Nacho Ibáñez Soria, uno de los autónomos entrevistados - abc

«En China la palabra crisis también significa oportunidad»

ABC ha entrevistado a cuatro autónomos, de distintas zonas del país, que nos han contado su experiencia profesional en estos tiempos tan precarios para la actividad económica

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Se tiene que visitar la oficina de la Agencia Tributaria o delegación correspondiente. Se coge número para la ventanilla de censos. Se adquiere el impreso 036/037, que costará 1,15, y se rellena especificando el tipo de profesión. Se entrega. Después se debe ir a la ventanilla pertinente para darse de alta en la seguridad social y listo. Uno ya es autónomo.

Las dificultades de financiación, la antipática burocracia, el exceso de responsabilidad, la incapacidad para desconectar o la escasa diferencia entre patrimonio empresarial y personal son algunos de los males que aquejan al amplio sector de trabajadores autónomos, que son multitud en nuestro país.

España se sitúa por encima de la media comunitaria en el número de trabajadores de esta naturaleza, que representan el 16,6% del total de la población ocupada. De hecho, uno de cada seis trabajadores es autónomo y de diciembre de 2011 a marzo de 2012 fue el segundo país europeo en el que más creció su número de autónomos. La crisis está detrás de este aumento.

ABC ha hablado con 4 autónomos, de distintas zonas del país, que nos han contado su experiencia profesional en estos tiempos tan precarios para la actividad económica.

Nacho Ibañez Soria

Nacho Ibañez Soria es un joven zaragozano con un currículum amplio y exitoso, de los que hacen honor a la pomposa expresión de la «generación más preparada de la historia» española. Cuando estaba en Rotterdam (Holanda), donde fue a estudiar un posgrado de International Business, inició su relación profesional con la electrónica y la iluminación —en una filial de la multinacional Phillips— y ahora dirige su propia empresa en ese área, Clover LED.

Tras varios años en el sector de la eficiencia energética, Nacho prefiere avanzar sobre seguro. Su estrategia: «Tener una estructura de costes lo más pequeña posible», lo que se llama estructura de costes variables. «Está absolutamente todo organizado para depender de la demanda», explica. Basado en unos costes fijos ínfimos, Nacho llega a afirmar: «Es imposible que vaya mal». De hecho, el ingeniero ve la crisis de una manera diferente, optimista: «En China la palabra crisis significa oportunidad». Esa doble acepción ( que no es tal) supone que muchas de las empresas competidoras están desapareciendo, aunque también haya que «trabajar el doble para cobrar la mitad».

Nacho ganó el premio Aster en 2011, que reconoce la actividad de emprendedora en Aragón, y asegura que hay una carencia de ideas innovadoras: «Es muy fácil montar una empresa con un millón de euros». Sin embargo, el autónomo maño no es ajeno a los problemas que mortifican al gremio: «Es complicarse la vida, al fin y al cabo. Mi idea de futuro no es ser empresario toda la vida».

Mario López González

Mario López González inició su andadura como autónomo en el año 2005, como agente comercial en el sector textil. Este gallego de Lalín (Pontevedra) representa a varios fabricantes en la venta directa a las tiendas, a otros autónomos también.

Desde hace un par de años —sobre todo— la crisis ha agudizado la caída de las ventas, pero además un nuevo elemento se instaló en el sector complicándole un poco más la situación: la competencia del producto asiático. «No podemos competir por precios. Y aunque la calidad sea mejor, se mira cada vez menos», relata.

¿Y qué hacer para sobrevivir? «Hay que aumentar la cartera de clientes», explica. Si el mismo cliente te compra menos, tienes que compensar aumentando su número, incluso se contrata con alguna casa más. «Hay que ampliar la red de productos y buscar clientes nuevos», asevera. Esto le ha llevado a visitar muchas más ferias que antaño, en la época de bonanza donde su cartera de clientes le era suficiente.

Respecto al tema del precio, Mario no tiene la sartén por el mango, pero sabe que los fabricantes «no pueden ajustar más sus precios». La opción de llevarse las fábricas al extranjero, la deslocalización, tampoco le parece la opción más acertada. «Es una guerra perdida, en mi opinión», describe, «ya hay grandes cadenas y superficies que lo hacen y no se puede competir».

Eduado M.

Eduardo M. es un mallorquín de 24 años que decidió montar su propia escuela de tenis en mayo de 2011: MS Tenis. «Yo me tiro a la piscina y no sé si hay agua o no. Por suerte había agua», bromea el joven licenciado en educación física.

Los comienzos fueron duros y los siguientes también. «Los precios de mi escuela son muy ajustados, casi de pública», explica el joven. Su táctica consiste en sobrevivir y asentarse, en primer lugar. Sirva de ejemplo las diez horas diarias de lunes a viernes, más sábados por la mañana, que Eduardo dedica desde que comenzó su aventura. Nunca ha alcanzado a cobrar mil euros.

«Hay algunos retrasos en los pagos, pero pocos», relata Eduardo respecto a los efectos de la crisis. Lo que más le desgasta son algunos aspectos de la legislación, como que le obliguen a contratar para su campus de tenis (el veraniego) a directores de tiempo libre, aunque no sepan mantener un peloteo de 3 golpes.

Y una sentencia reconocible: «Yo prefiero ser 100% asalariado, vives mucho más tranquilo».

Raúl Dávila

El madrileño Raúl Dávila fue autónomo sólo un año, en el 2008, coincidente con el inicio del ocaso. «Hacerme autónomo fue una decisión espontánea», matiza. Raúl era un asalariado que veía que era bueno en lo que se dedicaba, el sector de la construcción (concretamente hidráulica, fontanería y calefacción), y que podría ganar más dinero trabajando para él mismo. «Si se me da bien y me gusta, porque no íbamos a intentarlo», justifica, «había unas expectativas buenísimas».

Cuando comenzó los precios eran altos, a la vera del «boom» de la vivienda, pero se produjo una espiral de descensos en los honorarios —cuando explotó la burbuja inmobiliaria—, como consecuencia de la gente que sobraba en el negocio. «Siempre va a haber alguien que lo haga y el empresario va a lo que menos cuesta», describe. Hasta que que la situación alcanzó este punto: «Por mil euros no me rompo la espalda, por mil euros me voy a trabajar a una empresa más tranquilamente, con una seguridad social y un paro». Y así fue.

Haciendo balance, Raúl califica de «muy acertada» su decisión. Después de darse de baja, trabajó como asalariado, estudió un grado de climatización, enlazó «contratos de mierda» y amplió su campo laboral al mantenimiento, «algo que no ha bajado todavía».

Ahora mismo, está a cargo del mantenimiento de un edificio en Colón.