Los bancos centrales de varios países emergentes dominan las operaciones de compra de oro
Los bancos centrales de varios países emergentes dominan las operaciones de compra de oro - REUTERS

Los bancos centrales resucitan la fiebre del oro y disparan su precio

El metal, que se ha revalorizado un 25% desde octubre, vuelve a ejercer como refugio por la tensión entre China y EE.UU. y los tipos negativos

Corresponsal en Berlín - MadridActualizado:

Corría el año 2007, las hipotecas «subprime» estaban a punto de desatar la mayor crisis financiera de los últimos años y el entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes, justificaba tajante la venta de más del 32% de las reservas de oro de España: « Ya no es una inversión rentable». Años después, con la crisis financiera dando jaque a la estabilidad del euro, el metal se convirtió en refugio de los inversores, bancos centrales incluidos, duplicando rápidamente su valor. Algo similar está ocurriendo ahora, aunque no de manera tan extrema. En esta ocasión, los tipos de interés negativos y el recrudecimiento de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos se han unido al renovado interés de los entidades y explican que el precio del oro se haya revalorizado en torno al 25% desde octubre.

Y es que 2019 está marcando un hito en la compra de oro por parte de los bancos centrales. Solo en los primeros seis meses, las instituciones estatales compraron 374 toneladas, lo que supone un aumento del 57% en comparación con el mismo período del año pasado. Es el mayor incremento desde que el dato se registra, según el Bundesbank alemán, que el año pasado, después de repatriar las reservas de oro que protegía en EE.UU. y en Francia desde la II Guerra Mundial, expuso parte de su tesoro al público.

Se calcula que en total acumula unas 3.000 toneladas, cifra que deja pequeña la reserva de los hogares alemanes. Según una encuesta realizada por el Centro de Investigación sobre Servicios Financieros Steinbeis a petición del Reisebank, los ciudadanos acumulan en este país alrededor de 8.918 toneladas de oro en casa, 246 toneladas más que en 2016. El sondeo, realizado con una muestra de 2.000 ciudadanos, estima que, de esa cantidad, 4.928 toneladas forman lingotes y monedas, mientras que el resto compone piezas de joyería. Pero los compradores más activos actualmente en el mercado son los bancos públicos.

«Ya el año pasado, se observó un fuerte impulso de compra. Los bancos centrales cubrieron el oro en 2018 como no lo habían hecho en 50 años», dice un informe del World Gold Council, que considera este dato como una clara señal de que el pensamiento de los banqueros centrales sobre los metales preciosos ha cambiado. Y esta política de acaparamiento, naturalmente, repercute en el precio. El oro en euros ha subido un 19% desde principios de año, más del doble que el índice bursátil alemán Dax y en su nivel más alto desde 2013.

«No es nada difícil de explicar», señala Steve País, Gerente de Cartera de Franklin Equity Group, «estamos en un contexto de tasas de interés negativas, además de las guerras comerciales y de divisas». «El oro ha recuperado una importancia estratégica y es muy rentable por el aumento de demanda, que puede apreciarse disparada en Reino Unido, donde se ha convertido ya en la moneda de crisis del Brexit», dice por su parte Ross Norman, director de Sharps Pixley, miembro de Degussa.

La falta de opciones para invertir es otra de las grandes causas que explican el aumento de valor del metal. «El entorno de reducidos tipos de interés ha llevado a más de 15 billones de dólares de deuda a cotizar ya con una rentabilidad negativa. Los datos cada vez más preocupantes procedentes de la inversión y el sector manufacturero han llevado a los bancos centrales a cambiar el tono de sus mensajes hacia uno más acomodaticio, y esto ha dejado a los tipos en mínimos. Una parte de los inversores han ido desplazando parte de sus carteras a este activo», explican los analistas de Afi en un informe. Además, si hasta ahora los bancos centrales europeos se ponían de acuerdo para coordinar sus ventas de oro, grandes operaciones en las que se fueron desprendiendo de gran parte de sus reservas, este verano han decidido no renovar el acuerdo suscrito en 1999 y que expira el próximo 26 de septiembre, por lo que cada una de las entidades adoptará una política propia.

El citado acuerdo fue suscrito hace 20 años y renovado en 2004, 2009 y 2014, por el BCE, el Banco Nacional de Bélgica, el Bundesbank, el Banco de España y los bancos centrales nacionales de Estonia, Irlanda, Grecia, Francia, Chipre, Letonia, Lituania, Italia, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Austria, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia, Suecia y Suiza. Ahora, sin embargo, sus responsables «ya no ven la necesidad para un acuerdo formal, ya que el mercado se ha desarrollado y ha madurado».

Según el director de inteligencia de mercados del Consejo Mundial del Oro, Alistair Hewitt, los bancos centrales de varios países emergentes como Rusia, China, Turquía y Kazajistán son los que dominan las operaciones de compra y los que más oro han adquirido en lo que llevamos de año. Ya en 2018 los bancos centrales compraron un total de 651,5 toneladas de oro, lo que supuso un incremento del 74% respecto a las adquisiciones del año anterior, y todo apunta a que en 2019 volverá a batirse ese récord. Estamos sin duda ante el mayor nivel de demanda desde que Nixon acabó con la convertibilidad del dólar estadounidense en oro, en 1971.

La debilidad del dólar está impulsando esta demanda, los bancos centrales tienen muchas reservas en dólares americanos y, si el billete verde se devalúa, sus activos también. De hecho, «con este incremento de la exposición en oro, los bancos centrales estarían intentando diversificar sus reservas, reduciendo en la medida de lo posible la dependencia del dólar», aseveran desde Afi.

Y es que la actual coyuntura internacional ha cambiado el paradigma en el que el dólar era el valor refugio por excelencia, al tiempo que la demanda de joyería en países árabes y asiáticos tiene como consecuencia que cualquier cantidad de oro en el mercado sea casi un valor líquido, como un cheque al portador.