China toma la senda del crecimiento sostenible SOS se hace fuerte en Italia para reconquistar el mercado estadounidense de aceite de oliva

Pablo L. Barbero Enviado especial a China Pablo L. Barbero
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Al igual que China va encaminada a convertirse en la nueva locomotora mundial, el gigante asiático representa el futuro de las empresas que se preocupan por mejorar la calidad del medio ambiente. El desafío es inmenso, ya que 20 de las 30 ciudades más contaminadas del mundo se encuentran en este país, según un informe del Banco Mundial de 2007, y su descomunal industria no se ha caracterizado precisamente por buscar la sostenibilidad medioambiental.

Uno de los principales problemas del país es la pobre calidad de sus aguas. La contaminación industrial, agrícola y doméstica ha dañado fuertemente sus recursos hídricos, y sólo un 70% de las aguas industriales son tratadas en la propia planta, lejos del 95% de los países desarrollados. Ante esta problemática, el gobierno ha decidido tomar cartas en el asunto y ha anunciado un plan de inversión de 35.000 millones de euros en aguas y residuos, a la vez que recurre a las competencias de sociedades extranjeras para que les ayuden con esta cuestión.

Suez Environnement, compañía francesa filial del gigante energético GDF-Suez, es consciente de que China representa el futuro de las políticas medioambientales, y por ello es una de las empresas que mejor posicionada está para quedarse con una buena porción del generoso pastel que se avecina. Jean Luis Chaussade, director ejecutivo de la compañía, cree que el cénit del crecimientos verde está aún por llegar: «Se tardó mucho tiempo en traer el medio ambiente a la agenda política de China, pero los tiempos han cambiado y la economía pos-crisis tendrá que estar basada en la sostenibilidad».

Y es que hasta hace muy poco nadie se había preocupado de limpiar las aguas industriales que se vierten a los ríos, del tratamiento de la basura o de potablizar el agua corriente. Ahora la demanda de instalaciones que mejoren la calidad medioambiental del país crece, y el gobierno ha anunciado una importante partida presupuestaria dirigida concretamente a resolver el problemas del acceso al agua potable de entre 60 y 80 millones de personas.

En el sector del agua, Suez Environnement abastece a casi 14 millones de habitantes en 17 municipios a lo largo y ancho del país asiático, y siempre a través de sus filiales constituidas con colectividades locales. En total, la compañía francesa ha tenido un volumen de negocio de 750 millones de euros en 2008, y parece no inmutarse con la crisis, ya que se han marcado como objetivo un crecimiento en torno al 10% en 2009 año, siempre y cuando el crecimiento de la economía china se sitúe en el esperado ratio del 8 o 10%.

Eje prioritario

Hoy en día la prevención y el control de la contaminación de origen industrial constituyen un eje prioritario de la política medioambiental china, y las iniciativas empiezan a notarse.

Suez Environnement tiene una planta en el SCIP (Shanghai Chemical Industry Park), uno de los mayores parques industriales de Asia , en la que se dedica a depurar el agua de plantas de empresas químicas de primer orden, como Bayer o Basf. El agua desechada por éstas es altamente contaminante, y a menudo su color y olor dan muestra de su toxicidad. La labor de Suez no es otra que obtener a partir de estos líquidos un producto depurado e inocuo, cuyo impacto en el mar y a un kilómetro de la costa, donde es vertido, sea mínimo. En el SCIP cuentan también con el mayor incinerador de residuos peligrosos de China.

La ciudad de Chongqing tampoco se resiste a la colonización francesa de las aguas. Con una población estimada de 32 millones de personas, la ciudad más grande de la China occidental es un foco industrial de primer orden, lo que le acarrea unos graves problemas de polución aérea y en el agua. En este lugar Suez Environnement cuenta con una planta de tratamiento de aguas que abarca una área de 100 kilómetros cuadrados y trata 300.000 metros cúbicos de agua diarios, y otra de potabilización que presta servicio a tres millones de habitantes.

El objetivo que se marca la firma francesa para 2009 en China es el de continuar con la dinámica de lograr uno o dos contratos anuales y con una media de inversión de 25 millones de euros por año. Mientras, esperan el gran impacto del plan de estímulo chino, que no llegará hasta 2010.

Para el Grupo SOS, el camino más corto para llegar a EEUU pasa por Italia. Tras un año de bruscos cambios que han desestabilizado por completo el segundo grupo de alimentación más grande de España, ahora sus directivos han decidido sentar la cabeza y dar muestras de visión de negocio a largo plazo mediante la inversión en marcas italianas de aceite de oliva. El objetivo no es otro que reconquistar el mercado estadounidense, donde fue líder con la marca Bertolli.

La situación del grupo SOS ha cambiado radicalmente en los últimos meses. Desde su holgada primera posición en los mercados de arroz y aceite de oliva, se decidió paliar su alto endeudamiento mediante algunas ventas, como la de la marca de galletas Cuétara. Eran tiempos dorados, en los que su valor en bolsa llegó a los 12 euros por acción. Se las prometían muy felices hasta que en abril se detectó que Jesús y Jaime Salazar, ex presidente y consejero delegado respectivamente, habían desviado 240 millones de euros. SOS presentó una querella contra ambos por apropiación indebida ante la Audiencia Nacional, y desde entonces el grupo intenta encontrar una vía de negocio que les haga salir del atolladero. El mercado del aceite de oliva parece a día de hoy su apuesta más firme.

Cambio de dirección

La destitución de los Salazar fue fulminante, y a partir de entonces el grupo se halla sumergido en un oscuro panorama de deudas, batallas internas y denuncias entrecruzadas. Tras el vendaval, el grupo ha apostado todo por las marcas italianas con el fin de reconquistar EE.UU. Y es que el negocio italiano les reporta buenos resultados, y su alta rentabilidad no se pone en duda. Tres marcas son los principales activos de SOS en Italia: Sasso, Carapelli y Bertolli, agrupadas en la compañía Carapelli Firenze. La compañía italiana propiedad de SOS es la decimoquinta empresa alimentaria italiana por facturación, pero la primera en rentabilidad.

La cifra de negocio de la filial italiana aporta casi 800 millones a las cuentas del grupo, lo que representa el 27% del negocio total de la compañía. Así, Italia se consolida como la segunda región en importancia después de España, que cuenta con el 29%, y por delante del negocio norteamericano, que ostenta el 24%. Dentro del mercado italiano, las marcas propiedad de SOS cuentan con una cuota del 21,3%, distinguiéndose como líder.

SOS ya tuvo una importante presencia en el mercado nortemamericano a través de su marca Bertolli, que llegó a acaparar el 30% del mercado. Ahora todos el trabajo va dirigido a recuperar el terreno perdido, y para ello van a tener que hacer un fuerte esfuerzo en publicidad e imagen de un producto, el aceite, abanderado de la dieta mediterránea y paradigma de la alimentación más saludable.

Pese a ser el mayor productor mundial, España no pinta mucho en el mercado internacional de aceite de oliva. Lo que triunfa es el producto de etiqueta italiana, aunque casi nadie sabe que el aceite que sale de las factorías de Carapelli Firenze en este país es una mezcla de jugos de oliva procentes de Grecia, España, Italia y Túnez.

Los esfuerzos por retomar la senda del éxito continúan en el grupo SOS, pero todavía van a tener que roer algún que otro hueso. Se contemplan desinversiones -está en venta la marca de salsas Louit- y se ha paralizado la salida a bolsa de su filial italiana. Al respecto, Maccari afirmó que «no es el momento desde el punto de vista de la crisis» y aseguró que «el grupo tiene ahora que revisar los planes estratégicos adoptados por los anteriores gestores».

Además, aún deben renegociar la deuda de 1.000 millones que contrajo tras la adquisición de Bertolli. Aunque los activos de SOS en Italia son muy potentes, el camino hacia América no va a ser precisamente una balsa de aceite.