La patronal bancaria ya ha alertado de los riesgos de una Cataluña independiente
La patronal bancaria ya ha alertado de los riesgos de una Cataluña independiente - efe
tribuna

Entidades financieras e independencia catalana

El economista Carmelo Tajadura advierte que una Cataluña independiente «se quedaría sin bancos autóctonos, tendría que enfrentarse a una corrida bancaria y crisis de liquidez y resultaría probable la quiebra de su sistema bancario»

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Los independentistas aspiran a que el Gobierno español se siente con ellos a partir del día 28 para negociar. Su escenario soñado es un acuerdo en virtud del cual haya una independencia pactada que les permita seguir en las instituciones internacionales. Aunque parezca mentira hay muchos catalanes que se creen que esto es posible. Sin embargo, resulta evidente que nunca un gobierno español puede colaborar en semejante delirio. Por tanto, les quedarían dos opciones: renunciar a la independencia, lo que sería claro si les faltan votos, o la declaración unilateral de independencia (dui). Si consiguen la mayoría, aunque sea ajustada y sumando a los anti-sistema, es relativamente probable que haya una dui. Ahora bien, que ello se convierta en algo más que meramente testimonial resulta bastante más difícil, porque no es previsible que ningún país serio del mundo reconozca una declaración ilegal como esa (y además con un porcentaje de voto que quizás ni siquiera sería mayoritario).

Pero, sólo para ver sus consecuencias teóricas, vamos a suponer que se forma un Gobierno catalán que hace efectiva esa independencia unilateral.

Algunos separatistas defienden la peregrina idea de que seguirían en la UE mientras no se les reconociera la independencia. Pero está claro que no se puede «soplar y sorber al mismo tiempo» y, si la independencia fuera efectiva, se habrían autoexcluido. Lo que nos importa aquí es que ello conlleva que Cataluña no estaría ya representada en el BCE. Podría seguir utilizando el euro, como por ejemplo Ecuador hace con el dólar, pero sin influencia ni respaldo. Y esto es especialmente importante, porque el BCE dejaría de tutelar y supervisar a los bancos catalanes. Se quedarían sin acceso a la liquidez y, desde luego, resultarían marginados en los mercados de capitales donde nadie les prestaría, al menos a coste no prohibitivo.

Lo que resulta especialmente grave para un espacio bancario como el catalán donde la brecha entre créditos y depósitos es la más fuerte de España (80.000 millones, mientras por ejemplo Madrid está en equilibrio). Pero los problemas no acaban ahí: si usted, amigo lector, fuera catalán y tuviera dinero ¿se quedaría impasible viendo el desastre económico inminente? Es evidente que, al menos una parte de la clientela, temería por el futuro del nuevo país y de sus ahorros, de manera que habría una corrida de depósitos hacia el resto de España o hacia el extranjero, de manera legal o ilegal. Además, la caída del PIB catalán maximizaría las tasas de mora bancarias. Y, para colmo, si un partido antisistema como CUP fuera el sostén del Gobierno, podría haber incluso propuestas de impago de créditos. Las consecuencias serían demoledoras para el negocio bancario. Cabe recordar que muchos bancos se fueron de Argentina en 2002.

Hay en Cataluña dos tipos de entidades bancarias: las que tienen la sede social en Cataluña -Caixabank, que es el banco líder, y Sabadell- y las que la tienen fuera de Cataluña. Entre las dos primeras tienen algo más del 50% de cuota de mercado en ese territorio. Entre las restantes, la más importante es el BBVA, que durante la crisis ha adquirido dos bancos que aglutinaban seis de las antiguas cajas, y es actualmente la segunda entidad por cuota de mercado en aquel territorio.

Las entidades no catalanas parten con una ventaja evidente: que seguirían pudiendo acceder al BCE. Aunque otra cosa es que quisieran «enterrarla» en un negocio con gravísimos problemas como los de esa región. En todo caso, parece claro que el primer movimiento lo protagonizarían las entidades catalanas, para poder seguir accediendo al BCE. Trasladarían su sede social al resto de España, donde tienen la mayor parte de su negocio (Caixa unas dos terceras partes y Sabadell aún más).

Hay un segundo problema que afectaría tanto a las entidades catalanas como al resto. La eventual quiebra del negocio en Cataluña contaminaría toda la entidad mientras esta fuera la misma entidad jurídica. Para prevenir este riesgo se impondría la filialización del negocio en Cataluña. Es decir, que todos los bancos deberían convertir en filial el negocio que se desarrolle en esa región. Así, su posible quiebra quedaría limitada al capital allí empleado, sin recurso al resto de la entidad. Seguro que los planes contingenciales de las entidades financieras están contemplando esta opción.

La conclusión es bastante triste. En el hipotético caso de que se fuera adelante con una independencia unilateral efectiva, Cataluña se quedaría sin bancos autóctonos, tendría que enfrentarse a una corrida bancaria y crisis de liquidez y resultaría probable la quiebra de su sistema bancario, de la que las entidades intentarían protegerse separando negocios. Un escenario absolutamente lamentable, ante el que lo mejor que cabe esperar es que no se produzca, si al final el seny impera más que la locura.