Cooperativas de vivienda, el «negocio perfecto» que se esfumó con la crisis
Muchas obras se han quedado estancadas por falta de presupuesto - EFE

Cooperativas de vivienda, el «negocio perfecto» que se esfumó con la crisis

La falta de crédito y las estafas han mermado el sueño dorado de tener una vivienda a precio de coste

MADRID Actualizado:

Fueron la alternativa idónea al incremento en el precio de la vivienda y, aún hoy, cuando los pisos han comenzado el tímido descenso que se prevé sea todavía bastante acusado, las cooperativas de vivienda podrían seguir perfilándose como una opción suculenta a la hora de adquirir una casa a precio de coste. Podrían, si el sector logra recuperarse del mazazo de una crisis que lo ha dejado más que tocado a pesar de la caída de precios del suelo. Fue en su día el «boom» inmobiliario el culpable principal de la merma de un negocio como el cooperativismo, que vio de repente frenado su progreso debido al aumento desorbitado del coste de los terrenos y a las hipotecas fáciles y cómodas que permitían comprar sin problemas viviendas ya construidas.

De manera simple, las cooperativas de vivienda no son más que empresas formadas por personas que quieren construir su propia vivienda, eliminando intermediarios para reducir costes y en las que son los mismos propietarios los que controlan el proceso de construcción, contratando para ello a un gestor que les ayude en la tarea. Aparentemente, y según la definición, un negocio rentable y perfecto, que parecía remontar cuando la burbuja inmobiliaria acabó por estallar y el precio del suelo volvió a desinflarse, pero que sigue estancado debido a la dificultad para conseguir créditos.

El presidente de la Confederación de Cooperativas de Viviendas (Concovi), Alfonso Vázquez Fraile, considera que es la falta de financiación el gran escollo que ha estancado al sector. «Estamos a la espera de medidas por parte del Gobierno para facilitar el acceso al crédito. Tenemos demanda de vivienda y permisos de edificación, pero muchos no se atreven a comenzar hasta no tener los créditos asegurados...no podemos comprar terrenos, ni siquiera con el suelo más barato que nunca».

Excesiva desconfianza

Es, para el presidente de la Asociación de Expertos Inmobiliarios, Óscar Martínez Solozábal, esta falta de crédito el principal causante de la herida abierta en el sector, pues «el dinero es muy difícil de conseguir y hay trabas constantes, a pesar de que el precio del suelo siga cayendo». Pero Solazábal apunta, además, al exceso de casos fraudulentos como otro de los factores que han hecho daño al cooperativismo. «Una cooperativa sí es un negocio perfecto cuando se gestiona bien, algo de lo que hoy se duda debido a las estafas. Ha habido muchas cooperativas ocultas, intrusas, promotoras que se han metido en este negocio y han terminado quebrando y estafando».

«Ha habido mucho aficionado que ha estafado, dañando nuestra imagen»

Ambos expertos coinciden en que las malas prácticas han ahondado, más si era posible, en la brecha de una alternativa ya perjudicada por la falta de liquidez. Compradores que en otro tiempo hubieran encontrado en la cooperativa la solución idónea al precio abusivo de la vivienda, se inclinan hoy por la compra de pisos ya construidos y sin riesgos para el bolsillo aunque tengan que pagar mucho más por sus casas. Vázquez Fraile acusa de esta mala imagen a « promotores inmobiliarios que han escogido las cooperativas o comunidades de vecinos para promover viviendas y no lo han hecho bien, han generado incertidumbre y han tenido numerosos fallos. Ha habido muchísimo aficionado que ha desprestigiado a un sector que no lo merece, porque es seguro y rentable».

El problema de la cantidad inicial

A la hora de poner en marcha una cooperativa es condición obligada que los socios aporten una cantidad de dinero inicial para iniciar el proyecto, algo que parece complicado, bien porque los ahorros se han terminado esfumando, bien porque acceder al crédito bancario ya no es el sencillo trámite que fue hace tiempo. «Un socio cooperativista tiene que adelantar, como mínimo, un 20% del importe de las obras de su vivienda, incluso un 30%», explica Vázquez Fraile. La cifra, sin embargo, puede ir en aumento si en el proceso de construcción van entrando nuevos intermediarios que sumen costes al presupuesto inicial. Es un problema para el que el presidente de Concovi guarda esperanzas: «Estamos en conversaciones con el ministerio de Fomento para recuperar nuestra actividad y que la aportación inicial nunca supere el 30%».

«Somos los grandes sacrificados de la burbuja inmobiliaria»

Para Vázquez Fraile, las cooperativas son «las grandes sacrificadas por la burbuja inmobiliaria». Óscar Martínez, sin embargo, cree los tiempos del «boom» fueron mejores que los que el negocio vive ahora: «En esa etapa se vendió mucho más porque, aunque el suelo era caro, los bancos financiaban el 100%. Además, el margen de beneficio era mayor, ya que los pisos se encarecían mientras que las viviendas de cooperativa seguían a precio de coste».

Todos estos factores han contaminado esa primera concepción de cooperativismo, para muchos utópica, en la que un grupo de propietarios se unía para construir viviendas. «Eso es justo lo que debería ser, personas que controlan absolutamente todo, como si compraras un terreno para hacerte una casa. No debería haber fraude, malas gestiones ni costes añadidos, y mucha gente lo ha conseguido».

«Estafados y desmoralizados»

La otra cara de la moneda la componen los afectados que un día confiaron sus ahorros a una gestora que terminó por estafarles. Ángel Alberto Montero es el presidente de la Asociación de Cooperativistas Afectados del Sureste de Madrid. Apostaron por cuatro desarrollos urbanísticos que nunca llegaron a terminarse y que han llevado a la ruina a más de 15.000 familias, algunas de las cuales invirtieron su dinero en el primero de los proyectos, allá en 1997.

«Vivimos un calvario. Nos han dado explicaciones de todo tipo y siempre nos han mentido. Hay gente que ha llegado ha invertir hasta 90.000 euros, personas que ya rondan los cuarenta y soportan una justicia tremendamente lenta». Como él, otros muchos se fiaron a ciegas de una gestora que sacó a la venta la cooperativa, el modo inverso al que, en teoría, debería ser el habitual. «Siempre suele ser la gestora la que saca la cooperativa a la venta, si fuera al revés, el cooperativismo sería un sistema perfecto en el que la gente se juntaría, dialogaría con gestores decentes y llevaría a cabo el proyecto, pero eso no ocurre».

Ángel desembolsó siete millones de las antiguas pesetas y no se comprará una casa hasta que no recupere su dinero. «Nos han hecho un daño tremendo». Otros, no en vano, sí disfrutaron de esos años dorados de un cooperativismo más saneado, con facilidad para el crédito, lejos del intrusismo, y que permitió que la vivienda a precio de coste no quedara, en sus casos, en mera utopía.