Agotada la emisión de billetes de cero euros

La ciudad alemana de Kiel ha impreso 5.000 billetes autorizados por el BCE como souvenir, sin valor alguno pero al precio de 2,5 euros

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Nadie vende duros a cuatro pesetas, pero resulta que sí son muchos los dispuestos a comprar cero euros al precio de 2,50, prueba irrefutable de la buena salud de la moneda única y síntoma de que el euro tiene por delante mucha e imprevisible historia. Mario Draghi debe estar encantado, pero si la incertidumbre sobre la moneda europea ha descendido en las últimas 48 horas no ha sido gracias al presidente del BCE, sino al sector turístico de Kiel, ciudad portuaria del norte de Alemania en la que han sido puestos en circulación los primeros billetes de cero euros, agotados apenas abrió la ventanilla. Los primeros 5.000 ejemplares volaron y ya se trabaja a toda prisa en una segunda edición.

El billete de cero euros no posee ningún valor adquisitivo, pero es un billete legal y en curso gracias a la autorización expresa del BCE y a un proyecto de ley alemán que ha sido necesario para permitir su circulación. Se trata de un billete auténtico, impreso en papel moneda legal y de un tono violáceo. Cuenta con todos los elementos de seguridad, al igual que los que llevamos en la cartera: su sello holográfico, sus elementos en relieve, su hilo de seguridad y sus marcas de agua, para impedir su falsificación.

En un principio, la moneda está dirigida a servir como souvenir en la costa norte de Alemania, pensada para coleccionistas y turistas que visiten el estado de Schleswig-Holstein, pero el entusiasmo que ha desatado su aparición denota su potencial como símbolo de una comunidad dispuesta a celebrar su moneda pese a las dificultades que ha atravesado o, quizá, precisamente a causa de estas.

En una de sus caras aparece el diseño del buque alemán Gorch Fock II, localizado en Kiel, capital del estado, a orillas del mar Báltico y que está siendo restaurado en Bremenhaven. El Gorch Fock, un buque de la Escuela Marina de Alemania, ya tuvo el honor entre 1961 y 1990 de aparecer en los billetes de 10 marcos alemanes, lo que podría tener numerosas lecturas con retranca. Ahora, en el reverso del billete de cero euros, aparecen opuestos a él un conglomerado de reconocibles monumentos europeos más amontonados que en orden, con el Coliseo romano en primer plano, la Torre Eifel coronando el conjunto, y todos ellos flanqueados por la alemana Puerta de Brandemburgo y la española Sagrada Familia de Barcelona.

«Durante mucho tiempo fue considerado un mito el billete de cero euros. Por tanto, este raro ejemplar, realmente genuino, tiene una gran demanda entre los coleccionistas», explica el portal de turismo de Kiel, que lo ha puesto a la venta la semana pasada y que se ha visto desbordado por las peticiones. «¡No te compras nada y cuesta 2,50 euros!», ha exclamado el popular «Bild Zeitung» en su titular.

Como operación financiera, hay que reconocer que la emisión es un bombazo. No hay divisa que ofrezca un beneficio bruto de salida sobre la venta del producto del 250%, como es el caso. Visto el éxito, las impresoras de Kiel pueden llegar competir con las hiperactivas de Fráncfort, aunque por ahora el principal efecto se percibe en el intercambio de viñetas y bufonadas en las Bolsas europeas. «La introducción de moneda sin valor en el mercado es fundamental para la adquisición de productos que tampoco valen nada», circula una de las últimas.