Brexit sin acuerdo

Todo apunta a que la situación de impás en la política británica se va a resolver con unas nuevas elecciones en clave plebiscitarias

JOSÉ RAMÓN ITURRIAGA
MadridActualizado:

Un Brexit sin acuerdo se ha convertido en la opción por exclusión. Todo apunta en la misma dirección. Las declaraciones de unos y de otros parece que son irreconciliables. Johnson por un lado, Alemania por el otro.

Sin embargo, son muchas las razones por las que tiene pinta de que el primer ministro británico mantiene este discurso por motivos exclusivamente electorales. Todo apunta a que la situación de impás en la política británica se va a resolver con unas nuevas elecciones en clave plebiscitarias.

Y la razón por la que el argumento actual del gobierno británico es puramente electoralista -hay que terminar con el Brexit ya, con independencia de las consecuencias- son precisamente sus consecuencias.

Pero esas consecuencias de una salida sin acuerdo son fatales, sobre todo para el Reino Unido. Las económicas están fuera de toda duda, aunque resulta difícil hacer un número fino. La pérdida de relevancia de la City como centro financiero mundial y el impacto en la industria automovilística y agrícola son evidentes. A lo anterior habría que sumar la pérdida de seguridad jurídica y de confianza que una decisión de este cariz entraña, que son difícilmente cuantificables. Por otra parte, supondría abrir la caja de Pandora en lo que se refiere a la Unión. Escoceses y norirlandeses probablemente se replantearían su pertenencia tras una salida sin acuerdo.

Además, dar un portazo en la cara de tu principal socio comercial no parece lo más inteligente, cuando más pronto que tarde vas a tenerte que volver a sentar a negociar. Y la alternativa que presenta Trump en términos comerciales no parece, por así decirlo, muy fiable. Todo lo anterior, por supuesto, lo sabe Boris Johnson quien, hasta hace poco, insistía en que las posibilidades de salir de la UE sin acuerdo eran de una entre un millón. Volverá a la posición de partida una vez se aclare el tablero político británico.

La curva americana de tipos se ha invertido

En los últimos días el comportamiento de la curva de tipos de interés americana ha dado mucho que hablar. Ha salido de las páginas de economía y se ha colado en los temas de conversación veraniegos, arañando algo de protagonismo a otros temas más pueriles. «La curva americana se ha invertido. No hay duda de que viene una gorda». Es lo que se escucha en cuanto te despistas un minuto. Y más allá de que la música de fondo, o el trajinar de los camareros, no son el marco más adecuado para dar una explicación, uno trata de aplicarse aunque eso suponga ver pasar las raciones de chopitos sin tocarlas.

El hecho de que los tipos de interés a corto plazo -a uno o dos años- estén por encima de los de largo plazo, ha sido tradicionalmente señal de alarma económica, cuando la curva de tipos descontaba que los bancos centrales iban a subir los tipos de interés ante el repunte de la inflación, sin importarles las consecuencias que sus acciones pudieran tener en la economía. Esta ha sido la forma tradicional en la que las curvas han anticipado una recesión.

A bote pronto, eso no parece hoy ser el caso actual. No tiene pinta que los bancos centrales vayan a subir tipos, sino todo lo contrario. Otra posible explicación sería que el mercado esté adelantando que las actuaciones de los bancos centrales no van a ser efectivas y que la economía se vaya ir más o menos a pique pero, sobre todo, que la inflación no levante cabeza. Esta explicación puede tener más sentido.

Pero, si bien es verdad que la curva de tipos de interés esencialmente refleja la sabiduría de millones de inversores -desde el inversor particular que compra letras del tesoro, a los grandes fondos de inversión o soberanos, pasando por las compañías de seguros o Wall Street-, es la primera vez en la historia en la que los bancos centrales han tenido un papel tan activo en el mercado con los programas de compra de deuda. Eso es lo verdaderamente nuevo con respecto a las comparaciones históricas y lo que puede estar detrás de la pérdida de capacidad predictiva de los tipos de interés.

La extrapolación que se está haciendo, por la que la debilidad del sector manufacturero se va a trasladar a los servicios y al consumo, es del todo falaz en tanto que es coyuntural y no estructural.

La economía mundial se ha desacelerado algo y la guerra comercial llevada al extremo podría ser un riesgo enorme, pero no hay señales de desaceleración por ningún otra parte. Y en este momento es en el que traen la cuenta que, por supuesto, se reparte por barba sin que mi elocuencia haya tenido mayor resultado.

JOSÉ RAMÓN ITURRIAGAJOSÉ RAMÓN ITURRIAGA