

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TEXTO CARMEN DE CARLOS CORRESPONSAL

BUENOS AIRES. Obreros y empresarios argentinos, por vez primera en décadas, afrontan de la mano la crisis energética del país. Hasta hace poco se miraban como adversarios, pero la desgracia compartida les ha unido sin darse cuenta. Los cortes intermitentes de gas están perjudicando a unos y a otros. La producción en las fábricas está en riesgo. Algunas se han visto obligadas a reducir y en algunos casos hasta a paralizar su actividad.

La reacción en muchas de las provincias afectadas ha sido la misma: apostados en las llaves de paso, grupos de trabajadores se turnan para impedir unos cortes que ya han comenzado a echar por tierra productos y puestos de trabajo. Así lo hicieron en la mayor expendedora de cítricos de Argentina, en Citrivisul. Enclavada en la provincia de Tucumán, al noroeste del país, un grupo de obreros permaneció catorce días de guardia flanqueando la entrada a cualquier intruso con intenciones aviesas. Su esfuerzo, respaldado por los patronos, fue un parche circunstancial.

A pesar de su tenaz resistencia, un juez ordenó que se dispersara a los «rebeldes» y se procediera a la interrupción del suministro.

Casos como el de Citrivisul son cada vez más frecuentes en Argentina. En la patagónica Trelew (provincia de Chubut), los empleados de empresas textiles se mantienen firmes en su posición sin que hasta la fecha la justicia les haya obligado a abandonar su puesto de guardianes de la llave del gas.

Sólo allí, el futuro de más de mil familias está en duda. De todas formas,los más afortunados hasta el momento han sido los obreros de La Plata, la capital de Argentina. Los trabajadores de Mafis, otra empresa de tejidos, se organizaron en patrullas y acordonaron los puntos donde se podía cortar el suministro. La protesta fue tan eficaz que, finalmente, la compañía desistió.

Si bien estas situaciones se dan en industrias que tienen contratos especiales, en los que se contempla la posibilidad de interrupciones en época de crisis, medidas de este tipo entorpecen el crecimiento de un país que continúa en suspensión de pagos con los acreedores privados.

Según la UIA, equivalente a la CEOE en España, el desabastecimiento de gas se traducirá este año, únicamente en el sector industrial, en pérdidas de más de 3.000 millones de euros.

En Córdoba, junto con Buenos Aires y Santa Fe, la provincia más importante de Argentina, los datos de la Cámara de Comercio provincial aseguran que están en peligro unos 70.000 puestos de trabajo. En este mismo lugar, la fábrica militar de pólvora y explosivos ha tenido que suspender su producción por falta de gas. Consecuencia inmediata, 70 empleados están en la calle. Para Mendoza (oeste de Argentina) la situación es aún peor. La fábrica de conservas La Colina se quedó, de la noche a la mañana, sin los 15.000 metros cúbicos que le permiten mantener la actividad habitual. En su lugar comenzó a recibir 1.000 metros cúbicos. Imposible mantener la actividad, perdió los contratos para exportar peras y tomates a Inglaterra.

En Argentina, el gas produce el 50% de la energía. Los cortes de mayo triplican a los del mes anterior, cuando las restricciones alcanzaban 4 millones de metros cúbicos diarios mientras que hoy ascienden a 20 millones.

En este contexto, las culpas se las reparten entre unos y otros. El Gobierno apunta a las empresas privatizadas, a las que acusa de no invertir lo suficiente y éstas aducen que sus tarifas están congeladas en pesos devaluados desde hace más de dos años. Para el presidente, Néstor Kirchner, la prioridad son los hogares, aunque ha pedido a las empresas distribuidoras que tengan en cuenta aquellas fábricas donde la interrupción del proceso puede dar al traste con la producción.

Impensable este escenario antes de la caída de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001, la totalidad de las entidades industriales de Tucumán anticiparon en 2003 el escenario actual y advirtieron de los riesgos ante la imprevisión. Dos semanas atrás su grito desgarrador quedó publicado en la prensa donde solicitaron «la urgente intervención» del Gobierno para encontrar soluciones que hoy no llegan.