Imagen de la sede de Codorniu - EFE

Cataluña pierde la propiedad de sus cavas más emblemáticos

Codorníu firma un acuerdo para pasar a manos de un fondo inversor extranjero

BarcelonaActualizado:

El cava, cada vez menos arraigado a Cataluña. Si hace tres meses Freixenet cerró un acuerdo con el grupo alemán Henkell para hacerse con el control de la compañía, ahora es Codorníu, el otro gigante del sector en España -y el grupo familiar más antiguo del país-, el que, tras meses intentándolo evitar, hará un cambio de rumbo y pasará a estar controlado por un inversor extranjero, en este caso The Carlyle Group.

Tras meses de exploración de la operación, el fondo norteamericano ha acordado un compromiso de exclusividad para comprar la mayoría accionarial de la firma. Aún por concretarse, Carlyle adquiriría entre el 55 y el 60% del capital total -que se estima en torno a los 390 millones de euros, deuda incluida-, en una operación que se cerrará a finales de año tras la «due diligence» pertinente.

Codorníu, fundada en 1555 y que trasladó su sede a La Rioja a raíz del conflicto político catalán por el 1-O, estaba controlada por la familia Raventós, que había intentado de todas las maneras evitar la compraventa del grupo inversor tras sus ofertas. La de esta semana, de hecho, fue el tercer intento presentado al consejo de administración en dos meses, según recuerdan fuentes de la compañía a ABC.

En todo este tiempo, la rama de la familia Raventós menos dispuesta a vender, entre quienes estaba la presidenta Mar Raventós, estuvo buscando, sin éxito, un socio que facilitara la salida de los accionistas descontentos con la compañía y conseguir así una inyección de capital. Pero anteayer a última hora cedieron ante la oferta.

Internacionalización

Tras hacerse público el principio de acuerdo, Codorníu reiteró ayer en un comunicado conjunto con Carlyle que, analizadas varias opciones, «hemos llegado a un buen consenso con mucho potencial y larga perspectiva de liderazgo». Mar Raventós destacó que «este acuerdo permitirá impulsar la internacionalización, además de consolidar y dar continuidad a la estrategia del grupo centrado en la construcción de marcas de valor y prestigio».

En la misma línea, Alex Wagensberg, «managing director» de Carlyle, defendió el «gran potencial para liderar el mercado mundial de vinos y cavas» de Codorníu. En este marco, el fondo espera «dar un impulso a la compañía a través del crecimiento internacional, tanto orgánico, como a través de nuevas adquisiciones». Entre sus planes estaría situar a las cavas como pilar de un grupo de vinos y espumosos a nivel europeo.

El mercado internacional, es de hecho, el camino a seguir por el sector, que ha visto como en los últimos años sus ventas nacionales se tambaleaban, tanto por la bajada por el conflicto político catalán y un posible boicot como por el aumento de las alternativas dentro del país. Para Codorníu, la mitad de su facturación ya procede de las ventas en el extranjero.

Una trayectoria similar ha seguido Freixenet, gran competidor y vecino en Sant Sadurní d’Anoia de Codorníu, que en marzo consiguió el acuerdo con Henkell para hacerse con el control del 50,75% del capital por unos 220 millones de euros. Las familias hasta entonces propietarias -los Ferrer, los Bonet y los Hevia- acabaron cediendo, tras dos años de negociaciones. El grupo también espera una subida de ventas a nivel internacional con este cambio de mandos.