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La banca española y portuguesa limitarán el impacto del fin de las compras del BCE por mayores ingresos

Los bancos españoles y portugueses, junto con Italia y Grecia, se clasifican como los países que más dependen de la financiación del BCE de toda la eurozona

MadridActualizado:

El impacto del fin de las operaciones de refinanciación a largo plazo (TLTRO) del Banco Central Europeo (BCE) sobre los márgenes de las entidades españolas y portuguesas será «limitado», ya que compensarán los mayores costes con un incremento de los ingresos por comisiones e intereses, según un informe elaborado por Moody's.

Los bancos 'ibéricos' se han beneficiado de forma «significativa» de la financiación «barata» de la autoridad monetaria presidida por Mario Draghi, que les ha permitido esquivar a los mercados mayoristas, donde se ofrecen peores condiciones, y 'aliviar' así la presión sobre sus ingresos netos por intereses, que continúan bajo tensión debido a los tipos de interés en mínimos y al crecimiento «moderado» del negocio.

No obstante, las entidades deberán comenzar a reemplazar las 'inyecciones' de fondos baratas con vencimientos en 2020 y 2021 por instrumentos de deuda más costosos que limitarán su capacidad de generación de ingresos, si bien la agencia estadounidense prevé que los bancos españoles y portugueses compensarán, al menos parcialmente, el mayor coste al mejorar otras fuentes de ingresos, como los ingresos por comisiones y los intereses derivados de sus negocios de seguros y gestión de activos.

A finales del pasado mes de junio, los ingresos por comisiones e intereses habían aumentado un 1% desde que comenzó el año (un aumento intertrimestral del 10%) para los bancos españoles y del 5% para los bancos portugueses. Moody's estima que los ingresos por comisiones e intereses de las entidades 'ibéricas' seguirán aumentando en 2019, respaldados por un crecimiento económico más lento pero positivo en ambos países.

Los bancos españoles y portugueses, junto con Italia y Grecia, se clasifican como los países que más dependen de la financiación del BCE de toda la eurozona, calculado como porcentaje de los activos globales. La calificadora de crédito apunta que esta dependencia se ha ido reduciendo desde junio y agosto de 2012, cuando alcanzó un nivel récord, coincidiendo con la crisis soberana. Desde 2014 se mantiene relativamente estable.