Imagen de archivo de un contenedor de mercancías chino camino de Europa
Imagen de archivo de un contenedor de mercancías chino camino de Europa - ABC

China toma posiciones en el sureste europeo

Bruselas mira con recelo las inversiones de Pekín en la zona, con el tren de alta velocidad entre Budapest y Atenas como emblema

BerlínActualizado:

Este mes entraron en vigor los multimillonarios aranceles de EE.UU. a China, lo que ha reactivado la presencia comercial de Pekín en Europa del Este. Un desembarco que tiene un gran protagonista: el tren de alta velocidad entre Budapest y Atenas que pasará por Skopie y Belgrado. Para muchos, la cumbre 16+1 en Sofía a principios de mes entre China y los países del Este no hace más que profundizar en el aislamiento de una Europa occidental sin su aliado atlántico, en conflicto con Putin, con incertidumbre hacia la Europa del Este -populismo, antiliberalismo, euroescepticismo y xenofobia-, el Brexit y ahora esto: la política de inversiones del gigante asiático.

«Nadie sacará provecho de una guerra comercial», comentó el primer ministro chino, Li Keqiang, tras reunirse en Sofía con su homólogo búlgaro, Boiko Borisov, insistiendo en que este tipo de conflicto «obstaculiza» el comercio mundial: «Nunca hubiese iniciado una guerra comercial con nadie» porque «no es una solución razonable», dijo en alusión a la escalada de aranceles entre Washington y Pekín. Keqiang aseguró que China defenderá los intereses legales de las compañías presentes en el país, sin importar su origen, y garantizará un constante y estable crecimiento. Sin embargo, el contexto ha cambiado desde la última reunión de este grupo de países, a finales de 2017.

Con la guerra comercial con EE.UU. como telón de fondo, Pekín profundiza los lazos comerciales y la cooperación económica con esta extensa región en una nueva etapa de despliegue de infraestructuras que provoca recelos en Bruselas, ya que muchos ven al gigante asiático como un competidor de la UE. Pekín sabe que Bruselas no siempre ve con buenos ojos su voluntad de reforzar su presencia económica en este espacio que va desde los países Bálticos hasta la antigua Yugoslavia, pasando por el grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) y otros países balcánicos como Albania, Bulgaria y Rumanía. Por lo anterior, el primer ministro chino mantuvo un perfil más bien bajo en la cumbre y calmó los ánimos del lado occidental.

Anunció un crédito de casi 3.000 millones para planes en Europa Central y Oriental

«Algunos podrán decir que la cooperación 16+1 puede dividir a Europa, pero eso no es cierto. La cooperación 16+1 no es de ningún modo una plataforma geopolítica», indicó Keqiang, agregando que « China apoya la integración europea y la unidad de la UE (...), muy importante para la prosperidad global y la paz». Lo anterior, sin renunciar a sus ambiciones en el Este y Sur de Europa: Keqiang anunció una línea de crédito de casi 3.000 millones de euros para proyectos en los países de Europa Central y Oriental. En el paquete figuraban la construcción de autovías, puertos, parques industriales, centrales eléctricas, redes de fibra óptica y obras que se inscriben en el marco de la «nueva Ruta de la Seda», imaginada por Pekín para facilitar el transporte rápido de mercancías entre Europa y el Extremo Oriente.

En este sentido, el proyecto simbólicamente más potente es la construcción de una línea de tren de alta velocidad entre Atenas y Budapest, pasando por Skopie y Belgrado que abrirá un pasaje entre el mar Egeo y el corredor de Europa. En 2014, responsables serbios y chinos inauguraron un nuevo puente sobre el Danubio en Belgrado, el primer gran proyecto de infraestructuras de transporte realizado por China en Europa. Y es que de los Balcanes, Serbia es el socio favorito de Pekín: según Keqiang, la amistad tradicional entre China y Bulgaria es profunda. Las relaciones entre los dos países siempre han mantenido un desarrollo saludable y estable, por lo que es el lugar idóneo para los intereses comerciales de Pekín en «el actual contexto del surgimiento de las tendencias del proteccionismo, el unilateralismo y la antiglobalización», según el primer ministro chino.