Daniele Nouy, presidenta del Consejo de Supervisión del mecanismo único de supervisión del BCE
Daniele Nouy, presidenta del Consejo de Supervisión del mecanismo único de supervisión del BCE - ABC

La banca, abocada a levantar más capital. ¡Pues como vengan curvas!

¿No habíamos quedado en que ya estaban hechas todas las provisiones habidas y por haber para salir del agujero de la crisis? El caso es que las nuevas normas de contabilidad financiera obligan

MadridActualizado:

Vuelta a empezar. La banca europea tendrá que provisionar más... y mejor. ¿Otra vez? Quizás en otros mercados europeos se podría entender, pero... ¿en España? ¿No habíamos quedado en que ya estaban hechas todas las provisiones habidas y por haber para salir del agujero de la crisis? El caso es que las nuevas normas de contabilidad financiera obligan. Las conocidas como NIIF 9 (o por sus siglas en inglés, IFRS 9). Y si bien en el caso español podríamos decir que debemos sentirnos orgullosos de cómo se ha provisionado en los últimos años –en más de un discurso el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha destacado que sólo entre 2008 y 2014, las entidades de nuestro país dotaron contra reservas y resultados más de 280.000 millones de euros–, el tener que seguir haciendo esfuerzos adicionales en tiempos en los que el negocio no da para muchas alegrías empieza a ser algo más que molesto. ¿Y contraproducente?

Si retrotraemos la vista advertimos de que la banca española tras haber aplicado una tras otra las peticiones regulatorias del supervisor europeo ha logrado ser más solvente. Bueno, más saneada fijo. Cubriendo con capital activos dañados y también, por si acaso, los susceptibles de estarlo. Algo que en algunos casos y ocasiones le ha penalizado. No en vano, como bien saben los expertos del sector, el tener que provisionar tan de seguido y tanto al final resta capital al mismo tiempo que baja la rentabilidad.

Todo depende del momento económico por el que se pase. Si la economía va mal, los activos en balance se deterioran, valen menos, se quedan a precios de mercado (esto es lo malo de la obligación de las dichosas normas de contabilidad internacional, todas las NIC), y hay que cubrirlo con más capital. Más dotaciones al fin y al cabo. Y en momentos de crisis, el esfuerzo, al final, es mayor. Y viceversa. Si es época de bonanza, se tiende a inflar los activos artificialmente y, por tanto, se necesita menos capital, se dispara la concesión de crédito y se crean las burbujas y sus consecuencias. Y de esto, ya saben, en España sabemos un rato.

Por ello, las entidades financieras españolas ya están otra vez ojo avizor. Preparando, de nuevo, las explicaciones, fundamentadas en números y sobre papel, para cuando lleguen los inspectores «de negro» de Bruselas. Al término del primer semestre habrá visita. Ya están en ello, interpretando la nueva norma para anticipar los impactos y sus repercusiones a efectos de capital regulatorio, cuya implementación, además, les presentará más retos operativos y organizativos y tener lista la nueva aplicación de la IFPR 9 nada más estrenar 2018. El examen del BCE se realizará a través del Mecanismo Único de Supervisión, que lidera Danièle Nouy. Un test que será el broche de oro a la presión regulatoria ejercida en los últimos años para que las entidades revelen el verdadero valor de los activos problemáticos. Primero, con los dos reales decretos de Guindos, en 2012; un año después, la normativa del Banco de España para acabar con las refinanciaciones de empresas zombie; y, en 2016, el cambio del Anejo IX de la Circular 4/2004, un paso intermedio hacia la nueva normativa internacional, la susodicha IFRS 9.

A sabiendas de la inmediatez de los plazos, las entidades deberán cuidarse de no defraudar el espíritu de una regulación que puede suponer incrementos medios en las provisiones del orden del 30%. En España, es de suponer que el esfuerzo no será tan elevado, dado el ajuste sin parangón realizado hasta ahora, pero lo cierto es que las grandes entidades del país consideran que la normativa todavía vigente refleja con mucho más realismo los avatares del mercado, en tanto que la futura circular supone una cura en salud que en España ya se ha venido efectuando en los últimos años. ¡Vamos que lo mismo aquí el remedio puede ser peor que la enfermedad!